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16/Feb/2006
 
 
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Personajes Un sacerdote inglés con alma cajamarquina.

Los Rostros de Garnett

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El padre Garnett prepara actualmente un ensayo sobre la necesidad del conflicto para la realización del acto creativo.

Antes de llegar al Perú, en su natal Inglaterra, Miguel Garnett fue subteniente de infantería de las Fuerzas Armadas Británicas, Maestro de Artes por la Universidad de Oxford, Licenciado en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma y finalmente se ordenó sacerdote en 1965. Un tiempo después fue enviado al Perú, en donde se quedaría por voluntad propia; adoptó la nacionalidad en 1974 y se asentó en Cajamarca, donde desarrolló otras habilidades: Pintor paisajista, practicante de reflexoterapia, karateca (cinturón negro, tercer dan) y, por encima de todo, escritor. Su primera novela, ‘Catequil’, publicada a comienzos de la década del 90, es considerada por intelectuales como Zein Zorrilla la mejor obra de ficción que se haya escrito sobre la temática terrorista, y además tiene el valor de haber aparecido en un momento en que Sendero batía las alas con fuerza. La visión de pueblos serranos desangrándose entre dos fuegos fue anunciada por Garnett con estremecedora exactitud. Hoy ya lleva publicadas seis novelas –la última de las cuales, ‘A Ojo de Pájaro’, ha recibido halagüeñas críticas–, además de poemarios y obras de teatro.

–¿Cómo se conjuga la labor del sacerdote con la filosofía del karate?
–Yo digo en broma que es algo muy bíblico: es mejor dar que recibir. Pero hablando en serio, fíjate que el karate es a mano abierta y su color es el blanco. Tienes que meditar y mantenerte limpio para practicarlo. No es una cuestión de violencia.

–Desde que usted llegó al Perú hasta el día de hoy, ¿podría decirse que estamos mejor?
–Estamos en crisis desde que yo recuerdo. El golpe a Belaunde, el gobierno militar, Sendero Luminoso... aunque muchas cosas han cambiado para bien. Pero no hemos mejorado con respecto al racismo y la discriminación. Es un problema más grave que la pobreza.

–¿Se puede definir al Perú?
–Es fascinante, escalofriante... por algo dicen que es el país de las maravillas.

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