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Investigación Un grupo de oficiales del Ejército habría brindado protección a una red de narcos en Piura.

Coca, la Conexión Militar

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Lunes 15, Ministerio del Interior. Los 700 kilos de cocaína tenían como destino Arizona, EE.UU.

La primera pieza del rompecabezas se encontró en la cárcel. En agosto, un narcotraficante recluido en un penal de Lima pidió reunirse cuanto antes con agentes de la Dirección Nacional Antidrogas (Dirandro). Poseía una información que podía interesarles, dijo.

El dato del informante era asombroso, pero había que tomarlo con pinzas: un cargamento de una tonelada y media de clorhidrato de cocaína, camuflado en filetes de pota, había salido recientemente desde el puerto de Paita y llegado a México sin problema alguno.

La operación se repetiría en noviembre, alegó el informante. La oficina de la DEA en Lima confirmó el dato. Los sabuesos de la Dirandro, entonces, empezaron a armar el rompecabezas.

El golpe se dio la noche del viernes 12. La fiscal antidrogas Ana Ley, junto con un grupo de agentes de la Dirandro y la DEA, intervino el centro de almacenamiento Alconsa, ubicado muy cerca del puerto de Paita.

El gol fue de media cancha: se incautaron 698 kilos 540 gramos valorizados en US$ 5 millones.

En el transcurso de esa misma noche fueron capturados los primeros integrantes de la red: Roberto Bruno Chunga (30), José Campos Chávez (29), Rolando Flores Jiménez (30) y Federico Otoya. También Ángel Lauriano More (35), Marco Núñez (33) y Roger Montesinos (34). Este último se convertiría en una pieza clave de la investigación policial.

Información de inteligencia policial reveló que Roger Montesinos llegó a Piura pocos días antes de la intervención en Alconsa. Lo acompañaba Jonathan Huacac Torrico (32), un ex cadete del Ejército aún prófugo, a quien se sindica como uno de los cabecillas de la banda (CARETAS 1849). Ambos fueron alojados nada menos que en la Villa Militar de Piura, ubicada en la avenida Bolognesi, mientras coordinaban todo lo relacionado con el envío de los 700 kilos de coca al estado de Arizona, en los Estados Unidos.

¿Cómo lograron alojarse en una residencia destinada sólo para oficiales del Ejército? La Dirandro le ha echado el ojo a ciertos elementos de la Región Militar del Norte (Piura) que habrían colaborado con la banda. Uno de ellos es el comandante EP César Tello Merea.

Una fuente castrense de alto nivel dijo a CARETAS que Tello Merea posee antecedentes preocupantes. Fue expulsado hace varios años del Ejército precisamente por un caso de narcotráfico. El fuero civil lo procesó y estuvo recluido en el penal de Lurigancho. Inexplicablemente, Tello Merea logró su reincorporación a la institución militar.

Otro dato revelador es el siguiente: Roger Montesinos manejaba en Piura un auto Station Wagon de placa SOM-624. Sorprendentemente, el coche le pertenece a un mando medio de la Región Militar del Norte: el mayor EP Valdemar Terán Salirrosas, quien ya brindó sus descargos.

Agentes antinarcóticos han interrogado también al comandante EP Ricardo Ramos Vise y a otro oficial EP de apellido Montealegre. Ambos habrían tenido contactos y brindado protección militar a Huacac Torrico durante el embalaje y acondicionamiento de la coca.

Un nuevo implicado es el subteniente del arma de infantería Michael Huacac Torrico, de 22 años y hermano menor del presunto cabecilla de la red. Michael Huacac se encuentra destacado en la Primera Brigada de Infantería Reforzada, con sede en Papallal, Tumbes.

El domingo 14, un grupo de la Dirandro inspeccionó las viviendas de Huacac Torrico y Roger Montesinos. El primero vivía en La Molina, su cómplice en Lince. Los policías encontraron la agenda de Huacac. Figuran los teléfonos de los cabecillas mexicanos y también los números de varios militares. Se halló también una prueba valiosa: la hoja bond en la que aparece dibujada con lápiz la ruta exacta de los 700 kilos de coca: Paita-México-Arizona.

Hasta el momento, tal parece que la droga incautada en Piura no era todo el cargamento del cártel. La semana pasada se encontró seis kilos más en la empresa Corinmar. Las indagaciones de la Dirandro y la DEA han hallado otros indicios preocupantes. Se sospecha que los 700 kilos de cocaína habrían sido “acondicionados” en los filetes de pota dentro de la propia Base Naval de la Marina de Guerra en Piura. En dicha instalación operan una serie de empresas dedicadas a la refrigeración, pero es sorprendente y sintomático el hecho de que ninguna autoridad naval haya detectado la impresionante mercancía ilícita.

Mientras tanto, una despreocupada Rosa Paredes, la esposa del cabecilla peruano, se acercó a la Dirandro hace unos días. “Señora, usted está detenida”, la sorprendieron. La mujer perdió el equilibrio y se desvaneció presa de los nervios. Poco después fueron capturados en Piura los empresarios Manuel Vásquez Chapilliquén y Juan Leigh Houghton. Todo indica ahora que más de un uniformado desfilará por la unidad antinarcóticos de la avenida Aramburú en los próximos días. (Leonardo Cruz V.)

 


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