domingo 21 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1850

25/Nov/2004
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Comentario Taurino
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Mejoran tratamientos del Sida y expectativas de vida, mientras la epidemia se ‘heterosexualiza’. Testimonio de una pareja que convive con el virus y una hija sana.

Los Seropositivos

3 imágenes disponibles FOTOS 

1850-ssal-sanguinetti-p.jpg

Azul Esperanza: Luis Sanguinetti, 33, Cristina Guerreros, 24, seropositivos. Azul, dos años, gracias a cuidados y antirretrovirales nació sana.

En los bolsillos de su casaca de blue jean, adornada con pines de grupos de rock, Luis Sanguinetti, de 33 años, carga tres pastillas antirretrovirales: Zidovudina (AZT), Lamivudina (3TC) y Nevirapina (NVP). Un combinado que toma por la mañana y por la noche para reforzar su sistema inmunológico debilitado por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), del que probablemente se infectó antes del año 2001. “Por esos días yo era bajista del grupo Leuzemia, estaba grabando el disco ‘Al final de la calle’ y consideraba ese título totalmente premonitorio”, dice Sanguinetti.

Además de los tres fármacos antes mencionados, su dieta diaria para oponer resistencia al sida también incluye Cotrimoxazol, cuyo nombre comercial es Bactrín, para prevenir la neumonía y la diarrea; e Isoniazida para prevenir la TBC. (Recuérdese que una persona con VIH, al tener el sistema inmunológico debilitado, es susceptible de contraer distintas “infecciones oportunistas” que en su caso pueden ser mortales, no así cuando atacan a una persona sana). El caso es que la Isoniazida tiene como efecto colateral la disminución de la vitamina B6, motivo por el cual el ex bajista de Leuzemia debe tomar, también diariamente, Piridoxina, además de Neurobión. De lo contrario, la deficiencia de la vitamina B6 se manifestaría en convulsiones, alteraciones cutáneas, cálculos renales y daño hepático que podría ser fatal.

Tres años atrás la salud de Sanguinetti iba en caída libre. Se presentaba en los conciertos volando en fiebre, enflaqueció notoriamente, empezó a perder el cabello y su espalda se llenó de escoriaciones que aparecían con el simple roce de la correa de su guitarra. “Me estoy muriendo”, se decía. Entonces el cóctel de medicamentos antirretrovirales para mantener estable y con buenas expectativas de vida a un seropositivo, costaba US$ 1,000 mensuales, inalcanzables para un músico que no llegaba a los US$ 300 al mes. Hoy esas mismas medicinas cuestan entre 70 y 80 dólares mensuales pero Sanguinetti, como muchos otros, las recibe gratuitamente gracias a un programa del Ministerio de Salud auspiciado por el Fondo Global de Lucha Contra el Sida.

CRISTINA Y EL SUBTERRÁNEO

Cristina Guerreros tiene 24 años y desde los 14 ha trabajado como voluntaria en instituciones de salud y caridad como la Casa San Camilo, la Posadita del Buen Pastor y el Promudeh. “Era la chiquilla que se vestía como hippie e ingresaba a las habitaciones de los pabellones de infectología a conversar y levantar el ánimo a los enfermos que no recibían visitas”.

Ahora es portadora del VIH. En el año 2002 fue contagiada por su pareja Luis Sanguinetti. Eran novios y estaban enamorados, irresponsablemente enamorados: ella sabía que él estaba infectado. Un pacto de amor hasta la muerte, como en Romeo y Julieta... hasta que pasó lo imprevisto y ella salió embarazada.

El romanticismo suicida se convirtió en una tragedia que involucraba a un protagonista nuevo e indefenso. Un hijo de padres seropositivos está destinado al sufrimiento, a una muerte segura o, en el mejor de los casos, a la orfandad. ¿Qué hacer? ¿A quién acudir?

Cristina recordó que por algún lado guardaba una tarjeta del congresista Jorge Mufarech. Lo había conocido siendo voluntaria en el hospital Almenara.

Puesto al tanto del drama Mufarech, en su ignorancia, le dijo: “Lo que cueste la vacuna, mil, cinco mil, diez mil, yo la pago”. El hecho es que la vacuna contra el Sida todavía no se ha descubierto y el congresista corrió con los gastos prenatales y de terapia antirretroviral que toda gestante con VIH debe cumplir para evitar que el bebé nazca infectado. Luis y Cristina, por su parte, fueron más responsables que nunca y cumplieron con todas las precauciones: El parto fue por cesárea para evitar la transmisión vertical, durante sus dos primeras semanas de vida, la bebé tomó un jarabe de AZT y como no podía tomar leche materna, la alimentaron con leche maternizada que les donaba el Hogar San Camilo y La Posadita del Buen Pastor.

Ahora Azul tiene dos años y dos meses y está fuera de peligro. “Cuando tenga edad de comprender, le explicaremos que sus padres fuimos muy irresponsables. Yo canjeé amor por vida, en una equivocada concepción de lo que es una relación de pareja. Le diré que amar es bacán pero que siempre hay que amarse primero a sí mismo”, dice Cristina. (Gastón Agurto)

Búsqueda | Mensaje | Revista