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Entrevistas Farid Matuk devuelve críticas sobre medición de pobreza y acusa al APRA de buscar desmontar el sistema.

Entre el Ábaco y el Torniquete

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Los números “de pobreza extrema son engañosos. Si se quiere hacer énfasis donde hay problemas, yo recomiendo medir el hambre”.

Conocido por sus corbatas michi y cierto aire enigmático, Farid Matuk, el jefe del INEI, ha quedado molesto por las críticas y cuestionamientos que la comisión de transferencia del gobierno de Alan García ha hecho a su gestión. Asegura ser víctima de una escalada que busca desmontar la vigilancia de la pobreza. Contrarrestando las acusaciones, enumera reconocimientos extranjeros, que confirman, dice, que en el Perú estamos, en lo que a mediciones se refiere, a la vanguardia de la región.

–Su trabajo ha sido puesto en tela de juicio. Para el nuevo gobierno sus cifras no tienen credibilidad.
–La primera escalada comienza cuando el congresista (APRA) Alva Castro declara que hago una grosera manipulación con las cifras de pobreza. La segunda, cuando el encargado de la comisión de transferencia, Milton Guerrero, ataca de nuevo.

–¿Y cuál sería la razón?
–Primero yo tenía una hipótesis benévola. Sin embargo, el señor Guerrero admite que no sabe de estadística pero “tiene amigos y asesores”. En ese instante caigo en la cuenta que en realidad no hay ningún interés en hacer un acto de transferencia. Concluyo que lo que han enviado es un comisario político que reciba la institución.

–¿Con qué propósito?
–El Perú tiene hoy el sistema más exhaustivo de monitoreo de la pobreza. Ningún otro país de Latinoamérica sabe mejor que el gobierno peruano en qué lugar hay carencias específicas.

–¿Por qué al nuevo gobierno le interesaría que no se sepa?
–El propósito es desmontar el monitoreo de la pobreza, porque si se regresa a la situación previa al año 2000, cuando no se la medía por departamentos con encuestas a 20,000 hogares, ni se hacía entrevistas ni censo continuo en provincias, volveremos a la situación en la que el gobierno decide en función a los criterios de burócratas, sobre una mesa, en dónde inaugurar escuelas y colocar postas. Hoy, el sistema permite tener una línea de base y conocer los principales problemas de cada provincia, como cuál es la cobertura de agua, por ejemplo.

–El congresista Alva Castro ha dicho que está considerando denunciarlo.
–Ahí ya cayó el telón, cuando el congresista Alva Castro menciona al ex jefe del INEI Félix Murillo como uno de sus asesores. No hay que olvidar que el señor Murillo fue nombrado en 1989 y dirigió la institución por once años, tuvo una estrategia de medición de la pobreza que implicaba un mínimo de encuestas, sólo 8,000 en vez de 20,000, ni hablar de un censo continuo. En segundo lugar, el Banco Mundial tenía que agregarle 10 puntos porque los números que generaba el señor Murillo eran irreales.

–¿Y usted cree que el señor Murillo está engañando al nuevo gobierno?
–Si Murillo fuera una persona que nunca ha estado en la esfera pública, podría ser, pero ha sido convocado explícitamente. ¿Cabe la posibilidad que alguien no recuerde lo que hizo? No tener el sistema de monitoreo de la pobreza permite discrecionalidad en el gasto. Eso lo dice todo.

–¿Cuál es la razón para que la pobreza haya disminuido 6 puntos porcentuales en los últimos meses, cuando antes se manejaba una disminución de 4%?
–Falso. En marzo yo escribí un artículo en el que expliqué que a distintas tasas de crecimiento económico hay distintas tasas de reducción de la pobreza, y establezco un número que, aplicado al crecimiento hasta el día de hoy, no ha sido discutido. La pobreza se estaría reduciendo 5.8%.

–¿Cuánto disminuyó la pobreza extrema?
–Una cifra más dramática es la de condición de hambre, según la cual uno de cada tres peruanos no consume suficientes alimentos. La medición de pobreza extrema es engañosa, sobre todo para el ámbito urbano. Por ejemplo en Lima da un engañoso 4%, en cambio el índice de hambre está como en 20%. Si uno quiere hacer énfasis sobre dónde hay problemas, yo recomiendo medir el hambre, es decir, las calorías no consumidas. A los políticos les gusta dar la cifra de pobreza extrema, porque parece más contundente.

–¿No recuerda o no la está midiendo?
–Sí la medimos: la pobreza extrema nacional se ha reducido, pero a mí no me gusta. Es erróneo hacer referencia a la pobreza extrema.

–Para Milton Guerrero, jefe de la transferencia en el INEI, lo que pasa es que están juntando dos mediciones con variables distintas.
–Nosotros decimos que la pobreza se mide desde tres enfoques, el del gasto, cuánta gente consume menos de 2,100 calorías diarias y las necesidades básicas insatisfechas. Luego se combinan las líneas para sacar los diferentes resultados. Eso se hace siempre.

–Aunque no es la primera vez que cuestionan sus métodos, antes lo hizo Javier Herrera de la cooperación francesa y perdió el empleo.
–Quien lo retira es el gobierno de Francia, ¿creería que yo puedo imponerle condiciones? Y nadie del gobierno del Perú intervino en esto.

–¿Tendría que haberse callado por sacar resultados diferentes a los oficiales? ¿Para qué servía entonces su trabajo?
–Podría haber abierto un debate científico sobre el tema, podría haber opinado como peruano. Lo importante es que el día de hoy ningún especialista defiende la metodología del señor Herrera. Quedó obsoleta o nunca fue cierta.

–Los 400 trabajadores en planilla también están descontentos. Lo acusan de dejarlos de lado por contratar a su gente.
–El INEI tiene 1,800 trabajadores. Los 400 trabajadores nombrados no están arrinconados, se encargan de medir el PBI y la inflación, que son las tareas que se hacían al año 2000.

–¿No se les puede encargar otras tareas? ¿O no saben hacerlas?
–No se les puede hacer trabajar doble. Poco a poco se van haciendo más mediciones, con Paniagua se comienza a medir el desempleo, antes no se medía, con Toledo por primera vez se mide la pobreza por departamentos. Después la pobreza se mide todos los trimestres, en consecuencia, hay que contratar más personal. Luego se tiene el censo continuo y contratamos otra vez. De tres mediciones que tenían, ahora hacemos 15. Si se quiere, despidamos a los contratados, nos quedamos con los 400 trabajadores fijos y lo único que medimos son las buenas noticias.

–La metodología utilizada en el censo continuo también ha recibido fuertes críticas, del ex jefe del INEI especialmente.
–El señor Murillo no debía hablar. Primero que explique el 1% de varones embarazados en su censo de 1993. Respecto al censo continuo, permite tener información más detallada y permanente sobre las condiciones de vida en los hogares. En una conferencia de estadísticos europeos en junio de este año, el Perú figuró como un país modelo en la opción que se ha escogido. Vino un especialista del Banco Mundial y dijo que somos el país de Latinoamérica con la medición más completa de las condiciones de vida.

–Así que no admite errores. Aun cuando hubo quejas de gente que no fue censada, le parece que su trabajo es elogiable.
–Aquí lo que tenemos son opiniones de parte, que miran la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, frente a opiniones no interesadas que dicen que en el Perú estamos en una situación de liderazgo. Obviamente todo acto humano está sujeto a fallas.

–¿Cómo se obtiene población menor en un censo tan distante del anterior?
–¿Cómo le suena migración?

–¿Qué acepta como falla?
–Hay varias cosas: de carácter estructural, que no está en el ámbito del INEI, es el desembolso del presupuesto. Genera enorme incertidumbre que se propaga en la planificación.

–Ve enemigos interesados en su puesto.
–Yo ya he dicho: cayó el telón. El señor Murillo era el asesor, en vez de enviar a la transferencia a Milton Guerrero, que declara que no sabe de estadística, nos hubiéramos ahorrado un paso si envían de frente a Félix Murillo. Uno puede querer tapar el sol con un dedo y creer que lo tapó. Murillo se cree un sol y quiere ser tapado con un dedo. (Zenaida Solís)

 


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