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23/Feb/2006
 
 
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Local La angurria farandulera por el Congreso: entre la tinka política y la carencia de docencia cívica. Sociólogo Portocarrero analiza.

Muerde Tu Curul

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Melcochita. Tongo y Don Pedrito, la trilogía de la farándula.

Acostumbrado a ser entrevistado por David Letterman y César Hildebrandt, Pablo Villanueva Branda (a) Melcochita –el 10 de Renacimiento Andino– se pasea orondo por la redacción. “Te he respondido todo” -dice. “Como sea, pero te he respondido.” Al otro lado de la ciudad, Pedro Villalba García (a) Don Pedrito (número 4 por Perú Ahora) se declara como “peruano del Imperio Incaico, pero no discrimino. Amo a los judíos, a los rusos, a los alemanes, a los chinos y a los africanos.”, dice mientras reparte caramelos a los niños. Abelardo Gutiérrez Alanya (a) Tongo –jerga que significa “estafa”–, vestido con la camiseta del 15 de Renacimiento Andino, remata la trilogía con su lógica implacable: “Yo aún no soy político. Cuando lo sea, sabré las respuestas a tus preguntas. Yo digo la verdad y la verdad la digo: con sabidurías de ministerios y estudios superiores no vas a sacar adelante la pobreza”. Son sólo una muestra. También está el cómico Edwin Sierra, el locutor radial “Koko” Giles, Janet Barboza y siguen firmas. Todos aspiran, en virtud de su pertenencia al establishment farandulero, ser premiados con el cargo (y el sueldo) de legisladores peruanos. El elector decide.

¿Votar es Protestar?

Para el sociólogo Gonzalo Portocarrero, el fenómeno social del voto de protesta o de premio esconde una motivación personal además de la económica. Portocarrero enfoca la mirada en el individuo: “recuerda que los personajes del espectáculo y el deporte son individuos que viven del público. No sólo subsisten económicamente a partir de estar en las portadas de los diarios. También es un tema psicológico. Es gente adicta a la visibilidad y a la atención.” No es gratuito que muchos de estos candidatos estén retirados o en el umbral del retiro de sus oficios originales. Tanto Tongo, con sus 27 años de vida artística, como Melcochita, con su prestigio internacional como sonero, se presentan como músicos que ya dieron todo por el país, o por ellos mismos, al menos. Pedro Villalba García (a) Don Pedrito, por su lado, enrostra sus medallas, diplomas y llaves de la ciudad como quejándose de su actual trabajo en un pequeño programa de cocina del canal 27.

La representación política se ha atomizado. “Se habla de pequeños grupos porque son sentimientos algo marginales y susceptibles de ser explotados. El mismo Humala explota este sentir mediante su discurso étnico de identificación, a pesar de que su popularidad es masiva. Más que un factor numérico, la marginalidad es un tema de percepción y sentimientos.”

Mi Odiado Favorito

Existe un sentimiento contradictorio en cuanto al rol del congresista. “Es un cargo muy cuestionado y criticado, pero al mismo tiempo es muy deseado.” Los 2,800 candidatos al Congreso parecen darle la razón al sociólogo. Con estas cifras se ha roto el récord de 1995, año en que se registraron 20 agrupaciones electorales. Además de superar una marca, se empieza a dibujar una empinada curva ascendente. La paradoja es extraña: según todas las encuestas de aprobación de los últimos años, decirle congresista a alguien es casi una mentada de madre. Sin embargo, muchos tientan una curul como si de un honor o premio se tratase. “En el caso de algunos deportistas, como nuestras voleibolistas de Seúl ’88, la curul se entiende casi como un merecido homenaje o reconocimiento a alguien que le ha dado muchas alegrías al país.”

Susy Díaz: 10 mil Votos en 1995

Si hablamos de antecedentes, los dos triunfos ediles de Belmont y la sorpresiva elección de Fujimori sentaron un precedente en la tendencia apolítica de los noventas. El caso de Susy Díaz fue emblemático. Ivonne Susana Díaz Díaz (a) Susy Díaz fue congresista durante el período 95-2000, y única miembro electa del MIA (Movimiento Independiente Agrario). Luego de su infértil paso por el Parlamento –presentó 121 proyectos de ley y sólo aprobaron 32. Entre sus propuestas estaba formalizar la labor de los curanderos–, amenazó con postular a la alcaldía de Ate Vitarte, se inscribió en Sí Cumple y en Vamos Vecino, y compuso –en el colmo de la frescura, pues admitió haber visitado a Montesinos en tres ocasiones y habría recibido 40 mil dólares por no asistir a una importante sesión del pleno– “El Baile del Tránsfuga”.

Al respecto, algunos actores de nuestra política se pronunciaron en su momento intentando dar una explicación convincente de lo sucedido. Lourdes Flores Nano, en ese entonces (1995) congresista del PPC, argumentó que se trataba de un voto de protesta y descontento. “Votaron por ella aquellos que sentían que el sistema debía ser puesto a prueba. Remecido.” Jorge Salmón, quien antes de ser alcalde de San Isidro fue publicista y dirigió diversas campañas políticas, aseveró que quienes votaron por Susy Díaz fueron quienes no sabían o no querían saber que es necesario tener conocimientos específicos para estar en el Parlamento. “Creo que hay un problema de minusvalización de lo que significa ser líder en el país”, dijo Salmón en ese entonces. Alfonso Barrantes Lingán, por su lado, fue más categórico en sus declaraciones al libro “Susy Díaz: anatomía de una democracia”, del periodista Carlos Chávez Toro: “¿Por qué sorprende que Susy Díaz haya sido elegida congresista? ¿Acaso también no salió elegido Fujimori? La explicación de eso es que los políticos no hemos hecho docencia cívica y entonces nuestro pueblo responde a veces con humor antipolítico”.

Los 10, 280 votos que obtuvo Susy Díaz en las elecciones de 1995 la ubicaron en la posición número 61 entre los 120 congresistas electos. Las preferencias del público la colocaron entonces por encima –numéricamente– de personajes como Beatriz Merino y Javier Alva Orlandini. Más de 10 años después, la ex congresista podría ir presa como resultado de su pintoresco, inútil, y ojalá aleccionador, paso por el Congreso. (Carlos Cabanillas)

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