martes 16 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1893

29/Set/2005
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre Elecciones 2006VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Espectáculos A 7 años de su muerte, y en pleno rescate televisivo de ídolos populares, se graba miniserie sobre Augusto Ferrando.

Trampolín a la Serie

4 imágenes disponibles FOTOS 

1893-ferrando-1-c.jpg

Elenco de la miniserie: Ferrando interpretado por Antonio Solís. Junto a él, Ismael Contreras es Carbajal, Mirtha Patiño es la “Gringa Inga” y Américo Zúñiga es “Tribilín”.

–¿El mejor presidente que ha tenido el Perú?
–¡Augusto Ferrando!

Augusto Ferrando, CARETAS 1504

En una época en la que existe una reevaluación de lo popular en la TV peruana (con fines menos sociológicos que mercantiles, ver recuadro), una miniserie acerca de uno de los iconos e iniciadores de esta cultura en el Perú era inevitable. Padre y prócer de la TV basura, animador del programa más longevo de la TV peruana, Augusto Ferrando fue cúspide, bastión y encarnación de la cultura criolla entendida en una simple tetralogía de virtudes: poner apodos (“Tarzán de maceta”), hacer chistes (consolidó su gracia haciendo reír en velorios chilenos, donde su familia vivía en el exilio político), crear frases (“Va pa’ la peña”) y descubrir talentos (de Lucha Reyes al ‘Ronco’ Gámez, del ‘Loco’ Ureta a Miguel Barraza).

Pero, claro, las bondades de la picardía limeña son sólo el positivado de un negativo en el que sobresalen la informalidad, el racismo, el machismo y el aprovechamiento, es decir, los peores vicios que se le puedan atribuir a la ‘pendejada’ peruana. Él, así, hizo suyas todas las contradicciones de un ánimo nacional extremo, y las materializó en su temperamento de megalómano llorón, zambo de ínfulas italianas, racista compasivo y católico incestuoso. Ahí radica su humanidad, y probablemente también su plaza de tótem en el imaginario popular, donde su presencia tiene mucho que ver con su demagogia, su condescendencia al ‘pueblo’, y con intuir lo que éste gustaba. No sólo en el plano artístico, donde tuvo méritos como escribir libretos ingeniosos o ‘descubrir’ a Lucha Reyes, sino también fijando algunos lemas nacionales que configuraron, como un espejo verbal, la visión que los peruanos tienen de sí mismos. “No nos ganan” (el antepasado directo del “Sí se puede”) o “Lo digo con lágrimas en los ojos” representan bastante bien la emoción y sensiblería peruana. Apreciar eso puede ser más provechoso que despotricar desde la unívoca visión que caricaturalmente (¿se puede, acaso, exagerar una hipérbole?) lo masacró en vivo en el ya mítico ‘Fuego Cruzado’ que presentó a Magaly Medina, acaso su más fiel continuadora –entonces crítica de TV del desaparecido ‘Oiga’–, como una detractora gruesa y feroz.

Por supuesto, un personaje de esa magnitud no podía estar exento de una leyenda negra que explique el infortunio en el que recayeron quienes lo sobrevivieron (todos sus hijos salvo Juan Carlos Ferrando; el carismático ‘Tribilín’, lavando buses en La Parada), un nutrido folclor solventado por cierta prensa de espectáculos. Pero es claro que la famosa ‘maldición’ no es más que la consecuencia lógica de la caída de un ‘régimen’ personalista, el antisistema que deja al resto desprovisto y desarticulado con la caída del caudillo. Como se sabe, nadie del elenco tuvo contrato siquiera con Panamericana, Ferrando pagaba los sueldos de su bolsillo (muchas veces propinas), porque obviamente no podía (no quería) costear una planilla decente. En ese sentido, fue hasta 1998 prehistoria viva televisiva, manteniendo un formato extinto en un programa que ya en los 80’s era 20 años anacrónico. Prácticamente, una metáfora nacional. Sin embargo, es posible ver en esa maldición una lección de sabiduría popular: la satanización del ídolo que finalmente cosechó lo que sembró.

Fraselogía Augusto

1893-ferrando-5-c.jpg

-Siempre contigo.
-Va' pa' la peña.
-No nos ganan, por mi madre, que no nos ganan.
-Para todo el mundo.
-Yo lo descubrí.
-No te pares negrito lindo.
-Sale caliente.
-Te hicieron el avión.
-Un comercial y regreso.
-Lo digo con lágrimas en los ojos.
-Yo nunca te he engañado primito.

“Para mí, el gran problema es la falta de comunicación en general. Su padre no lo para cuando se enamora de Meche, su prima. Cuando se casan, ella es una mujer débil que no lo puede enfrentar. Tampoco sus hijos. Ni siquiera el Estado o la sociedad, que en algún nivel ahora funcionan mejor que en ese momento, ya que hay horarios de protección al menor. Su programa hoy sería imposible, él pasaba por encima de todo el mundo, nadie le puso frenos”, es el comentario de Antonio Solís (34), el autor escogido para interpretar la mayor parte de los 24 capítulos con los que cuenta la producción de las hermanas Crousillat. La ficción inicialmente se habría debido transmitir en ‘Panamericinco’, el canal donde Ferrando realizó prácticamente toda su carrera, pero por desavenencias con Genaro Delgado-Parker (quien exigió leer antes el guión, algo que no fue aceptado, por lo que anunció para un futuro una serie propia) finalmente se emitirá por Frecuencia Latina.

“Cuando yo buscaba el animal que me ayude a trabajar al personaje –asegura Solís–, encontré el caballo, un caballo desbocado. Él tenía movimientos equinos, incluso su risa lo era. Pero sobre todo porque iba adelante sin mirar a los lados, su único objetivo era llegar a la meta”, prosigue. “Él no se condujo bien en muchos sentidos, y como dicen: ‘acá la haces, acá la pagas’. Se comportaba como un ministro, los presidentes eran sus amigos, tenía valija diplomática. Su negocio era descubrir talentos para explotarlos. Era una rata. Pero creo que su éxito radicaba en ser sincero. Él en TV no era una santa paloma, no tenía doble cara, trataba mal a la gente, pero eso a la gente le gusta. Yo he llorado de risa viendo sus programas. Cuando alguien se cae, la gente se ríe”. Sin embargo, añade Solís, él no puede odiar al personaje, tiene que entenderlo. “Para mucha gente él dio oportunidades. Nadie es bueno ni malo”, finaliza.

La miniserie se ha propuesto relatar más su vida que su carrera profesional, por lo que una buena parte de los 24 episodios estará destinada a retratar a un Ferrando familiar, conflictuado también por lo que Julia Ferrando, hermana de su esposa, también prima hermana de él y a la postre su segunda mujer, significaría en su vida. De ahí que los personajes secundarios de ‘Trampolín a la Fama’ no posean historias propias (muchas de ellas darían para sendas miniseries, como la de la ‘Gringa Inga’) y se resignen a papeles breves, incidentales.

En cualquier caso las grabaciones continúan, y aunque aún no se cuenta con una fecha de estreno, se espera ver a Augusto Ferrando naciendo en el stud Alianza, propiedad de Augusto Leguía (dictador al que le debe el nombre), el próximo octubre. (Jerónimo Pimentel)

La Tele Popular

El pequeño boom de los ídolos populares televisados.
1893-ferrando-6-c.jpg

El éxito de “Dina, La lucha por un sueño” permitió un pequeño boom de miniseries. Al lado, Gustavo Cerrón es Chacalón.

Después de las exitosas producciones realizadas por Eduardo Adrianzén y Michel Gómez a comienzos de los 90’s (“Regresa”, “Tatán”, “Los de arriba y los de abajo”, etc.), la ficción popular no tuvo mucho espacio en una TV tirada a recobrar un espacio alto-frívolo-juvenil, rentablemente planteado por Iguana en “Obsesión” y “Torbellino”. Ha tenido que pasar más de una década para que la TV nuevamente apunte su antena hacia los estratos masivos, y ha sido un boom. “Dina, La lucha por un sueño”, dedicado a la cantante folclórica Dina Páucar, descubrió a propios y extraños, 30 puntos de rating mediante, que la celebrada emergencia económica de los habitantes de Lima Norte necesitaba un correlato televisivo. Rompió un mito, también, superando la audiencia de Magaly Medina, quien momentáneamente tuvo que resignar posiciones ante la diva en polleras. A ello le sucedió la no menos visionada miniserie sobre “Chacalón, El ángel del pueblo”, dedicada al icono de la música chicha, quien también alcanzó un auditorio otrora sólo reservado a los partidos de fútbol importantes. La racha, sin embargo, tuvo un fuerte bajón con el pobre rating alcanzado por la más telenovelesca “María de los Ángeles”, inspirada indirectamente en la también cantante Sonia Morales. Sin embargo, fuera de los logros comerciales de dichas producciones, uno de los méritos de estas series ha sido descubrir nuevos actores con proyección, como en el caso de Magdiel Ugaz (Dina) o Gustavo Cerrón (Chacalón). Dependerá de ellos -como en el caso de Antonio Solís- desligarse de los caracteres que les dieron fama para reformular sus carreras.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista