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Seguridad Militares y secuestradores ultimaron el golpe sin imaginar que la Policía.

Final de Fuego

6 imágenes disponibles FOTOS 

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Los primeros en irrumpir en la tienda del empresario fueron los hampones Carlos Mendoza y César Valera. Ellos fueron abatidos en pocos minutos por la Policía.

“¡Bingo!”, exclamó uno de los agentes de la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior (Digimin). “Es él”. Tras varios días de seguimiento, por fin el objetivo aparecía a la vista: Walter Yacila Casusol, 36 años, alias ‘El Jefe’.

Si la fuente no mentía, Yacila Casusol era el cabecilla de una temible banda de asaltantes de Lima. Un hombre peligroso, duro y de sangre fría.

El dato lo había proporcionado un miembro de la misma banda de Yacila Casusol. No se conoce con exactitud por qué decidió traicionarlo, pero lo cierto es que, a mediados de enero, se apareció en la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), en la avenida España, dispuesto a contarlo todo.

La Dirincri maneja, desde hace años, una red de informantes a sueldo. Hampones, pillos y secuestradores, algunos presos y otros sueltos en plaza, brindan cierta información valiosa a cambio de dinero. Les dicen los “fites”.

Pues bien, el nuevo “fite” contó que la banda de Yacila Casusol era autora de los principales golpes delincuenciales de los últimos meses. Atracos y plagios, eran sus especialidades. Yacila Casusol ordenaba prolongados seguimientos a sus víctimas y vigilancias puntillosas a sus objetivos antes de atacar.

La mayoría de las organizaciones criminales efectúa reglajes a sus presas, pero esta banda aplicaba tácticas militares y utilizaba armas castrenses, dijo el ‘fite’. ¿Había una razón para ello? Por supuesto: Yacila Casusol era nada menos que un miembro en actividad del Servicio de Material de Guerra del Ejército.

Los policías no lo creyeron hasta que descubrieron al cabecilla saliendo del Cuartel General del Ejército, la semana pasada. Agentes de la Digimin lo siguieron desde San Borja hasta Pueblo Libre. Viajaba en el automóvil BOG-437 junto a uno de sus más cercanos compinches: un efectivo del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), el suboficial EP Jorge Canchahuamán.

Ambos ingresaron al cuartel Bolívar y afinaron allí los detalles de su próximo golpe: el secuestro del empresario Juan Cueva Sánchez, gerente general de la Corporación Credisol, distribuidora de los productos Panasonic.

Para la ocasión, Yacila Casusol convocó a cuatro malhechores de peso: Andrés Arévalo (41), un ex ‘destructor’, Carlos Cornejo (29), César Valera (34) y Jhonny Roldán (33). El plan era aparentemente sencillo: dos de ellos irrumpirían armados en la tienda del empresario, en San Juan de Miraflores, robarían todo el dinero disponible (US$ 280,000) y luego lo secuestrarían.

Afuera esperaría Yacila Casusol con los vehículos y un contingente armado para “chalequear” el botín. Todo estaba debidamente calculado, pero había un elemento perturbador que ellos no imaginaban: la Policía ya lo sabía todo.

“¡Es un Secuestro!”

Gracias al ‘fite’, la División de Investigación de Robos (DIR) supo que el secuestro-robo ocurriría la noche del lunes 6 de febrero. El delincuente, César Valera, alias ‘Pito’, se las había ingeniado para obtener un plano del local de San Juan de Miraflores a través de una de las trabajadoras del empresario.

En el primer piso del establecimiento se venden artefactos, pero la segunda planta era la importante. Allí están las oficinas administrativas y el dinero. Los cacos sabían que el 6 de febrero, Cueva pagaría las planillas de sus empleados.

Ese día, la DIR y la Subunidad de Acciones Tácticas (SUAT) llegaron al local a las 8 de la noche. Algunos agentes se confundieron entre el público disfrazados de vendedores ambulantes y otros aguardaron dentro de la tienda.

A las 8:30 p.m., 34 empleados se marcharon, pero en el local quedaron el gerente Cueva y tres trabajadores. En esos instantes, aparecieron –bien trajeados y peinados– los hampones Carlos Mendoza y ‘Pito’. Otros dos, Andrés Arévalo y Jhonny Roldán, bloquearon la entrada. “¡Esto es un secuestro!”, gritaron rastrillando sus AKM. Fue entonces cuando la Policía atacó.

Los hampones abrieron fuego, pero ya estaban perdidos. Los proyectiles policiales les impactaron en la cabeza y el cuerpo. Murieron los cuatro.

Afuera, el suboficial EP Yacila Casusol y seis de sus compinches cayeron sin que se disparara un solo tiro. Algunos vestían uniformes del Ejército.

Hasta el momento, se les ha atribuido cinco asaltos y al menos un secuestro este año, pero llevaban ya varios meses operando. El hecho, en todo caso, es notable porque se trató de policías cazando a militares deshonestos.

El año pasado, por cierto, se desarticularon 75 bandas criminales en Lima y 264 delincuentes fueron detenidos por efectivos especializados de la Dirincri.

Las investigaciones policiales recientes indican que Yacila Casusol proveía a la gavilla de fusiles del Servicio de Material de Guerra del Ejército. El martes 7, un coronel de esa unidad acudió a la Dirincri y pidió la reserva del caso. Voceros del Ejército alegaron que no podían hacer comentarios al respecto.

Por lo pronto, los implicados ya empezaron a cantar y no se descarta que, en los próximos días, haya más militares comprometidos en la red que la Policía ha bautizado como ‘Los Sanguinarios del Sur’ (Nelly Cavero).

 


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