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Local Estableciendo la real soberanía nacional sobre el tubérculo andino.

Los Reyes de la Papa

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Ante la noticia que la Fundación para la Innovación Agraria de Chile, en conjunción con la Universidad Austral de ese país, van a desarrollar un proyecto para proteger 286 variedades y eco-tipos de papas nativas de la Región de los Lagos, al sur de Chile, se ha levantado una singular polémica sobre el origen y la propiedad de este tubérculo.

Debe dejarse en claro, sin embargo, que ni la Fundación chilena ni la Universidad Austral han señalado que el origen de la papa es Chile, ni tampoco que su país es el propietario exclusivo de este recurso. Su objetivo -se señala- es identificar el material genético nativo de los tubérculos que se encuentran en Chiloé, a fin de otorgar protección física y jurídica, evitando la apropiación ilícita del germoplasma de las variedades que se encuentran en esa región de Chile.

W.G. Burton, en su libro ‘La Papa’ señala que el centro más antiguo de cultivo de la papa fue la región de los Andes, que se identifica con lo que actualmente es el sur del Perú y el oeste de Bolivia. Algunas fuentes han señalado que las papas que se cultivan en Europa tienen un parecido morfológico a las papas que se encontraron al sur de Chile. Ello llevó a los científicos soviéticos Bukasov (1935) y Vavilov (1935) a deducir que las papas europeas eran principalmente de origen chileno. Sin embargo, el análisis botánico de especímenes antiguos determinó que más bien la papa europea provenía de la parte norte de los Andes sudamericanos, y que la selección de semillas cultivadas bajo largos períodos de luz había llevado con el tiempo a modificar sus formas originales, para tornarse similares a la papa cultivada en Chile.

El nombre ‘papa’ proviene del quechua. Bernabé Cobo, en su ‘Historia del Nuevo Mundo’ (1653) la calificaba como ‘pan del indio’. Sin embargo, el nombre ‘papa’ es únicamente utilizado en América Latina. En España y los países angloparlantes, la denominación más común es ‘patata’ o ‘potato’. Este nombre deviene de la lengua arawac, de origen caribeño, y era la denominación para identificar al camote o ‘batata’, descubierto antes que la papa por los conquistadores españoles. Posteriormente, cuando encuentran la papa, por su similitud en apariencia, usan el mismo nombre, que luego es modificado ligeramente a ‘patata’.

El consumo de la papa no fue popular cuando se introdujo en Europa. Inclusive en Escocia algunos curas prohibieron su consumo, porque no estaba mencionada en la Biblia y consideraban era un producto diabólico. Antoine Auguste Parmentier, quien la había consumido inicialmente en Alemania como prisionero de guerra, escribió en Francia varios estudios sobre el tubérculo y en la época de Luis XVI utilizó una treta para introducir su consumo en el pueblo: sembró papas en los jardines reales y les puso una guardia militar. Al ver esto, el pueblo se convenció del alto valor del cultivo y se las ingeniaron para robar plantas del jardín del rey –con la concertada anuencia de los guardias– y así poco a poco se incorporó a la dieta popular francesa.

Para mediados del siglo XIX la papa era el alimento básico en Irlanda. Lamentablemente entre 1845 y 1848 una plaga denominada Tizón Tardío atacó los cultivos de papa irlandeses, causando la casi total eliminación del tubérculo. Ello ocasionó una hambruna y la muerte de aproximadamente un millón de personas, así como una migración masiva de similar número de irlandeses hacia los Estados Unidos.

Reconociendo la importancia del Perú en el origen del cultivo de este tubérculo se estableció en Lima, en el año 1971, el Centro Internacional de la Papa (CIP). Allí se han identificado hasta 5,000 variedades, de las cuales alrededor de 3,000 se encuentran en el Perú. En el trabajo desarrollado por el CIP es importante destacar la labor del investigador peruano Carlos Ochoa, quien ha dedicado su vida a recuperar múltiples variedades de papa e incluso ha puesto en peligro su propia vida frente a terroristas, bandidos o erupciones volcánicas en ese empeño, habiéndose ganado el sobrenombre del ‘indiana Jones de la Papa’.

Actualmente la producción mundial de la papa es de 321’974,152 toneladas. China es el primer productor mundial con más de 73 millones de toneladas. En el año 2005 el Perú produjo 3’200,000 toneladas y Chile 1’115,736 toneladas.

La última palabra en torno al origen del cultivo la ha dado un estudio promovido por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos con la Universidad de Wisconsin. En él se ha determinado, a través de la utilización de marcadores genéticos en 350 especies de papas, que existe un único origen del cultivo del tubérculo, y que éste se encuentra en el área sur del actual territorio del Perú, habiéndose extendido desde allí hacia el norte y el sur de Sudamérica.

Pero quizá el proyecto más determinante para establecer el origen de la papa se encuentra en pleno desarrollo. La Universidad de Wegeningen de Holanda viene promoviendo una investigación para establecer la secuencia del genoma de la papa. Este proyecto de un consorcio en el que participan 20 países, entre ellos el Perú –a través de la Universidad Cayetano Heredia– y Chile, debe estar concluido para el año 2008. El trabajo tiene como objetivo construir el mapa físico del tubérculo y obtener la secuencia del ADN completa y terminada de hasta un tercio de un cromosoma de la papa.

Pero no es sólo en ese frente en el que se requiere una acción pronta y concertada. Recientemente algunas corporaciones internacionales han venido desarrollando tecnologías vinculadas con la producción de semillas estériles, que pueden impedir que los agricultores reutilicen las semillas obtenidas de la cosecha, a menos que sean rociadas con un componente químico determinado. Esto se conoce como la tecnología ‘Terminator’. La introducción de este tipo de tecnología en la agricultura mundial puede tener un efecto devastador, especialmente en los agricultores tradicionales, secuestrando la renovación natural de un recurso que les ha sido propio por miles de años.

Es claro cuál es el origen del cultivo de la papa. Ello constituye un aporte de inconmensurable dimensión de los antiguos peruanos al desarrollo y la alimentación de toda la humanidad. No obstante, a inicios del siglo XXI, no es suficiente preciarse de ese origen. Ahora lo que resulta impostergable es establecer los derechos y las protecciones que correspondan a nuestras variedades de papa, de modo que se evite la biopiratería y que el aprovechamiento comercial de esas variedades, junto con la gloria del origen de su cultivo, se traduzca en beneficios concretos y tangibles para nuestros pueblos originarios. (Gonzalo Gutiérrez)*

(*) Embajador del Servicio Diplomático Peruano.

 


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