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Urbanismo Histórica “Quinta Heeren” clama por restauración. Sus vecinos, también.

La Quinta Requinta

6 imágenes disponibles FOTOS 

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Óscar Heeren Mazza, el señor robusto y de pie, flaqueado por José Pardo (extrema izquierda) y el presidente Manuel Pardo.

La relación entre CARETAS y la Quinta Heeren –la construcción de Barrios Altos de fines del siglo XIX que llegó a albergar al presidente Pardo y algunas embajadas– data de décadas. Cada reportaje publicado constataba el paso del tiempo y el deterioro, pero siempre había un margen para el optimismo, sentimiento azuzado por la presencia de intelectuales y artistas que alguna vez vivieron en el lugar, como el fotógrafo Carlos “Chino” Domínguez o el historiador Pablo Macera. Pero eso se acabó. Hoy la Quinta no da más y, curiosamente, cuando no hay ninguna personalidad que abogue por ella in situ, una solución parece concretarse a través de un convenio entre los dueños del inmueble (Inversiones Quinta Heeren) y el Ministerio de Vivienda, aunque éste no satisfaga a los vecinos.

Los inquilinos de toda la vida de la Quinta no piden imposibles, en ellos el sentimentalismo pesa aunque saben que, ante todo, sus casas (porque las sienten suyas) deben ser salvadas. Las 56 familias no desean mudarse por el programa Techo Propio sin haber sido consultados, a un terreno en Jr. Conchucos, frente a la Huerta Perdida y cerca del cementerio “El Ángel”, una zona donde el hampa pulula y sobre la cual se levantarían 48 viviendas de unos 50 metros cuadrados que los harían sentirse extranjeros en su propio barrio.

1937-quinta-7-c.jpg

Plano de la construcción y zona de reubicación (en círculo) solicitada por los vecinos.

El discípulo del pintor Víctor Humareda y habitante de la quinta, Jaime Pezúa, quien llegó a organizar exposiciones en la casa que perteneciera al presidente Pardo, señala que los vecinos sólo desean ser reubicados (ver recuadro) en el campo deportivo que hoy es un pampón abandonado, a espaldas de las casas circundantes a la plazuela central, cerca del Jr. Junín. Sólo falta una inyección de voluntad tanto en las autoridades como en los vecinos para escuchar y negociar, especialmente ahora que acaba de producirse un cambio de gobierno, aunque los viejos inquilinos aleguen que los voceros del ex Ministro de Vivienda, Rudecindo Vega, se empeñaban en darles respuestas vagas ante cualquier petición, y que la inmobiliaria Inversiones Quinta Heeren tiene como única intención excluirlos del proyecto de convertir el predio en un circuito turístico para disfrutar a plenitud de los beneficios económicos.

Blanca Carranza, vecina con más de 60 años viviendo en la Quinta (es decir, toda su vida), afirma que si las casas habitables de este recinto de 42,000 metros cuadrados aún se sostienen es gracias a iniciativas autogestionadas como polladas o campeonatos deportivos, las que permitieron restaurar las zonas deterioradas, como en el 2003 cuando dos muros del solar San Judas Tadeo, colindantes a la Quinta, cayeron derrumbados. “Es injusto que todo se haya planeado sin nosotros. Y es falso lo que decía el ex Ministro, pues no es cierto que la tugurización sea total o que el sistema de desagüe esté colapsado”, acota Blanca.

La estrategia de los dueños ha sido la de aburrir a los vecinos y dejar que la Quinta se vaya a la deriva; buscar la rendición del enemigo por agotamiento, como en una guerra. Así, en la franja que va desde la casona donde alguna vez funcionó la embajada de los EE.UU. a los escombros que se asemejan más a una película de posguerra que a la casa donde el quebrado comerciante japonés Sikiama G. Kitsutani se hizo el harakiri, pasando por el primer Jardín Japonés del Perú, ha sido rellenado por personas que reciclan cartones y sin nociones mínimas de civismo, cuya presencia sólo contribuye a agravar la tugurización de la Quinta. Demasiado castigo para un lugar que vio nacer la primera cancha de tenis del país, el primer zoológico andino y en donde se creó la Sociedad Filarmónica de Lima. Ojalá el nuevo ministro de Vivienda, Hernán Garrido-Lecca, cambie la manera de proceder y tome en cuenta que, en una negociación, ceder no es perder (J.T.).

 


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