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Edición 1921

20/Abr/2006
 
 
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Medio Ambiente Pese a haber sido paralizadas, las obras de recuperación consiguieron devolver su belleza a los humedales de Puerto Viejo.

Aire Nuevo en Puerto Viejo

3 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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La totora empezó a invadir el área antes cubierta por agua. Con una retroexcavadora alquilada al MINANG, se removió la totora y la tierra muerta.

Debido a falta de lluvias del año pasado las lagunas de Puerto Viejo se empezaron a secar, y la totora a invadir el lugar en donde antes había agua y vida. Aníbal Varea vio con frustración que los humedales se estaban muriendo. Once años atrás, su empresa compró esos terrenos en el kilómetro 70 de la Panamericana Sur para construir la urbanización “Las Lagunas de Puerto Viejo”. Se encontraron con un bello paisaje de lagunas no naturales, pero cuya creación posiblemente fue obra de los antiguos chilcas. La zona estaba totalmente descuidada, y se pidió permiso a las autoridades (entre ellos al Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) para –sin costo alguno– hacerse cargo ellos mismos de los humedales de esa notable área ecológica que congregaba diversos tipos de aves y peces. Como muchas de las otras instituciones a las que Varea se dirigió, el Inrena no respondió al pedido.

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Plano aerofotográfico de la zona en Puerto Viejo.

Ante el peligro de perder las lagunas debido a la sequía, había que actuar con presteza. Con la autorización del alcalde de San Antonio, se alquila una retroexcavadora, se contrata al personal necesario, y se empiezan a limpiar la totora de las lagunas. Mediante ese proceso se conseguiría que el agua surgiese nuevamente. Si bien es cierto el paisaje que dejaba a su paso era desolador por la suciedad y el barro producidos por la tierra removida, lo principal era recuperar las lagunas.

Se había conseguido salvar todo un fragmento de la zona, cuando el 21 de marzo llegó una carta del Inrena, exigiendo la paralización inmediata de los trabajos de excavación, aduciendo que estos tenían un impacto negativo en la zona. Varea explica entonces que esto resultaba incomprensible, no sólo porque los resultados favorables saltaban a la vista, sino porque se contaba con el apoyo del reconocido ecólogo peruano Antonio Brack, quien constató que de no limpiarse el humedal, las plantas lo cubrirían y este desaparecería completamente. Aún más, el Instituto de Desarrollo Ambiental Yanavico –que vela por los Pantanos de Villa– respalda las acciones de Varea y su equipo, corroborando que la única parte de los humedales en los que se puede encontrar vida animal es en la que ha sido trabajada. Y aunque Varea confía en que gracias a la rapidez con la que se actuó, los humedales están a salvo, exige que se le explique por qué el Estado impide a la empresa privada la conservación y protección de zonas que él mismo tiene olvidadas.

Lima no Deja

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Varea recibió una carta del gobierno regional de Lima, firmada por Werner Correa, Gerente Regional de Recursos Naturales, acusándolo de infringir la ley. Las obras se tuvieron que parar inmediatamente. No les han permitido alquilar más maquinaria ni cumplir con las horas ya pagadas. Sin embargo, Varea y su equipo no se rinden: los trabajos de rescate en la zona siguen, sólo que a mano.

 


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