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Seguridad Compañero de armas de Ollanta en Madre Mía ha relatado a un fiscal episodios truculentos que, según él, comprometen al ‘capitán Carlos’.

La Versión de un Sargento

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Impactante versión del sargento EP (r) es investigada por fiscal de Tocache. Pero está impregnada de dudas y sospechas.

El fiscal de Tocache Arturo Campos tiene fama de ser meticuloso y paciente. En las últimas semanas ha interrogado a testigos, revisado documentos y efectuado excavaciones para determinar la veracidad de las denuncias contra Ollanta Humala por violación de los Derechos Humanos.

El trabajo no es sencillo. Se han recibido múltiples versiones, pero el fiscal ha decidido seguir cualquier pista por más inverosímil que parezca.

El pasado 28 de marzo, un militar retirado ofreció su testimonio al fiscal Campos. Se trata de un sargento del Ejército que asegura haber laborado con Ollanta en la Base Contrasubversiva (BACs) Madre Mía, en 1992.

El subalterno EP (r), hoy de 35 años, relató episodios truculentos que, según él, comprometen al ‘capitán Carlos’ en asesinatos y desapariciones. Una fuente judicial dijo que el militar pretende acogerse a la colaboración eficaz, la cual sólo se le otorgará si su testimonio es debidamente verificado. Ha solicitado que su identidad se mantenga en reserva.

El sargento alega que trabajó en la BACs Madre Mía entre mayo y agosto de 1992. Oficialmente se sabe que Ollanta fue jefe de esa unidad entre enero y fines de julio de ese año. Luego pasó por otras bases del Batallón Contrasubversivo (BCS) 313, en el Huallaga, y habría retornado a Madre Mía en noviembre. A fines de enero de 1993, fue destacado a la Escuela de Artillería del Ejército (EAE), en Lima, según su foja de servicios.

Desde la Sombra

En junio de 1992, sostiene el aspirante a colaborador eficaz, su patrulla atrapó a 18 terroristas de la zona Alto Huamuco. Pero en Madre Mía, alega, el ‘capitán Carlos’ ordenó ejecutarlos y enterrarlos en fosas comunes.

Algunos de los episodios que relató son francamente insólitos. El sargento indicó que, a fines de mayo de 1992, cuatro terroristas fueron atrapados durante una emboscada. Estaban armados. Ellos habrían declarado que consiguieron el armamento “gracias a los madereros” y, en venganza, arguye el militar retirado, Ollanta planificó una masacre.

Según indicó, el ‘capitán Carlos’ dispuso el asesinato de 62 madereros. Entre ellos, insiste, había niños, mujeres y ancianos. Relató que Ollanta les hizo cavar una fosa grande en una zona del caserío La Morada. “Una vez que lo hicieron, a todos los mataron y sepultaron allí mismo”, dice.

Lo cierto es que no hay registros de la desaparición de tal cantidad de madereros en el Huallaga. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) no supo del hecho ni tampoco las organizaciones de DD. HH.

Pero este no es el único relato oscuro. El aspirante a testigo eficaz indica que, entre junio y julio de 1992, un pelotón de terroristas emboscó una patrulla militar y mató a un capitán del Ejército entre Tocache y Balsayacu.

Al enterarse por radio, aseguró, el ‘capitán Carlos’ montó en cólera y ordenó la muerte de 22 prisioneros de la BACs Madre Mía. Todos ellos habían sido detenidos en diversos operativos acusados de subversión.

Según declaró el subalterno, los prisioneros fueron arrojados a una fosa y enterrados aún vivos. Nunca antes se había conocido de un caso similar.

¿Cuatro Fosas?

El sargento dice conocer la ubicación de cuatro fosas: una, a la margen izquierda del río Magdalena; otra, en la zona Las Calizadas, una más a cinco kilómetros de la desembocadura del río Magdalena y la última en La Morada. Sostiene que puede llevar a las autoridades a dichos lugares.

Su testimonio es extenso y, si bien se suma a testimonios múltiples de abusos de derechos humanos en Madre Mía, será necesario corroborar una denuncia de tamaño calibre. Hay quienes no descartan que se trata de un claro operativo psicosocial. CARETAS sólo ha podido corroborar que el sargento sirvió en el Ejército de 1992 a 1997.

“Se recibe toda la información provenga de donde provenga, pero el caso es complicado porque hay muchos intereses en juego”, comentó una fuente judicial de Tocache. En casos como éste, apartar la paja del trigo y la denuncia de la conjura es quizá el único camino para arribar a la verdad (AZ).

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