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Edición 1894

06/Oct/2005
 
 
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Internacional A 15 años de su reunificación, un voto que asombra al mundo.

La Sorpresa Alemana

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El embajador Kliesow admira las culturas antiguas del Perú y ha visitado 20 veces el Cusco.

Roland Kliesow, embajador de Alemania en el Perú, nació en 1941, el día del ataque japonés en Pearl Harbor. Su padre, que “era técnico, pero inteligente”, dijo: “esta guerra se va a perder”, y llevó a la familia a un pueblo remoto de Baviera. Allí no se vio la guerra. En 1945, al final del conflicto, un tanque arribó. “Un soldado negro norteamericano me regaló una naranja, la primera de mi vida”. A los 14 años, su padre le obsequió un disco de música andina. Allí nació su fascinación por el Perú.

Socialdemócrata, apegado al carácter profesional de la diplomacia, el embajador esclarece la coyuntura de su país. Los socialdemócratas tienen 222 asientos en el Parlamento; los democristianos, 226. Se necesitan 307 para formar mayoría.

–¿Cuál es el balance de la unificación?
–Creo que dos son los aspectos más importantes. Uno es que 18 millones de alemanes han ganado la libertad, la libertad personal y la libertad política. El segundo es que Alemania se unificó con el apoyo de sus vecinos, con los cuales vivimos hoy integrados pacíficamente en una Europa con veinticinco países miembros.

–¿Cuáles son los problemas subsistentes?
–Hay problemas, y problemas severos. En el proceso de unificación se cometieron también errores; pero la unificación de dos estados no se hace cada día. Faltaba, entonces, experiencia. Es un proceso con problemas. A quince años de la unificación diría que es la mitad del camino de una integración total. Algunas cosas se lograron muy bien, sobre todo las materiales: remodelación de ciudades, nuevas carreteras, nuevas líneas férreas, nuevos medios de comunicación. Los problemas empiezan en las mentes. Alemania sólo por partes se ha unificado. Una prueba es que en las recientes elecciones, 30 por ciento de los alemanes del Este han votado a favor de un partido neocomunista. Allí uno ve algo como una nostalgia con respecto al régimen comunista anterior.

–¿Es ese el partido en que también está Oskar Lafontaine?
–Sí. Es la fusión del antiguo partido comunista de Alemania Oriental junto con un sector frustrado de los socialdemócratas, que no quisieron seguir a Gerhard Schröder en el camino de reformas que, es cierto, son duras.

–Hay una tradición alemana de dispersión, puesto que sólo a principios del siglo XIX se inicia el proceso de unificación. ¿No dio eso mismo una riqueza y variedad cultural? Uno piensa en Goethe y la corte de Weimar; en Bach, yendo de principado en principado.
–Es cierto, en el siglo XVII Alemania estaba dividida en 325 estados, algunos con sólo algunos kilómetros, con sus propios príncipes y reyes. Era un caos. Napoleón ordenó ese caos, reduciendo el número a unos 25. Pero, usted tiene razón, esto produjo una enorme riqueza cultural. Todavía hoy aprovechamos de ciudades como Hamburgo y Munich, que son tan importantes como Berlín. Sus obras, sus teatros, pueden competir con Francfort y Berlín. Eso impide que todo se concentre en la capital.

–En las elecciones de Alemania se ha producido un casi empate entre los dos partidos mayores, pero se sabe que durante el gobierno socialdemócrata ya había cierta convergencia. ¿No facilita esto la llamada Grosse Koalition, la Gran Coalición?
–Es una situación contradictoria. El socialdemócrata es un partido tradicional de trabajadores. El demócrata cristiano es un partido tradicional burgués. Siempre se opusieron, pero, como usted lo dijo, en los últimos años se ha visto que para ciertos problemas que tenemos, sólo hay un remedio. Por ejemplo, todo el servicio de salud es demasiado caro. Los dos grandes partidos hicieron, hace año y medio, juntos, una reforma de los servicios de salud. Lo mismo vale para la reforma de las jubilaciones y para una del mercado de trabajo, donde se requiere más flexibilidad.

–Embajador, el conservador Otto von Bismarck fue el creador de la seguridad social en el mundo; pero lo hizo porque los socialistas avanzaban con esa bandera.
–Bismarck fundó el seguro para luchar más fácilmente contra los socialdemócratas, diciendo: “nosotros ya hicimos las reformas; no necesitamos a la izquierda”.

–Un problema que parecía conducir a la derrota de Schröder es el alto índice de desempleo. ¿A qué se debe éste?
–Tenemos una tasa de desempleo de diez por ciento, desde hace mucho tiempo y pese a muchos esfuerzos. Pero el problema es que el desempleo en Alemania del Este es mucho mayor que en el Oeste. En Alemania del Este hay, por supuesto, núcleos, como Leipzig y Dresde, industrializados y con alta tecnología. Allí el desempleo es bajo; pero en otras regiones de Alemania del Este es de treinta por ciento o más. Son zonas de pobreza, de tristeza. Allí se quedan los viejos, los que no tienen trabajo.

–¿El alto desempleo surgió con Schröder o viene de atrás?
–Surgió con el primer ministro demócrata cristiano Helmut Kohl. Pero como ocurrió con Alejandro Toledo, que prometió trabajo pero no fue capaz de generarlo, Schöder dijo al principio de su primer mandato: “les prometo que voy a reducir el desempleo a la mitad”.

El Factor Kirchhof

Angela Merkel encabezaba las encuestas, hasta que su probable ministro de Finanzas Paul Kirchhof propuso reducción de impuestos e igualdad de impuestos para ricos y pobres. ¿Por qué golpeó tanto esa propuesta?
–La idea de Kirchhof es una tasa de impuestos de 25 por ciento para todos. Pero con márgenes exceptuados de impuestos. Por ejemplo, un trabajador tiene una suma de, digamos, 1,500 euros mensuales libres de impuestos. Si tiene familia, tres mil euros están libres de impuestos. En la campaña electoral, Schröder ha luchado con el argumento de que Kirchhof quiere que ricos y pobres paguen la misma tasa de impuestos, lo cual en el fondo no es verdad.

–El argumento pesó.
–La democracia cristiana tenía un pronóstico de 50 por ciento de los votos, es decir, mayoría absoluta. Ahora ha llegado a 35 por ciento.

–¿Se viene la Gran Coalición?
–En algunos campos, los dos partidos pueden concordar. Ciertamente será un programa limitado. Racionalmente y con sangre fría pueden cooperar por tiempo limitado.

–¿Y no sería posible, no una Grosse Koalition, sino una kleine (pequeña) Koalition con los verdes y la nueva izquierda?
–Una posibilidad es socialdemócratas con los verdes y los liberales. Otra coalición podría ser de demócratacristianos con los verdes y los liberales. Pero eso significa que los dos pequeños ponen en riesgo su existencia. Ellos han dicho que no quieren ir con uno de los dos grandes partidos. No hay otra alternativa que la Gran Coalición. (César Lévano)

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