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18/May/2006
 
 
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Religión ¿Prostituta reconvertida o esposa de Cristo? Versión de “El Código Da Vinci” pateó el avispero.

Magdalena Usted es la Culpable

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Magdalena purgando sus pecados para alcanzar la bendición eterna. Cuadro del Greco, pintado entre los años 1580 y 1585.

Ahora sí no hay juego de la verdad de las mentiras que valga: la Iglesia sube los decibeles y del grito blasfemo sacó a relucir –pero sin llegar a la profanación lingüística total– un temple callejero que hasta el más ecuánime de los seres guarda en su inconsciente cuando siente su honra triturada: el Arzobispado de Lima señaló que la tesis del filme “El Código Da Vinci” según la cual “(Magdalena) ha sido esposa de Jesús es una ridiculez y grosería inaceptables”. O, en buen castellano (lo de bueno es un decir), el equivalente a haber recibido una mentada de madre. Dice el Cardenal Cipriani: “Yo voy al fondo, defiendo a mi madre, mi amor a Jesús y, por lo tanto, cómo voy a ver una película en la que se burla y ataca a la Virgen María”. El acabóse de la ira santa contra una ficción.

Pero, ¿quién era realmente María Magdalena?

Pecadora Redimida

He aquí el punto central de irritación del vivísimo Dan Brown, autor de “El Código Da Vinci”, en erigir un relato rellenando los huecos que sospechosamente la Biblia disemina al no fijar una posición sobre Magdalena. En un pasaje del nuevo testamento (Lucas 7, 37) se habla de una pecadora (o puta a secas) que lloró junto a Jesús y regó con lágrimas sus pies, besándolos, ungiéndolos con el perfume de un alabastro. Luego, Cristo perdonaría sus pecados. La ambigüedad del anonimato se trasmuta en regador de chismes: ¿no sería ella la hermana de Lázaro, también llamada María? ¿Es la misma que vio a Jesús resucitado antes que todos? ¿Se trata de tres mujeres o una sola?

Claro que este misterio tremendista y marketeramente infalible, con visos de intriga internacional y dudando del ADN del catolicismo, apunta a otra escala: Jesús y Magdalena no pudieron controlar sus ímpetus carnales y habrían tenido una hija que dio origen a la dinastía real francesa. Por su parte, Pedro, discípulo y continuador de la obra de Dios, habría sido un baluarte del machismo al sentir celos de Magdalena, armó su argolla e hizo lo que pudo para minorizar a la mujer en la Iglesia. Y así se diga que ellas fueron las primeras en llegar al sepulcro de Jesús, en anunciarles a los apóstoles la buena nueva de su resurrección y que, Magdalena, festejada el 22 de julio y reconvertida en santa mas no virgen se ganó el apelativo de “la apóstol de los apóstoles”, basta sumar dos más dos para ver que las jerarquías católicas excluyen a las mujeres. Y así la Iglesia quiere hablar de sustento científico para rebatir los argumentos.

Lo curioso es que “El Código Da Vinci” no representa la vida conyugal entre Cristo y Magdalena, pues el secreto a revelar es el oscurantismo concerniente al Santo Grial y los herederos de Jesús. En cambio, “La Última Tentación de Cristo” sí lo representó imaginariamente, aunque su polémica al lado del código parece una inocentada. La actual ira desmesurada y entendible de la Iglesia deja la sospecha de que los católicos tienen algo de críticos de cine frustrados, y alguna virtud artística deben haber sacado del filme de Scorsese, mas no del blockbuster de Ron Howard, enojosa fabricante de dinero mediante el usufructo de creencias profundas. El caso de “La Pasión” de Mel Gibson no vale porque el visto bueno del Papa distorsionó todo.

O tal vez la bulla sea una hipérbole de la era mediática. Me insultan pero hago sentir mi voz publicitaria al devolver el golpe: esa es la consigna. Y el código funge de San Martín: logró juntar perro, gato y pericote al hacer que evangelistas y católicos condenen el susodicho código. El pastor Roberto Bastante, de Alianza Cristiana Misionera, señala “que detrás de Dan Brown está una influencia de corte satánica” y, al igual que la pastora Alicia Estremadoyro, de Misión Bíblica Carismática, no perdió el tiempo al organizar varias conferencias para dilucidar sesudamente este fenómeno. Todo sea por los fieles y las limosnas.

Aunque el pastor Bastante sí tiene una retórica que sustente su discurso. Afirma que en el cristianismo no existe una dualidad del bien y el mal tipo yin y yang, que la obra de Dios fue perfecta aunque dejó a sus criaturas libres y que el mal brota cuando una de ellas se revela. Y hay algo que el pastor no acepta manifiestamente a pesar de la coincidencia tangencial: “la Iglesia no es una organización o jerarquía de mando; es el cuerpo de Dios, un organismo vivo”. La pastora Estremadoyro lo reduce simplonamente a una “traición de la Iglesia a la Biblia”. ¿Dan Brown no diría lo mismo del Opus Dei? (J. Tsang)

Clorinda, la Excomulgada

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El 23 de agosto de 1890, Clorinda Matto de Turner publicó en la revista El Perú Ilustrado el cuento “Magdala” del brasileño Coelho Nato. El relato daba a entender que entre Jesús y María Magdalena había existido una relación de amor. Esto indignó a los católicos peruanos. El Arzobispo de Lima excomulgó a doña Clorinda, directora de la publicación, y fieles coléricos quemaron en la Plaza de Armas de Arequipa ejemplares de ésta. Como se sabe, la escritora cusqueña fue autora de un libro célebre, Aves sin nido, traducido al inglés a poco de publicado.

En realidad, este tema de ficción ha sido abordado más de una vez, El escritor ruso Isaac Babel acoge en su libro Caballería roja la historia loca del pintor Apolek sobre un hijo inesperado de Jesús:

“Deborah tenía un novio. Su novio era un joven israelita que trabajaba en marfil. Pero la noche nupcial de Deborah terminó con disgusto y lágrimas. Ella se sintió sobrecogida de temor al ver al hombre y acercarse a su lecho. Angustiosos sollozos la ahogaban. Arrojó todo lo que había gustado en la comida de bodas. La ignominia cayó sobre Deborah, sobre su padre, sobre su madre y sobre su casta. El novio la abandonó sarcásticamente e invitó a los convidados a retirarse con él. Y cuando Jesús vio el indecible deseo de la mujer, ávida de un hombre y no obstante temerosa de él, se puso la vestidura del esposo y se unió lleno de compasión a Deborah, que yacía humillada. Entonces salió ella triunfalmente a donde estaban los convidados, miró de reojo disimuladamente, como una mujer que está orgullosa de haber agradado”.

Deborah, dice el cuento, tuvo su primogénito…

“–¿Dónde está?– exclamé yo riendo y aterrado.

“–Los popes lo han tenido escondido, contestó solemnemente Apolex y se llevó a su nariz de borracho el índice descarnado y yerto”.

Isaac Babel no fue excolmulgado. A cambio de eso, Stalin lo envió a un campo de concentración de Liberia, donde murió. (C.L.).

 


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