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08/Jun/2006
 
 
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Elecciones 2006 El gabinete de cocina y las diferencias de opinión en la campaña ganadora.

Halcones y Palomas

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Otero fue asesor de prensa de García en el ’85. Repitió en el 2001 y en esta campaña.

EN noviembre último Alan García y su equipo más cercano iniciaron una campaña que arrancaba cuesta arriba. El promedio de aceptación en las encuestas era de 12% y algunos altos cuadros apristas, como el alcalde de Arequipa Yamel Romero, cuestionaron abiertamente el liderazgo del ex Presidente.

Entonces García se propuso una maratón de 400 mítines.

Lo acompañó un entorno que apenas se modificó en el camino. Allí estuvieron los tres secretarios generales apristas –Jorge del Castillo, Mauricio– Mulder, Mercedes Cabanillas– el congresista Luis Gonzales Posada, el publicista Hugo Otero, el secretario personal Luis Nava y el asistente Ricardo Pinedo. Desde un principio se acordó que todo pedido sería filtrado por medio de la secretaria de García, Mirtha Cunza.

El primer objetivo fue reagrupar la votación dura, la familia política, del 25% configurada en las elecciones del 2001.

Sus más estrechos colaboradores apuntan las diferencias producidas en la mecánica de trabajo del líder aprista. Uno reconoce que ha logrado atemperar en algo su impaciencia. Otro va más allá y, con una confidente ceja levantada, sentencia que “Alan es otro”. Hoy, asegura esta persona que trabaja con él desde la campaña del ’85, el presidente electo escucha, discute sus estrategias y toma nota mental. En más de una ocasión los periodistas pudieron conversar con miembros del equipo alanista sobre conceptos que en esos momentos venían siendo debatidos. Aquella noche, o unos pocos días después, García los declaraba al pie de la letra.

Aunque ningún integrante de su gabinete de cocina cuestione su liderazgo (fue el “gran dinamo”, según las descripciones), sí identifican su mayor apertura frente al trabajo de equipo. “Ahora tomó algunas decisiones él solo”, concede un colaborador. “Pero se estrelló contra la pared y se dio cuenta de ello”.

Los Estrategas

La relación entre AGP y Hugo Otero se enfrió luego que el publicista tomara su distancia tras la derrota del 2001 y comenzara a asesorar a la minera Yanacocha. “Otero se ha vendido al imperialismo”, decía García medio en broma y medio en serio. Los lazos volvieron a ser definitivamente fortalecidos con la visita a Chile que el publicista coordinó para García hace un año. Sin embargo, a pesar de su creciente influencia también se ganó un espacio de independencia.

Hernán Garrido Lecca volvió al rebaño en enero. Fue presentado por García como el coordinador de la campaña. Entró con bríos y aportó mucho en ideas como la de la estrella reggaetonera, la identificación del agua como beneficio de todos y principal recurso natural y la definición de la nueva guerra comercial en la que Chile debe ser derrotado. Todos fueron puntales que le permitieron al APRA diferenciarse. El fuerte carácter de Garrido Lecca provocó choques con algunos directivos apristas pero las aguas se aquietaron a medida que asumió un perfil más discreto.

En la campaña de la primera vuelta Lourdes Flores Nano y buena parte de los medios de prensa desecharon las posibilidades de García. Lourdes llegó a declarar que solamente se dirigía a Humala como contrincante. Cometió el mismo error del 2001. Siempre predispuesto al toque épico, García adoptó el modelo napoleónico de Austerlitz como símil estratégico. El emperador aposentó sus tropas en la meseta de Pratzen, desde donde pudo atacar alternativamente a los ejércitos austriaco y ruso. Era su forma de graficar el centro político y movible.

De “la candidata de los ricos” se pasó al “candidato de Hugo Chávez”. Campearon las discrepancias sobre la forma de encarar la segunda vuelta. Cabanillas y Mulder –los halcones del grupo– acusaron a Otero de ser demasiado “light”. Opinaban que en las elecciones del 2001 García perdió frente a Toledo por no atacarlo. Garrido Lecca llamó a Otero pocos días antes de la elección. “Ya basta de palomitas”, le dijo en alusión al animalito que sobrevolaba por mítines, afiches y reclames televisivos. Pero Otero se mantuvo en sus trece, aún a riesgo de perder algunos puntos.

De la misma opinión fue Víctor Díaz, el director de la encuestadora Idice. Díaz ejerció una influencia notable en la campaña de García. Los más cercanos a Alan repiten entre dientes que Díaz fue el único que no se equivocó en las encuestas, pero los medios no le creen porque es cholo y aprista. A la semana siguiente de la primera vuelta, durante un almuerzo con García, Díaz vaticinó que el aprista le sacaría a Humala solo 6 puntos de ventaja. En ese momento se pensaba, debido a la opción radical representada por Humala, que AGP tendría más holgura.

Otero y Díaz se encontraban convencidos de que García perdería más si se mostraba agresivo. La imagen a transmitir debía ser todo lo serena posible.

¿Por qué? El grupo objetivo de la segunda vuelta era la votación de Lourdes, Fujimori, Paniagua y Lay. AGP no podía dejarse abrazar por la derecha y arriesgarse a mermar el núcleo duro de su votación (de allí su rechazo a la alianza propuesta por personajes como Mario Vargas Llosa). Pero tampoco se daría el lujo de desdeñar los votos definitivos para conseguir las llaves de Palacio. Y esos votos, en metáfora de un estratega, eran “más cercanos a Miraflores que a Puno”.

Buscar otro bolsón, según ese análisis, conllevaba demasiados riesgos. La apuesta por ganar el difícil sur (CARETAS 1908) no ganó la mano. Dos días antes de las elecciones el equipo de García aventuraba cifras en Arequipa, Puno y Cusco. Eran casi idénticas a las arrojadas en las urnas el domingo 4. Humala barrió y obtuvo en Puno el 70% de votos válidos, en Arequipa el 65% y en Cusco el 73%.

El riego por gota china, como lo bautizó García, fracasó en irrigar el terreno del APRA a pesar de que desde el pasado noviembre García pisó 33 veces el sur y 20 veces Puno. En el comando aprista señalan que de no ser por esa insistencia los resultados hubieran sido todavía peores. “Pero ha sido una sacadera de m....”, reconocen sin disimulos.

García apaciguó a los halcones al final del último tramo y, en la noche del mitin del jueves 1, fueron lanzados spots de última hora en los que se recordaba descarnadamente la masacre de Andahuaylas. Pero para entonces el piso ya estaba parejo. (Enrique Chávez).

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