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Edición 1845

21/Oct/2004
 
 
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Local En Lima, la historia de las zonas rosas es tan antigua como el oficio que cobijan. Propuesta de alcalde de Lince vuelve a ponerlas en el debate.

Zona Sepia

7 imágenes disponibles FOTOS 

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Parte de la colección de desnudos de Lima (1920) propiedad del alcalde. Es notoria la influencia francesa, que también se trasladó a la vida nocturna.

Desde la terraza de la clínica González se observa el panorama de Lince. Los carteles saltan por doquier. Hostal, hostal, hostal.

Como si de un fenómeno natural se tratara, templos evangélicos entran en competencia numérica con los hospedajes. En Lima, ese distrito ostenta el récord de unos y otros. Hay 57 hostales y 40 templos.

Aún así, la balanza todavía está inclinada.

“Frente al pecado, la salvación”, resume sarcástico el médico César González, alcalde de ese distrito y principal impulsor de la creación de una zona rosa en la capital.

González posee una espléndida colección de antiguas fotografías peruanas. Algunas de ellas, tomadas a principios de siglo y publicadas en estas páginas, retratan una Lima mucho más liberal que aquellos que hoy abominan la idea. “Casi me linchan”, se lamenta.

El interés tiene ancestro y según él “es casi genético”. Su abuelo, Juan N. González, presentó el 4 de noviembre de 1919 su tesis “La Prostitución Reglamentada en Lima” para obtener el grado de bachiller en Medicina en la Universidad de San Marcos. “Un natural temor embarga mi espíritu”, escribió. “Siendo el tema de aquellos que causa repugnancia en los más de los hombres por un inveterado prejuicio, tarde logré liberarme de él”.

El trabajo hizo un esfuerzo por clasificar la información relacionada con las meretrices: cantidad, distribución, edad, nacionalidad, departamento de proveniencia y hasta costumbres. Por entonces, eran 1,109 las mujeres dedicadas a este oficio en la ciudad de 150 mil almas.

En la actualidad, Lima y Callao tienen cinco burdeles legalmente reconocidos. La fuerza de trabajo en La Salvaje, El Trocadero, El Botecito, La Nené y Las Cucardas no llega a las dos mil personas. Según los cálculos del Ministerio de Salud, Lima tiene alrededor de 60 mil prostitutas. Casi todas en las calles.

La propuesta de González se cocina desde hace casi dos años, pero cobró notoriedad ante un informe emitido por el Instituto de Medicina Legal del Ministerio Público, el cual concluye que la mayoría de travestis que trabajan en la avenida Petit Thouars están infectados con SIDA, sífilis y hepatitis B.

La salud pública sería la principal beneficiada con una zona rosa administrada por el Estado y supervisada por el Ministerio de Salud. No sólo posibilitaría mayor prevención de estas enfermedades, sino que proporcionaría información más próxima a la realidad. El combate a delitos como la prostitución infantil se vería facilitado. Las mafias de proxenetas serían duramente golpeadas.

HISTORIAS DE BURDEL

Donde la moral retrocede ante la realidad. La frase para describir una zona rosa pertenece a Jorge Vega, más conocido como Veguita. Este “librero deambulante” como lo califica su amigo, el periodista César Lévano, es una institución de las redacciones que visita regularmente. También era celebridad en toda la gama de corralones, burdeles y boites limeños. Los primeros eran meras hileras de cuartos. Los otros dos estilos de locales semejantes a muchos night clubs de la actualidad, con espectáculos, pequeñas habitaciones privadas y la posibilidad, si la economía lo permitía, de pagar por las “salidas” de las chicas.

Vega recuerda entuertos diplomáticos en los dos antecedentes capitalinos de zonas rosas. La calle 20 de Setiembre se llamaba así en honor al aniversario patrio italiano. Luego que en los años 30 del siglo pasado se concentraran las casas de citas en el lugar, quejosos representantes diplomáticos lograron el cambio de nombre a Huatica, por el río adyacente. Algo parecido ocurrió cuando en los sesentas la Avenida México se convirtió en el nuevo punto caliente. Las cuadras afectadas fueron rebautizadas como Bausate y Mesa.

Hoy, el librero reside en los alrededores del edificio El Dorado –cuadra 24 de la Avenida Arequipa–, precisamente una de las áreas problemáticas para González. “Los serenos suelen retener a las mujeres y las botan en la playa”, critica Vega. “Por ley, ninguna puede ser detenida en la calle. Además, existirá prostitución mientras exista desigualdad”.

Vega está de acuerdo con la creación de una zona rosa y cita el caso de el Callao como un “experimento real y exitoso”. Allí el meretricio en la vía pública se prohíbe y la demanda es suplida con los locales formales anteriormente mencionados.

MUNDO ROSA

Aunque tenga su dosis de excentricidad, González no escupe al cielo. Cuenta con argumentos de peso para su propuesta y también tiene en mente referentes internacionales. La zona rosa de Ámsterdam representa el estándar más exigente. “Allí se fusiona con el centro histórico de la ciudad y casi no se siente al caminar. E incluso las peruanas tienen su calle”. Caso igual de exitoso es el del famoso barrio Saint Pauli en Hamburgo. Menos conocidos para nosotros son los de Praga –“la nueva capital del sexo en Europa Oriental”, como la describe González– y El Cairo, donde, a manera de tiendas por departamentos, los edificios se dividen en las especialidades apetecidas por los clientes. Vega añade el ejemplo madrileño, “donde la calle la Ballesta es una zona rosa frente a La Gran Vía. Y al final de esta última está Doctor Fleming, otra más refinada”.

“Una zona rosa para Lima no puede ser minúscula ni segregada”, aclara el alcalde. “No debe tener menos de 10 hectáreas pues debe concentrar negocios colaterales como cines y sex-shops”. Dejaron lecciones intentos fracasados como el de Rio de Janeiro, en el que se marginó la zona rosa a los alrededores de las favelas. La muy conservadora Santiago tiene barrios rojos plenamente identificados. Ciudad de México cuenta con un área de estas características en el centro de la capital. “Imagino a recuas de turistas atravesando la zona rosa de Lima”, reconoce González.

PASEMOS AL MAPA

Nada está escrito sobre la posible ubicación. ¿Urbe o periferia? ¿Una o varias? ¿Campo de Marte o Campo de Venus?

El alcalde de Lince se arriesga a mencionar los descuidados alrededores de la Avenida Tacna. “Las actividades comerciales serían fortalecidas por un negocio que puede mover hasta un millón de soles diarios”. Tampoco le parece descabellado dinamitar un cerro y disponer de una meseta.

Lucio Campos, su colega en San Martín de Porres, es el único que ofreció una parte de ese distrito. Ambos alcaldes integran la comisión encargada del debate del tema. Esta fue reunida por primera vez esta semana y se prepara para sentarse a escuchar a todo el mundo. No se puede, a pesar de la voluntad, hablar todavía de una mesa servida. Es apenas un lecho tibio. (Enrique Chávez)

 


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