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Un episodio de nuestra pequeña guerra fría (1961)

Historias Checoslovacas

Manuel Prado

Manuel Prado desciende del auto presidencial, la II Feria del Pacifico comenzó con líos.

Casi todo el siglo XX está atravesado por la pugna comunismo-capitalismo, pero hay momentos más dramáticos que otros. Nuestra crisis de octubre no ocurrió en 1962 sino en 1961, y más que dramática fue histérica, considerando sus máximos fines y sus escasos medios.

En octubre de 1961, Manuel Prado, cómodamente sentado en el auto presidencial que ingresaba a la Feria del Pacífico, pudo leer la palabra “Socialista” en el frontis de un pabellón extranjero. La visión de esa palabra escrita en letras de molde, debió despertar en él una mezcla de sentimientos difíciles de precisar a tantos años de distancia. Por un lado, estaba la obvia palabra “socialista”, definitivamente enemiga en el clima de la Guerra Fría. Pero por otro lado, había una insidiosa llamada de atención en esa palabra hecha con bonitas letras de madera, como si contuvieran en su materialidad la posibilidad de hacer más real esa palabra perturbadora. Que eso ocurra en un lugar que sería visitado por miles de personas en las próximas semanas, hacía más inquietante su reacción.

El hecho es que cuando el automóvil se detuvo y el pasajero presidencial descendió, ya tenía una decisión tomada. Había que retirar de inmediato esa palabra. Habló con el Ministro de Gobierno y Policía si estaba presente, o con el Prefecto, o con el edecán más cercano, y así fue que, unos minutos después, una cuadrilla de obreros con una escalera mano, procedió a quitar la palabra “Socialista” y dejar el nombre de un país que no existía, “República…de Checoslovaquia”.

En algún archivo oficial deben conservarse las reacciones formales que esa decisión provocó. El Perú no tenía relaciones diplomáticas con ningún país socialista, tampoco con Checoslovaquia, que por otro lado, acababa de constituirse como Estado. Pero existían acuerdos comerciales y reglamentos sobre las ferias internacionales que el Perú había firmado. Cambiar el nombre de un país no era, lo que se dice, una práctica regular.

Socialismo era un eufemismo técnico para no mentar al comunismo, la verdadera palabra de guerra, que gente como Eudocio Ravines, aunque ninguno con su talento, había convertido en una gran industria. Liberado ya de la presencia política y hasta terrenal de su excanciller Raúl Porras Barrenechea, el gobierno de Manuel Prado alcanzaba por esos días la hipérbole internacional ofreciendo al Perú como sede del gobierno cubano en el exilio. En la prensa local, la palabra “comunismo” y la acusación “comunista”, habían llegado a un uso paroxístico y estaban en todo el esplendor de su poder arrojadizo. CARETAS, que también fue considerada “comunista”, la llamaba “una maniática costumbre”. En realidad, leyendo la prensa de la época, lo extraño es que “los comunistas”, siendo tantos y tan peligrosos, no hubieran tomado el poder todavía. (Escribe: Luis Jochamowitz)

CARETAS, Ilustración Peruana, edición 229, octubre de 1961.

Pabellón de Checoslovaquia

Pabellón de Checoslovaquia con su nuevo nombre.

 


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