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Cultural Lingüista Alfredo Valle Degregori y el léxico electoral ad portas del Día del Idioma.

El Idioma en Tiempos Electorales

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Valle Degregori, autor de la serie de libros Borrones.

Las palabras nacen, crecen, se reproducen y mueren. Cambian de la mano con la realidad: si muere el uso, muere la palabra. A ‘nuevos limeños’, nuevas palabras como ‘cuyada’ y ‘pollada’. ‘La sarita’, por ejemplo, ya dejó de significar un sombrero de paja de inicios del siglo XX para representar a una santa informal. Más recientemente, hemos comprobado que, a nuevas formas de agresión, nuevas palabras para designarlas, como pirañita, faite, terruco, pepera y chuponeo. Dentro de esa línea de vida, la etimología se ocupa del nacimiento de las palabras y, por consecuencia, del idioma. Con la nueva sede de la Biblioteca Nacional terminada durante el mes más literario (abril), la llegada del día del idioma (23 del mismo mes, día de la muerte de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega), y en plena campaña electoral que va de la verborragia al mutis, hablar sobre el vocabulario de esta primera vuelta se torna imperativo.

Para tales fines, qué mejor que la lengua de Alfredo Valle Degregori, chúcaro doctor en Lengua y Literatura que vive rodeado de lexicones y calepinos. Valle Degregori es un oxímoron andante. Se considera un lingüista conservador, aunque defiende algunos polémicos neologismos. Es dueño de un humor pícaro y casi sicalíptico, que sin embargo no está exento del candor que lo impulsó a ser seminarista y futuro sacerdote, “antes de conocer el sexo, claro”. Finalmente, su aprecio por el periodismo –fue jefe de correctores de estilo del diario El Comercio– es sólo comparable con el desdén con que rechaza su ignorancia endémica. Valle Degregori no cree en el prestigio de quien habla bien ni en el desprestigio de quien habla mal.

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Pero sí sabe que un funcionario público que no sabe expresarse con corrección genera muchos malentendidos. También sabe que en el Perú se lee menos de un libro al año, que el congresista Víctor Valdez tiene más libros de los que ha leído y que El Quijote para Gustavo Pacheco no es más que un libro para posar su televisada huelga de hambre. Sabe, finalmente, que el lenguaje es un ser vivo incontrolable.

Por eso las palabras, como las personas que las utilizan, se distancian de sus orígenes y traicionan su pasado. Y esa natural perversión es incentivada con ignorancias particulares como las de nuestros políticos y sus mensajes errados. Por eso el término ‘democracia’ (donde el latín demos es a ‘pueblo’ lo que kratia es a ‘gobierno’) es para el candidato Ollanta Humala “la dictadura del pueblo”. Aunque afirma que la democracia nunca existió –ni siquiera en la Grecia antigua–, Valle Degregori remarca que la claridad de este concepto no admite contradicciones tan evidentes. Cabe mencionar que, durante el apogeo de la democracia ateniense bajo Pericles (siglo V a.C.), la ciudadanía estaba conformada por menos de la cuarta parte de la población. Ni mujeres, ni extranjeros, ni pobres podían ejercerla, lo que dejaba las decisiones importantes a una minoría aventajada. “La lengua, en cambio, es la verdadera voz del pueblo, y se impone sobre cualquier autoridad, incluso sobre el diccionario”, dice Valle Degregori.

Con un giro similar, una manifestación de preferencia a favor de algo o alguien representado en el término ‘voto’ (del latín votum, ‘deseo’), ha representado en la praxis de estas elecciones un rechazo hacia un tercero mediante una especie de ‘voto en contra’. Pero el giro irónico es completo en la palabra ‘candidato’: una persona que pretende un cargo u honor, enraizado en el latín candidatus o ‘vestido de blanco’, en alusión a la toga blanca de los dirigentes romanos y a candidus o ‘blanco’, concepto que representa lo puro y sin malicia. Después de ver la futura composición del Congreso, también resulta irónico hallar que el origen de la palabra nos lleva al latín congressus, participio pasivo de congredi o ‘encontrarse, ir juntos’. Pero más que irónico, resulta triste constatar que ‘curul’ hace referencia a una ‘silla de quien ejerce una elevada dignidad’, del latín curulis. Por su lado, algunas de las tan mentadas y contradictorias encuestas se han alejado de su razón de ser: ‘la búsqueda de la verdad’, o en el latín vulgar inquaesta. Otra búsqueda de la verdad –la del periodismo– también cae en malos usos cuando sólo atiende a la denuncia y olvida el fin primigenio de la conferencia (de prensa): su sentido original deviene del participio activo del latín conferre, que significa ‘reunir y consultar en común’.

Algunas palabras mantienen sus raíces firmes, como ‘comicios’ (comitia, ‘junta electoral’), o ‘nepotismo’ (del italiano antiguo nepote, que alude a una preferencia dada a los sobrinos por gracia de ciertos prelados y papas del siglo XVI, así como por el presidente Toledo). Pero son excepciones. Como dice Valle Degregori, “la invariabilidad de un término suele suceder por su poco uso”. La palabra ‘honestidad’ (honestus), por ejemplo, tan de moda en paneles y propaganda de campaña, sigue manteniendo su significado original.

Sólo escuchando un mitin del autodenominado Partido Nacionalista se pueden enumerar las ironías que provoca el mal uso del idioma. Cuando el candidato humalista se queja del mote ‘fascista’, olvida que ‘fascismo’ deviene del plural de ‘haz’ (en latín fasces y en italiano fascis), y que ideológicamente un fascista está contra el comunismo, el liberalismo, los partidos políticos y la democracia, que atiza los sentimientos por sobre la razón, y que no admite pluralismo en su visión totalitaria de unidad del Estado. Por si fuera poca coincidencia, los movimientos fascistas suelen ser alimentados por las clases económicamente poderosas para oponerse a los verdaderos movimientos obreros y a la democracia liberal. Pero el caso más grave se da en la conjunción de los conceptos ‘nacionalismo’ y ‘socialismo’, términos con que UPP se llena la boca pero que no parece haber terminado de digerir. Si hubo un grupo que sintetizó su propuesta en nacionalismo y socialismo, ese fue el nacionalsocialismo, vale decir los nazis. Además, vale la pena aclarar que la raíz ‘social’ viene del latín socialis (‘compañerismo’), y que el ‘amor’ (por el Perú) está enraizado en el latín amare, de la familia de palabras como ‘amabilidad’, ‘amistad’ y ‘ameno’, todas virtudes aún por comprobarse del candidato Ollanta Humala. (Carlos Cabanillas)

Voto Literario

El día del libro es una buena oportunidad para recordar que nuestras lecturas no deben limitarse al ámbito del entretenimiento o la ensoñación estética. Las mejores obras literarias siempre esconden significados múltiples, perceptibles sólo a aquellos lectores que estén dispuestos a descifrar las palabras en su sentido más útil y necesario. Aprovechando la agitada situación electoral proponemos algunos títulos que podrían ayudarnos a entender mejor a nuestros políticos. Y también, por qué no, a nosotros mismos.

 


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