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Edición 1894

06/Oct/2005
 
 
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Historia El Barrio Chino de Capón festeja 150 años. Mestizaje y pujanza representados en históricas fotos en blanco y negro.

Memoria de Oriente

9 imágenes disponibles FOTOS 

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Los comerciantes de fines del S. XIX caracterizan la segunda fase de la inmigración china estampando su sello de prosperidad en el vestir.

“Somos el único barrio étnico del Perú, país que nos ha distinguido y brindado la posibilidad de tener aquí un pedacito de China, una perla del oriente, donde podemos vivir como chinos”, dice alborozado Luis Yong, médico de profesión, actual propietario del renovado e inolvidable restaurante San Joy Lao y estudioso de la integración cultural peruano-china. En efecto, cual universo paralelo al resto de la ciudad, las calles Capón, Andahuaylas, Paruro y Huanta conforman un dinámico espacio urbano en el que los descendientes de los primeros inmigrantes chinos mantienen sus tradiciones y credos, festejan sus celebraciones, se reencuentran en asociaciones, tienen sus propios periódicos y concentran los más deliciosos aromas y sabores de la comida china.

Los primeros chinos comenzaron a asentarse en los alrededores del Mercado Central a fines de la década de 1850, liberados ya de los contratos de trabajo que los trajeron al Perú en 1849 como mano de obra barata para las haciendas azucareras, el ferrocarril central y las islas guaneras. Formaban parte de la segunda gran etapa de la inmigración china que se inició con el paulatino traslado del campo a las ciudades pequeñas y luego a Lima para establecerse como comerciantes o artesanos.

“Un grupo importante se concentró específicamente en la residencia Otayza. Allí dormían, vivían, comían y trabajaban unas 3000 personas hasta que el alcalde Guillermo Billinghurst ordenó derruir todo el solar con la idea de que los chinos se irían del centro de Lima, pero ocurrió todo lo contrario: se extendieron por todas las calles adjuntas e hicieron de Capón el corazón del barrio chino”, explica el doctor Yong.

Con la experiencia adquirida en la administración de los tambos –mezcla de cantina, café y surtida bodega de las haciendas- y su innato espíritu comercial, establecen pequeñas bodegas para la venta de abarrotes. Luego incursionan en el negocio de los restaurantes y haciendo de la frase ‘barriga llena corazón contento’ un mandato, extienden y popularizan los chifas al punto de que en la actualidad constituyen el mayor ejemplo de integración cultural.

El Perú alberga a la comunidad china más importante de Latinoamérica con alrededor de 3 millones de peruano-chinos, muchos ya no llevan un apellido oriental pero forman parte de una estirpe de pujanza y laboriosidad.

Actualmente la calle Capón es un bulevar peatonal cubierto por 28 mil baldosas rojas donde han grabado su nombre 20,000 familias peruano-chinas haciendo honor al ideograma de la portada de ingreso al barrio chino:“Bajo el cielo todos los hombres son iguales”.

Este año, en coordinación con la Municipalidad de Lima se han programado diversas actividades conmemorativas y entre los planes futuros de los miembros de las asociaciones chinas está la colocación de un nuevo arco chino en la intersección de la calle Ucayali con Abancay, así como la construcción de una pagoda y de un puente peatonal que una el barrio chino con el damero de Pizarro. (Ruth Lozada)

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