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Artículo Después de pasar años en el exterior, muchos ex presidentes o incluso ex dictadores regresan en olor de multitud y recuperan el poder o se quedan en el umbral.

El Poder de la Ausencia

poder de la ausencia jose pardo

1915 José Pardo había salido entre pifias en 1908; pero volvió y su influyente círculo lo devolvió a Palacio.

Escribe CESAR LEVANO

La ausencia prolongada de algunos ex presidentes del Perú parece favorecer su vuelta a Palacio.

José Pardo cumplió su primer mandato, 1904-1908, y, tras suntuosa residencia en París durante siete años, volvió para ser elegido Rector de San Marcos y, nuevamente, Presidente de la República.

Augusto Bernardino Leguía dejó Palacio en 1912, vivió en Londres realizando negocios y regresó al Perú y a la presidencia en 1919.

Manuel Prado abandonó el sillón en 1945, vivió sibaríticamente en París durante once años y reasumió las riendas del poder en 1956.

Fernando Belaunde, depuesto en 1968, vivió en el exilio casi doce años, hasta que fue reelegido en 1980.

Pardo no salió entre vítores. Víctor Andrés Belaunde pinta en sus Memorias el panorama a la salida de José Pardo, primer período: “Se acentuaba un ambiente de descontento hacia la política de círculo o de argolla que representa el pardismo. Se dijo entonces, con razón, que el Partido Civil, que comenzó siendo una oligarquía económica e intelectual, en los últimos años de Pardo y sobre todo con Leguía, quedaría reducido a una oligarquía económica”.

Pardo había subido la primera vez por medio del fraude, según lo denunció Nicolás de Piérola en las elecciones de 1904.

Leguía concluyó su primer gobierno en ambiente de rechazo popular. En abril de 1912 había ocurrido en Chicama la mayor masacre de obreros de nuestra historia. Haya de la Torre, entre otros, habla de 500 muertos. La guardia civil perseguía y mataba peones entre los cañaverales. “Serán tal vez las hordas de bárbaros Atilas”, escribiría un poeta que trabajaba en la hacienda Roma: César Vallejo.

Sin embargo, Leguía volvió en (mal) olor de muchedumbre, en 1919. Ocurre que la gente tiene poca memoria y, además, el régimen de Pardo había cansado con su “oligárquica disciplina”(Luis Alberto Sánchez, en Haya de la Torre o el Político).

Además, la campaña del retorno de Leguía estuvo impregnada de fuerte prédica nacionalista y antichilena, no de él, sino de sus admiradores. “Germinal”, órgano de la Liga Universitaria, compuesta por jóvenes, lo proclamaba maestro de la Juventud y apóstol del patriotismo. El semanario era dirigido por “el Abate Faría”, seudónimo de Manuel Romero Ramírez, hermano de Carlos Romero, entonces subdirector de la Biblioteca Nacional.

Cuando retornó, Leguía fue recibido por una comisión de sanmarquinos esperanzados en la cual figuraban Víctor Raúl Haya de la Torre y Raúl Porras Barrenechea. “Germinal” da cuenta en su número 12 de que la delegación fue nombrada por la Federación de Estudiantes el 21 de enero de 1919. Seis días antes, los trabajadores habían impuesto la jornada de ocho horas. En la Universidad de San Marcos, más de 800 alumnos, de un total de 1,338, habían firmado su adhesión al candidato. En todo el país había ese año 1809 estudiantes universitarios.

Después vino la tragedia. Leguía se convirtió en dictador, y dictador reeleccionista. Varios de sus entusiastas de 1919 fueron enviados a la prisión y el destierro. Entre ellos, Haya de la Torre.

El inventor de la “Patria Nueva”, Leguía, no sólo volvió a Palacio, sino que se quedó allí once años. Sus vínculos con la banca extranjera se convirtieron en instrumento de la corrupción. John Kenneth Galbraith relata en la página 186 de su clásico The Great Crash (el de 1929): “A fines de 1927 Juan Leguía, hijo del Presidente del Perú, recibió US$ 450,000 de J. and W. Seligman and Company y la National City Company (afiliada del National City Bank respecto a valores) por sus servicios en conexión con un préstamo de US$ 50’000,000 que esas casas negociaron para el Perú. Los servicios de Juan, de acuerdo a un testimonio ulterior, fueron más bien de sentido negativo. Se le pagó para que no bloqueara el trato.”

El escrito de Galbraith se basa, según indica a pie de página, en informes y audiencias referentes al Stock Exchange de Nueva York.

Leguía fue depuesto por un golpe militar en 1930. En 1962 le tocó igual suerte a Manuel Prado. Había sido reelegido gracias a un entendimiento con el Apra y derrocado para evitar que Haya de la Torre, ausente del país durante años, asumiera la presidencia: había ganado por 33 % de los votos contra 32 % de Belaunde. La fuerza armada alegó “voluntad de fraude” y anuló las elecciones. En 1963, Belaunde venció en segunda vuelta.

Encuestas recientes señalan un ascenso del prófugo Alberto Fujimori y un descenso de Alan García. El hecho curioso es que el primero está lejos desde que renunció por fax a la presidencia. García retornó al país en el 2001 y obtuvo 47% de los votos en segunda vuelta frente a Toledo. Hoy está presente y maneja la batuta de su partido y de su bancada en todos los litigios de la coyuntura: eliminación de la 20530, ley de radio y TV, paro y rodillazo del 14 de julio.

OTRAS AUSENCIAS
En toda Sudamérica se cuecen habas. Juan Domingo Perón, derrocado por un golpe militar, resistió un exilio de 18 años, hasta que regresó para ser reelegido Presidente en 1973. Fue un retorno condicionado por los gorilas, que se resignaron a verlo de nuevo en la Casa Rosada debido a la masiva popularidad del líder justicialista y a la matanza de peronistas de izquierda en el instante de ese regreso. Tomás Eloy Martínez narra en La novela de Perón esa masacre espeluznante.

Dictadores como Gustavo Rojas Pinilla, de Colombia, y Marcos Pérez Jiménez, de Venezuela, candidatearon después de años de ausencia, y estuvieron –como Odría– a punto de reconquistar el sillón.

El caso más dramático fue el de Rojas Pinilla, que había sido un dictador represivo y corrupto. Sin embargo, reapareció en la campaña electoral de 1970 con una retórica populista y antioligárquica, y obtuvo amplio respaldo. Tanto, que sólo por escasos votos perdió la presidencia y hasta alegó haber sido víctima de un fraude. Algunos de sus defensores se lanzaron después a la guerrilla.

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