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Un antecedente para tener en cuenta (1962).

Por un Puñado de Votos

Belaundistas

Con los crespos hechos, belaundistas celebran el flash de la TV que proclamaba a su candidato Presidente electo. (Foto: ARCHIVO CARETAS)


Recientemente se ha recordado que la última vez que una elección presidencial se disputó por décimas de punto, terminó en golpe militar. Fue en 1962, las cinco semanas que separaron el domingo de las elecciones del miércoles del golpe, deben estar entre las más trepidantes e infructuosas de todos los tiempos. El “veto” militar contra Haya de la Torre, las barricadas de Belaunde en Arequipa, el pacto de Haya con Odría, el golpe militar, todo se acumuló en corto tiempo y con máximo suspenso. Visto desde atrás, parece que los personajes principales extremaron sus roles y todos salieron malheridos.

Hechas las cuentas electorales, Haya de la Torre obtuvo el 32.9 % de los votos, Belaunde Terry el 32.2 %, y Odría Amoretti el 28.4 %. Nadie alcanzaba el tercio constitucional (33.3%), de modo que sería el Congreso, donde el Apra ocupaba el cuarenta por ciento de las curules, quien se encargaría de elegir al nuevo Presidente.

La limpieza o mancha de esas elecciones se ha discutido durante décadas. Para Haya de la Torre eran “las más limpias y auténticas que ha tenido el Perú”. Belaunde las llamó “un proceso irregular y objetable”. Se discutió mucho sobre el padrón electoral, y hasta la “indelebilidad” de la tinta de fabricación nacional que se iba a utilizar en las mesas fue impugnada por los uniformados. Hubo que comprar de emergencia un lote adicional de tinta inglesa para que el votante sumerja dos dedos, el índice y el anular de la mano derecha, en dos tinteros diferentes. Al menos por una vez se iba a saber quién tenía razón. Después de acudir a depositar su voto, el doblemente manchado ciudadano peruano pudo comprobar, en carne propia, que la denigrada tinta nacional era tan o más persistente que la tinta inglesa.

El drama fue rápido y con algunos cuadros cómicos. Humberto Martínez Morosini, en un flash inolvidable, proclamó a Belaunde como Presidente electo. Fue el primer gran patinazo de la TV nacional, poca cosa frente a los precipicios que le aguardaban.

Arequipa

Barricadas en Arequipa, un paso en falso de Fernando Belaunde. (Foto: ARCHIVO CARETAS)

Fernando Belaunde, el campeón de la democracia, abordó una avioneta en las Pampas de Chilca y voló hacia Arequipa, donde en compañía de sus huestes, levantó los adoquines de una cuadra que desemboca en la plaza de armas. Muchos años después, cuando se le preguntaba por ese episodio insurgente, Belaunde sonreía y explicaba que en Arequipa, durante un mitin, la sola mención de la palabra “barricada” era capaz de desatar un frenesí colectivo que levantaba y amontonaba los adoquines. Detalle de época, cuando todo terminó, un primo de Belaunde se encargó de hacer regresar las piedras a su lugar.

Haya de la Torre cayó víctima del veto pero pronunció uno de sus mejores discursos que llevó hasta las lágrimas a toda el aula magna. Había quedado a cuatro décimas de punto de la presidencia. Prefirió ceder su lugar al que había sido su mayor enemigo, el hombre que lo había considerado unos años antes “indigno de llevar la nacionalidad peruana”. El pacto confirmó el punto de mayor anquilosamiento del Haya conservador; si acercarse a Manuel Prado fue “la Convivencia”, hacerlo con Manuel Odría era “la Superconvivencia”.

Hubo un momento, sin embargo, en que pareció posible cambiar la historia. Fue en la entrevista que Haya y Belaunde sostuvieron después de las elecciones. Augusto Thorndike ha imaginado, o alguien le contó, la escena inicial de ese encuentro en casa de Jorge Grieve en San Isidro. Haya llegó diez minutos antes y salió a la puerta a recibir a Belaunde:

“Aquí estamos como dos gladiadores de la democracia –empezó a soltar una frase ya elaborada el candidato Belaunde.

“Déjese de gladiadores –no se pudo contener Haya de la Torre indicándole el camino a un salón privado– cómo están su papá y su mamá”.

La posibilidad de un acuerdo se disipó ese día. Ambos perdieron, Haya nunca más estaría tan cerca de la presidencia, y Belaunde tendría que competir en una tercera elección para ganar, pero siempre cargaría con una desastrosa relación política con el APRA que desembocó en 1968.

¿Qué falló? Se dijo que los belaundistas pedían todo y no entregaban nada a cambio, que había una barrera psicológica que separaba a los dos personajes. Entre las teorías que trataron de explicar las causas de esa falta de entendimiento, circuló una interpretación analítica según la cual la psicología profunda de Haya de la Torre le impedía reconocer el ascenso de Belaunde. Simplemente no le era posible “perdonar al rival”, el único que desde los tiempos de Sánchez Cerro le había disputado las preferencias del pueblo peruano. Despechado, prefirió entregarse a los brazos del viejo General, como lo presentaban las caricaturas de “Ají Molido”.

CARETAS, Ilustración Peruana, edición 246, julio de 1962.

Haya de la Torre y Belaunde

Haya y Belaunde en el set, fue la primera vez que la TV jugó un papel. (Fotos: ARCHIVO CARETAS)

 


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