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Dueño de Nada

Guerras Rápidas

Dueño de Nada - Canabis
Lima, 27 de junio de 2016

Fue Leslie Pierce quien colocó la bola al centro cuando en su columna de El Comercio del pasado 19, el alto ejecutivo se lamenta de que en la segunda vuelta de una “campaña mediocre”, se haya seguido utilizando el concepto de empresario como un insulto: candidato de los empresarios, agente de la CONFIEP. A la vez, Pierce señala que en los recientes estudios sobre la opinión que tiene la población sobre el empresariado, la percepción general sobre este actor social ha mejorado sustancialmente.

Hasta el momento no logro entender del todo por qué muchos empresarios votaron por la Fujimori en lugar de hacerlo por PPK. Como se ha escrito una y mil veces, el programa económico de ambos es el mismo y las mayores diferencias van por el lado de los estilos políticos y las connotaciones personales. Si hablamos de un empresariado que cuida las formas, que se preocupa por la imagen internacional del Perú y que prefiere que no haya conflictos sociales a que los haya, pues en masa el inversionista privado tendría que haber llenado las urnas con cédulas marcadas por PPK.

Pero en el Perú tenemos siempre dos porciones de todo, generalmente contrapuestas. Por un lado, un sector privado que sin ocultar su estirpe neoliberal apuesta por el respeto a las instituciones, tiene un recuerdo vagamente desagradable de la corrupción durante el decenio fujimorista, repudia la idea de un narcoestado, desea un país más decente y por eso le dio el voto a PPK pero eso sí, a condición de que en muy poco tiempo el nuevo Presidente deje de lado el caviarismo, se saque de encima a cualquier elemento que huela a izquierda y gobierne con mucho cuidado frente a las espinas de los derechos humanos.

Al frente de este empresario de paladar negro tenemos a los que vivieron el fujimorismo con frenesí y se quedaron con la idea de que los escrúpulos son el principal obstáculo para la inversión privada. Su modelo quizás haya sido el multimillonario chileno Andrónico Luksic, “dueño de medio Chile”, como se le conoce en su país y miembro de una de las cinco familias más ricas e influyentes de América Latina. Ahora, gracias a que están colgados en la red todos los vladivideos podemos aprender de aquel en el que Luksic, acompañado del publicista Daniel Borobio, visita al ‘Doc’ por el tema de la fábrica de fideos Luchetti construida ilegalmente en los Pantanos de Villa. Recordemos que el alcalde de la ciudad, Alberto Andrade, hizo cerrar la planta, lo que valió que Luksic iniciara una querella judicial contra la decisión del Municipio de Lima.

En la desangelada salita del SIN, Luksic le expone a Montesinos los daños económicos que la situación está generando a su grupo empresarial y le pide intervenir, y aquí hay una oración clave para entender a este tipo de empresario: “Quiero una guerra rápida”. Es decir, el empresario chileno pedía que el ‘Doc’ le resolviera el problema ¡ya! y sin detenerse en ninguna clase de obstáculo legal ni institucional. A cambio, al poco tiempo llegaría una remesa de dos millones de dólares a nombre del asesor de Fujimori, “para obras sociales del gobierno”.

Andrónico Luksic pareciera representar a ese tipo de empresario que ve en PPK, en la democracia, en la voluntad de consenso, en la lucha contra la corrupción, los principales obstáculos para hacer negocios. Se quiere que el gobierno emprenda “guerras rápidas” contra ese mundo de oenegés, consultas previas y áreas protegidas y a cambio, ya entendido como una regla de juego, compensar a funcionarios con jugosas comisiones que no pasan por SUNAT.

¿Cuál empresario ha ganado las elecciones con PPK, el presentable o el impresentable? Pareciera que ambos sectores están tanto con el nuevo gobierno como con un fujimorismo que entra con la pata en alto para hacer “guerras rápidas”. Volviendo al texto de Leslie Pierce, quizás detrás de ese gran número de peruanos que aprueban al empresario privado, también encontramos agazapados a los Andrónicos Luksics peruchos: los patrimonialistas tradicionales que vienen desde la Colonia, tanto como los emprendedores que no creen ni en sus madres.

 


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