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Edición 1853

16/Dic/2004
 
 
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Personajes Marilucha García Montero, grato personaje limeño cuya pluma atrapó todos los secretos de la alta sociedad limeña de los sesenta.

Los Ellos y Ellas de Marilucha

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En CARETAS N° 175, Marilucha escribe (e interpreta) a las mujeres y el amor. Aquí, como la vampiresa en “actitud desafiante a la vida”.

Las crónicas sociales son frívolas, nadie lo niega. Pero gracias a ellas podemos armar parte del rompecabezas del pasado. Ese es, por cierto, el destino de las crónicas sociales de hoy. Y si el cronista es inteligente y ácido, puede registrar a través de deliciosos textos escenas de lo cotidiano. En Lulú, publicación que circulaba en Lima en 1916, el encargado de dar cuenta de quiénes y cómo asistían al Hipódromo de Santa Beatriz era nada menos que José Carlos Mariátegui. Tiempo después, Mariátegui autodenominaría esos años como su “edad de piedra” y habría pedido que jamás se editara nada de lo que escribió entonces. Pero de que le gustaba la hípica, le gustaba. Tanto como a los grandes señores de la oligarquía.

En CARETAS, en los sesenta, la cronista social fue María Luisa García Montero Koechlin, Marilucha. Sus famosa columna Cocktail Party (que traía 8 o 10 pastillas) debió leerse con avidez porque Marilucha contaba sucesos y también deslizaba chismes con elegancia y picardía. Se daba el lujo además de hablar de ella misma, casi siempre. En el N° 193, de 1960, por ejemplo escribió: Dos señoras de la “alta sociedad limeña” se dedicaron a mirarme, la una con impertinencia, la otra mostrándome los caninos. Y en el N° 195: Hace unos días un embajador dijo que el limeño es un señor bien peinado que toma su whisky sentado en el borde de un precipicio...Otro embajador, a modo de respuesta, mencionó que lo más picante de esta ciudad es el cebiche, los anticuchos y Marilucha...

En efecto, Marilucha puso de vuelta y media a la pacata Lima. Por independiente, talentosa, rebelde y por hacer lo que le daba su real gana. Hasta pretender enamorarse de Víctor Raúl Haya de la Torre. Marilucha conocía a medio mundo y estaba en todas partes.

El cronista Toño Angulo Daneri acaba de publicar un interesante libro: “Llámalo amor si quieres – Nueve historias de pasión”. El primer relato, Disimulos de la soledad, se refiere, precisamente, al supuesto romance –en realidad fue ella la que se obsesionó por él– de Marilucha y Haya. La curiosidad por saber de los amores de Haya y hurgar en la intimidad del líder aprista (consiguiéndolo) le permitió a Angulo toparse con Marilucha. “Creo –dice él– que estaba fascinada por Haya. Me parece también, que los limeños de la época un poco que minimizaron sus sentimientos porque ella era un poco alocada. Pero cayó bajo la fascinación de una personalidad avasalladora. Marilucha era impulsiva, no controlaba sus propias emociones. Era, desde luego una subversiva de su clase, con fibra de escritora, desbordante y tremendamente honesta”.

Es verdad. Porque Marilucha publicó también su propio libro: “Detrás de la Máscara” (Editorial Latinoamericana, 1963), en el que traza el perfil de varios personajes como Eudocio Ravines, Manuel Odría, Ramiro Prialé, Mario Polar, Manuel Mujica, etc., y por supuesto, en el capítulo primero titulado Cómo conocí a Víctor Raúl Haya de la Torre – Me acerqué y lo cogí del brazo..., esboza el suyo propio. Marilucha cuenta con pelos y señales y un sutil sarcasmo su aproximación a Víctor Raúl.

Elsa Samanez, relacionista pública de larga trayectoria, conoció muy bien a Marilucha. Elsa dice: “Aunque ella cuenta cómo conoció a Haya, nunca se enamoró de él. Lo que pasa es que alguien le dijo que podía llegar a la presidencia y que necesitaba una esposa. Entonces Marilucha se emperrechinó en el tema de Haya. Por otra parte, toda su familia se oponía a las pretensiones de Marilucha respecto a Haya y como ella era especialista en dar la contra...”

Ocurre que Marilucha, según recuerda Elsa que contaban, de muy joven fue novia de Hernán Miró Quesada Laos con quien no quería casarse. Apareció entonces un psiquiatra argentino del que se prendó y con quien fugó a la Argentina. Gran escándalo. Pocos años después su familia la trajo de vuelta y ella sufrió una fuerte depresión. Más tarde, ya recuperada, entraría a trabajar a “Vanguardia” con Eudocio Ravines y después a CARETAS, donde se dedicó a la crónica social con verdadero éxito. En 1960, Marilucha ganó el premio Jaime Bausate y Mesa que otorgaba la Embajada de España en Lima y en 1961 el premio internacional de periodismo “Ciudad de Roma” (también escribía largos reportajes).

Sin embargo y pese a su juventud, Marilucha nunca se repuso totalmente de los altibajos que sufría su personalidad y de hondas y privadas decepciones. En 1968 –tenía poco más de 40 años– se suicidó. Pero retrató tan bien a la alta sociedad limeña de los sesenta que ya se ha convertido en el referente para entender aquella época. Fueron ella y sus crónicas las que inspiraron a Rafo León y Fedor Larco a escribir al alimón “Marité”, pieza de teatro que interpretó el grupo Telba en 1983. (Teresina Muñoz-Nájar)

 


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