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Política

Con la Santa Paciencia (VER)

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Lourdes Flores denota preocupación, al salir de su domicilio el lunes 17, rumbo a su local de personeros en Miraflores. Al cerrar esta edición, acortaba distancias de votos respecto a Alan García.

Nada definitivo se puede decir hasta que se conozca la última resolución de los jurados electorales especiales. Pero una frase de Xavier Barrón, personero legal nacional de Unidad Nacional, pareció indicar la dirección del viento: “No reconoceremos a un vencedor hasta que no se haya contado el último voto”.

Era exacto, pero sonaba a pesimista. Además, un miembro del comando electoral del Apra dijo a CARETAS: “es una manera de presionar al Apra para que entre en negociaciones. En ese sentido trabajan también varios medios de comunicación”.

El suspenso reina. Sobre todo porque estamos ante un caso de esos que los antiguos llamaban “carrera de caballo, parada de borrico”.

En efecto, el cómputo de los votos había comenzado a un ritmo musical de allegro con brío. El propio 9 de abril, a las 9.31 de la noche, la ONPE daba los resultados de la votación presidencial al 30.43% del total. Al terminar el día, ya teníamos el 52.7%.

Era un salto histórico, puesto que en las elecciones de 2001, a las 10 de la noche, sólo conocíamos el 11.73% de los resultados y al acabar la jornada las cifras oficiales llegaban apenas al 23.26%.

Esta vez, después del ritmo veloz del día mismo del voto, entramos en un movimiento de cámara lenta. Del 80.82% del lunes 10 pasamos al 86.98% veinticuatro horas después. Y después vino el suplicio. El cómputo avanzó con cuentagotas.

Candidatos y personeros empezaron a sufrir el síndrome del suspenso, ese que consiste, según Alfred Hitchcock, en una información cuyo desconocimiento pone a los personajes en situación de incertidumbre o peligro durante largo tiempo.

No se trata de una tortura china ideada por la doctora Magdalena Chu, jefa de la ONPE. Ocurre que esa entidad no puede procesar cómputos sino a medida que van llegando las resoluciones de los jurados especiales. Allí esta la madre del cordero, o sea de la lentitud.

En parte la causa está en los votos no definidos que corresponden a las cerca de 8,000 actas observadas. Aunque ya están siendo resueltas en los 38 Jurados Electorales Especiales (JEE) que operan en todo el país, el proceso aún es muy lento. Según algunas fuentes, se estaría resolviendo solo 300 actas por día en todo el país.

La demora comenzó, no obstante, con la distribución de actas a cargo de las Oficinas Descentralizadas de Procesos Electorales (ODPE). Dos días después de los sufragios, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) envió una carta a la ONPE en la que indicaba que los JEE no habían recibido inmediatamente las actas que les correspondían. Estas actas –cerradas en sobres celestes – son necesarias para que los jurados especiales las comparen con las que llegan como actas observadas y, de este modo, resolverlas.

En muchos casos, los JEE han recibido las actas observadas –rechazadas en el cómputo de las ODPE–, pero no han tenido sus pares en sobres celestes para hacer las comparaciones. En otros casos, han llegado en desorden, perdidas en un mar de actas, lo que demora el trabajo de resolución de los JEE. Y esto en el caso de actas observadas por error material (malas sumas, ilegibilidad). En el caso de actas observadas por tener votos impugnados, tiene que hacerse una audiencia pública.

Según funcionarios del JNE, este cuello de botella tiene su origen en la concentración de la ONPE en el cómputo de votos el día de las elecciones. Esta vocación habría ocasionado un descuido en la distribución de las actas a los JEE y al mismo JNE. Esto habría complicado la resolución de las actas observadas, en cualquiera de los casos.

Por otro lado, es cierto que a los JEE les falta personal. Y a esto se suman los plazos para el proceso: después de resolver las actas observadas, hay 3 días para que los personeros puedan apelar. Y en este periodo, los JEE están reteniendo las resoluciones para –en una brecha tan estrecha entre Unidad Nacional y el Apra– no agregar sumas y restas a los resultados que compute la ONPE.

Pasa en Todas Partes

Están de moda los triunfos electorales muy estrechos y los recuentos prolongados.

Michele Bachelet ganó en febrero la presidencia de Chile con sólo el 50.2% del voto.

En San Salvador, capital de El Salvador, otra mujer, Violeta Menjívar, ganó la alcaldía con una ventaja de ¡44 votos!

Otro recuento manual se dio en Costa Rica cuando, también en marzo, el Jurado Electoral le dio el triunfo a Oscar Arias por 3,250 votos, con una ventaja sobre su rival de 0.23%.

En Estados Unidos en el 2000 se dio un caso singular. Al Gore recién aceptó su derrota 37 días después de las elecciones, mientras el recuento de dudosos votos avanzaba en Florida alentado por una denuncia judicial y división de criterios en la Corte Suprema. En realidad, Gore ganó el voto nacional por 330,000 votos de los 103 millones emitidos, pero perdió estados vitales que le dieron el triunfo a George W. Bush en el Colegio Electoral.

Y después está lo de Italia, donde el derechista Silvio Berlusconi y el candidato de centroizquierda Romano Prodi se declararon simultáneamente vencedores. Al final, triunfaron los izquierdistas (CARETAS 1920).

La Tercera Vuelta

Uno de los resultados notables de las elecciones del 9 de abril es la composición del Congreso. No se puede tener el cálculo final; pero el perfil de las bancadas es ya conocido. En esta edición presentamos el cuadro probable de asientos: 40 para el Apra, 39 para UPP y 19 para Unidad Nacional.

Nadie tendrá, pues, mayoría en el Congreso. Pero llama la atención que UN tenga una representación tan modesta, que no guarda relación con el caudal de votos de Lourdes Flores.

En un plano de prospectiva, resulta claro que la gobernabilidad del país exige alianzas o, por lo menos, compromisos mínimos.

El Apra puede forjar entendimientos con sectores del Frente de Centro. También es verosímil que logre el apoyo de Restauración Nacional, el partido del pastor Humberto Lay. Debe recordarse que el aprismo tuvo desde su nacimiento una estrecha vinculación con los evangélicos. Proverbial es la amistad de Víctor Raúl Haya de la Torre con el profesor evangélico John Mackay.

En la campaña reciente, Alan García pudo presentarse como la alternativa a los extremos de la derecha y el caos. Si pasa a la segunda vuelta, ya no podrá situarse en igual espacio. Su discurso tendrá que variar, para ganar votos no contra dos competidores, sino contra uno solo.

En el horizonte aparecerá para García o para Lourdes Flores –si él o ella pasaran a la segunda vuelta– la tercera vuelta. Es decir: cómo y con quiénes se constituye el gobierno. Allí, una vez más, entrará en consideración el contingente de congresistas con que puedan contar.

 


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