viernes 19 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1859

03/Feb/2005
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Block de Notas
Sólo para usuarios suscritos Iván Thais
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Entrevistas En Trujillo, al pie de la Huaca de la Luna, Laura Restrepo anuncia que su próximo libro tendrá la impronta de Vallejo.

El Lugar de Laura

2 imágenes disponibles FOTOS 

1859-restrepo-1-c.jpg
Laura Restrepo, Premio de Novela Alfaguara 2004 (Delirio), invitada de honor a la II Feria del Libro de Trujillo –evento que recibió un promedio de 10 mil personas diarias en 10 días, cifra más que alentadora para una ciudad que tiene 733 mil habitantes–, visitó por segunda vez (la primera fue en el 2001) la Huaca de la Luna y quedó deslumbrada con los hallazgos que cada día aparecen en el monumental vestigio Moche. También recorrió los lugares en los que vivió y estudió el poeta César Vallejo, cuya vida y obra ella conoce, ama y admira desde la adolescencia.

“Uno no hace esos viajes si no es porque se va detrás de sus grandes mitos”. La escritora colombiana Laura Restrepo se refiere a la “peregrinación” que hizo hace 4 años a Santiago de Chuco para conocer aún más al poeta amado. En su última visita a Trujillo, la semana pasada, invitada por la Feria del Libro, Laura tuvo también la oportunidad de conocer la pensión donde vivió Vallejo entre 1913 y 1917. El cuarto N° 7 de la vieja casona, en la esquina de las calles Orbegoso e Independencia, es grande y ventilado. Está vacío, guardando sus memorias. “Qué alegría –comenta Laura– aquí no debe de haberla pasado nada mal”.

–¿Las novelas fundamentales en su vida?

–“Los Ríos Profundos” de Arguedas, “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, “El evangelio según Jesucristo” de José Saramago y “El gatopardo” de Tomasi de Lampedusa.

–Usted ha dicho: fui y soy trotskista...

–Sí, yo soy la “Mayta” de Mario Vargas Llosa.

–A propósito de Vargas Llosa, ¿lo conoce?

–Solo he tenido contacto con él una vez, cuando lo entrevisté para la revista “Semana”. Me sorprendió gratamente la capacidad que tenía de hablar sobre su propia obra sin falsa modestia y al mismo tiempo sin petulancia. A él comencé a leerlo a los 14 años y su obra te la recito de memoria, toda.

–Políticamente no debe quererlo tanto...

–Bueno, he pasado años renegando de él políticamente y grito maldiciones cada vez que hace declaraciones políticas, pero lo admiro literariamente...¿Sabes a qué le tengo pánico?

–¿A qué?

–En realidad le tenía pánico a los leprosos porque hoy, no hay colombiano que le tenga pánico a nada... entonces cuando leía “La casa verde”, el personaje de “Fushia”, el japonés leproso me aterrorizaba tanto que cuando me iba a dormir dejaba el libro en el garaje porque no quería tener a “Fushia” en mi cuarto.

–¿Qué es lo que más recuerda de su viaje a Santiago de Chuco?

–Yo fui justo cuando se realizaban las fiestas patronales y me pareció fascinante descubrir que en ese pueblo las dos fuerzas tutelares eran el apóstol y el poeta.

–¿Qué más hacía en Santiago...?

–Pues me iba por ahí por las parcelas con “Trilce” en la mano y cuando se me arrimaba alguien le preguntaba si entendían lo que quería decir Vallejo. Unos me respondían que lo que escribía Vallejo eran poemas de amor para su prima. Otros, que a veces no lo entendían pero que igual lo amaban. La gente de allí es muy linda... también recuerdo...

–¿Qué?

–Mira, Santiago apóstol –la escultura que hay en Santiago es colonial, muy chiquitita– está montado en un caballo rampante y abajo tiene una serie de cabezas, ya que es Santiago matamoros, y yo les preguntaba a los pobladores si sabían quienes eras esos condenados que el caballo aplastaba y ellos me decían: son los chilenos... Ocurre que además, en una de las procesiones estupendas se llega a un lugar donde supuestamente Santiago hizo un milagro: ayudó a los peruanos a derrotar a los chilenos. El apóstol armado, el apóstol combativo, eso no es cualquier cosa...

–Hablábamos, hace rato, de la comida peruana, ¿cuál es el plato que más le gusta?

–Mataría por un pulpo al olivo. (Teresina Muñoz-Nájar).

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista