miércoles 17 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1850

25/Nov/2004
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Comentario Taurino
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Economía El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos –y también el firmado con el Mercosur– bajo la lupa de un estudioso y conocedor del agro.

Los Dilemas del AGRO

4 imágenes disponibles FOTOS 

1850-aeco-trinidad1-p.jpg

Ante yunta de oro con que fue premiado por gremio campesino, Trinidad recuerda que nuestro agro, sobre todo en la sierra, actúa en desventaja.

Director de Agronoticias, la revista agraria con 26 años de antigüedad, Reynaldo Trinidad Ardiles, huaracino raigal, descorre el velo de las negociaciones entre Estados Unidos y los países andinos.

¿Por qué los gremios se oponen al Tratado Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos?
–Nadie en su sano juicio puede oponerse a profundizar la inserción del país con el resto del mundo, tanto porque la complementación, la integración y la competencia son condiciones inherentes a la vida y el progreso de individuos y pueblos, como porque la autarquía ya no es posible.

–¿Entonces?
–Las instituciones agrarias y campesinas, lideradas por CONVEAGRO, cuestionan únicamente varios despropósitos oficiales: primero, la clamorosa falta de información masiva y debate público sobre la naturaleza y los alcances globales y específicos de los tratados, hecho que por ejemplo no le permite al pueblo peruano saber que éstos prevalecerán sobre la Constitución y las leyes del país; segundo, el carácter casi secreto de las negociaciones oficiales, pues ni siquiera los congresistas de la República y menos aún los periodistas pueden acceder a los documentos del proceso; tercero, la intención de aceptar condiciones sin un mínimo de equidad para la competencia, y, por último, el anuncio reiterado del Presidente de la República en el sentido de que él se dará el lujo de suscribir el TLC sea cual fuese el resultado de las negociaciones (“Sí o sí”, “Yo no me llamo Alejandro Toledo si no firmo el TLC”, etc., etc.). Todo esto puede llevarnos a la suscripción de otro tratado tanto o más lesivo que el flamante Acuerdo de Complementación Económica con el MERCOSUR.

–¿Por qué afirma que este último es lesivo para el país”?
–Porque dicho acuerdo, además de no considerar las grandes diferencias o asimetrías globales entre las dos partes, establece el libre comercio agrario entre un bloque económico que tiene más de 120 millones de hectáreas de tierras agrícolas y nos vende productos agrarios por más de 450 millones de dólares al año, mientras el Perú tiene apenas 2’000,000 de hectáreas agrícolas que producen para el mercado y vende a los países del MERCOSUR por sólo 20 millones de dólares.

–¿El TLC con Estados Unidos sería igual?
–Tal como están yendo las cosas, puede ser peor, porque en este caso no se trata sólo de un tratado de libre comercio, sino de un acuerdo global que cambiará inrreversiblemente –para bien o para mal– toda la economía y la cultura del Perú. Dentro de este marco, lo más grave en el caso agrario es el propósito de querer hacer competir a la exhausta producción nacional con el agro más próspero del mundo, cuyo poderío no sólo se debe a las privilegiadas condiciones naturales y tecnológicas de EE.UU., sino también a multimillonarios subsidios directos e indirectos.

–Pero el gobierno peruano ha dicho que Estados Unidos ya aceptó negociar medidas de compensación por sus subsidios agrarios, si se demuestra con cifras cuáles son los productos específicos a los que hacen daño sus exportaciones hacia nuestro país.
–En el mejor de los casos, ésa es un arma de doble filo, porque no parte de un principio lógico y un reconocimiento objetivo de la realidad. El principio es: si un país aplica subsidios a su agro, para producir y exportar con precios artificialmente bajos, los países afectados por esas exportaciones tienen pleno derecho a aplicar medidas comprensatorias, como las franjas de precios, en defensa de su producción propia. Y la realidad: el agro peruano no se ve afectado sólo por las importaciones subsidiadas que vienen directamente de EE.UU., sino también por las que proceden de otros países, porque los subvenciones norteamericanas (y europeas) distorsionan todos los precios internacionales. Un ejemplo ilustrativo: el trigo que compra el Perú no proviene sólo de EE.UU., sino también de Argentina y Canadá. Sin embargo, los subsidios estadounidenses determinan los precios artificialmente bajos del grano originario de los tres países. En consecuencia, aun cuando importáramos sólo una tonelada de trigo de Estados Unidos y todo el resto de la Argentina, nuestra agricultura seguiría sufriendo indirectamente el efecto perverso de los subsidios norteamericanos. Por lo mismo, la cuestión clave en este asunto es aplicar medidas automáticas de compensación frente a todos los productos agrarios que subsidia Estados Unidos, no sólo a lo que nos vende directamente.

–¿Cuáles serían los productos afectados por el TLC con EE.UU.?
–Trigo, aceite, maíz, algodón, lácteos, carnes y derivados, principalmente.

–Entonces, para firmar el TLC ¿primero EE.UU. debería eliminar su política de subsidios agrarios?
–Estados Unidos, la Unión Europea, el Japón e inclusive México y Brasil pueden seguir subsidiando hasta cuando quieran, por razones de política interna o de geopolítica internacional. La cuestión para países como el Perú está en poner un neutralizador automático de esa droga económica en nuestras aduanas.

–Pero los países del MERCOSUR no subsidian...
–¡Cómo que no! Directa o indirectamente, sí subsidian. Aquí tengo un folleto promocional del Ministerio de Desarrollo Agrario del Brasil, donde figuran multimillonarios subsidios a su agricultura. Pero aun cuando no subsidiaran, los países de esos bloques tienen ostensibles ventajas naturales, tecnológicas y políticas para producir con menores costos y exportar.

–Pero el gobierno asegura que a los sectores productivos momentáneamente afectados por el libre comercio les va a compensar, además de ayudarlos a reconvertirse.
–Sí, pero no ha dicho con qué recursos, porque no puede explicar de dónde los sacará, si con la eliminación de los aranceles vigentes para los productos agrarios el fisco dejaría de percibir cerca de 500 millones de dólares al año. El próposito del gobierno, dicho en privado, es financiar la “compensación” y la “reconversión” con más endeudamiento externo, o sea, con más carga para las nuevas generaciones de peruanos, en vez de obtener los recursos necesarios con la aplicación de sobretasas arancelarias razonables a todas las importaciones subsidiadas en el exterior. En otras palabras, Toledo y su equipo quieren que todos los peruanos paguemos –con más impuestos y más endeudamiento externo– el costo del entreguismo.

–¿No peligra por esto la alianza estratégica con Brasil?
–Nada injusto es sostenible en el tiempo, mucho menos tratándose de pueblos hermanos que requieren construir una integración sólida. Sin duda, los gobiernos progresistas de Lula (Brasil), Kirchner (Argentina) y Tabaré Vásquez (Uruguay) van a comprender esto, para aceptar la renegociación integral del componente agrario del acuerdo en aras de la equidad. Tratándose específicamente del Brasil, claro que a los dos nos conviene la relación. A nosotros, para tener un gran aliado geopolítico frente a las pretensiones expansionistas de un tercero, para hacer realidad la carretera Interoceánica por nuestro suelo y para tener acceso directo a su vasto mercado. Sin embargo, tal como ha sido suscrito el acuerdo con el MERCOSUR en lo que atañe al agro, la carretera Interoceánica puede traer –para comenzar– la defunción de la ganadería sudperuana, comenzando por Puno, puesto que sólo el vecino estado de Acre tiene unos 4’000,000 de vacunos que requieren salir al mercado más inmediato.

–Los tratados comerciales no serían, entonces, convenientes para el Perú…
–Al contrario, pueden ser muy beneficiosos, si se negociaran y firmaran poniendo por delante el elemental principio de la equidad. (Entrevista César Lévano)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista