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Personajes Juliane Koepcke, única sobreviviente del accidente de LANSA en 1971 y un escenario trágico que se repite.

Pucallpa, Otra Vez

7 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Real calamitoso. El drama de Juliane fue interpretado por la actriz inglesa Susan Penhaligon en 1972.

En el cementerio de Pucallpa, capital de la región Ucayali, a pocas lápidas de distancia del lugar donde fueron enterrados la semana pasada los muertos del accidente aéreo de TANS, destaca un mausoleo con una inscripción: Alas de Esperanza. En ese sepulcro descansan los muertos de otro accidente también ocurrido en Pucallpa pero en 1971, en el que murieron 91 de los 92 pasajeros.

El avión de Líneas Aéreas Nacionales S.A. (LANSA), un Lockheed L-188 Electra turbo de cuatro hélices, había salido del aeropuerto Jorge Chávez de Lima con destino a Pucallpa la mañana del 24 de diciembre de 1971. Entre los pasajeros estaban las alemanas Juliane Koepcke, de 17 años, que entonces estudiaba en el colegio Alexander Von Humboldt de Lima y su madre, María Mikulicz Radecki, que era jefa del departamento de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Iban a la selva central a pasar la Navidad con Hans Koepcke, padre y esposo, también de la UNMSM que se encontraba en Pucallpa investigando especies animales.

“Yo estaba al lado de la ventanilla, a la izquierda mi mamá y después otra señora. El paisaje estaba lindo y se veía cerca, cerquísima, me daba cuenta que estábamos volando muy bajo, más bajo que nunca, hasta que vi por la ventana algo parecido a un resplandor y después no me acuerdo”. Lo contó Juliane en un artículo de César Hildebrandt en CARETAS 450 de enero de 1972. “Me desperté sentada en mi asiento, había tres muertos a mi alrededor, creía que era una pesadilla y me volví a dormir”.

Cuando despertó nuevamente se encontró en medio de la misma pesadilla: fierros retorcidos y humeantes, butacas, maletas, ropas desparramadas y cuerpos inertes, entre los que se encontraba el de su madre. Días más tarde, cuando llegaron los rescatistas, describirían así el escenario: “Espantoso. Los asientos están desparramados en un área de quince kilómetros, los cuerpos están destrozados, algunos colgando de los árboles”.

La causa del accidente de 1971 (“estábamos volando muy bajo, más bajo que nunca”, recordó Juliane) debió ser la misma del accidente del Boeing 737-200 de TANS (CARETAS 1888) que dejó un saldo de 41 muertos. El piloto habría estado volando a baja altura para evitar el cielo tapado y poder vislumbrar la pista de aterrizaje, cuando una ráfaga de aire descendente habría arrojado la nave a tierra sin dar tiempo de aumentar la potencia de los motores y ascender.

Cualquiera haya sido el caso, Juliane estaba en medio de la selva, entre árboles inmensos que apenas dejaban entrar la luz. Soportando el horror que debieron producirle los cadáveres, y antes de que felinos y animales de rapiña entraran a escena, tomó algo de comida y empezó a caminar en busca de un río. Sabía que su curso la conduciría tarde o temprano hacia la civilización. “Es una chica amante de la naturaleza”, relataron amigos. “Puede imitar el ruido de una tarántula, nombrar a muchos pájaros por su nombre en latín”. Sin embargo, esos conocimientos, trasmitidos por sus padres zoólogos, no la protegieron de los bichos, convirtiéndose en centro de una encarnizada orgía de insectos, especialmente de la mosca Tornillo. “Mientras se alimenta de sangre humana, deposita sus larvas bajo la piel”, explica Gerardo Lamas, del Museo de Historia Natural. “Las larvas, cebándose en grasa y tejidos, se convierten en gusanos que producen dramáticas infecciones subcutáneas”.

Tras nueve días de caminata fue encontrada por unos pobladores. Tenía la ropa hecha jirones, la piel en carne viva, la clavícula rota. Estaba desfalleciente pero viva. Dio detalles sobre la zona del siniestro y pronto patrullas militares y civiles ubicaron el avión pero sólo para confirmar que no había ningún otro sobreviviente. Según investigaciones posteriores, otros pasajeros también habían sobrevivido al impacto pero habían muerto por las heridas y por la falta de conocimiento de técnicas de subsistencia. La selva se los tragó.

La sorprendente aventura de la única sobreviviente de 17 años dio la vuelta al mundo. Desde Life en EE.UU. hasta Stern en Alemania publicaron grandes artículos. En 1998 Juliane Koepcke regresó a la selva peruana para filmar el documental Wings of Hope (Alas de Esperanza), 1999, dirigido por Werner Herzog. Pero la historia ya había sido llevada al cine. A menos de un año del accidente, el director italiano Giuseppe Scotese llegó a Pucallpa con la actriz inglesa Susan Penhaligon a filmar Milagro en el Infierno Verde, 1974. Con grandes dosis de neorrealismo, convirtió en actores a los pobladores que encontraron a la muchacha, hizo traer los verdaderos restos del fúnebre Lockheed L-188 Electra de LANSA, vistió adecuadamente en estrecho vestido camisero a la Juliane ficticia y, en medio de la humedad y los mosquitos, gritó: ¡Acción!

Hoy, treinta y cinco años después del episodio , la bióloga Juliane Koepcke todavía se queja de que, cada vez que sucede un accidente en el Perú, la llaman hasta Alemania para rememorar su fabulosa hazaña de supervivencia y amor a la vida.

 


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