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Masas, sexo, chismes y medios de comunicación a mediados del siglo XX (1963)

Introducción a Guido Monteverde

Guido Monteverde

Guido Monteverde y las masas durante una fiesta organizada en 1975 en el Campo de Marte.

Se ha dicho que Guido Monteverde equivale aproximadamente a un Walter Winchell tardío y nacional, es decir, a ser un megáfono de chismes, rumores y trascendidos dichos en lenguaje supuestamente telegráfico. Pero además de su columna diaria, Monteverde era el autor casi exclusivo de revistas de radio como 'Radioteatro', o picarescas o vagamente satíricas como 'Masas Buitrecito' y 'Rochabus', además de novelitas ilustradas con tijera, sobre las vidas de Pedro Infante o Marilyn Monroe.

Toda esa actividad logográfica se proyectaba naturalmente en su segunda personalidad creadora, la de ser un promotor artístico, un organizador de concursos, de programas de radio y TV, de compañías de variedades como las 'Bikini Girls', las 'Bim-Bam-Bum', o las 'Paranpampan', que llenaron los inmensos cine-teatros de El Porvenir, La Victoria o Breña, mucho antes que se convirtieran en templos evangélicos.

Monteverde propendía a los gustos de las multitudes con una certeza que no podía durar mucho tiempo. Su primer gran lanzamiento fue en 1950, un concurso de baile de mambo en Acho, que contó con la invalorable excomunión del Primado de Lima Juan Gualberto Guevara. Fue la primera vez que dejó de ser un ínfimo redactor para convertirse en una seña social, aunque solo sea de la lascivia del público.

Adornado con esos pergaminos, como diría el mismo Monteverde de un artista que regresa de gira, la década del 50 fue generosa con él, especialmente durante las horas de la noche. En rápida sucesión desfilan 'La Escalera el Triunfo', Betty di Roma, Anakaona, Mara, Fetiche, el juicio de Ima Sumac por haber dicho que se había nacionalizado norteamericana, Edith Barr, y como telón de fondo, la irresistible popularidad del bikini, no tanto como la ropa de baño que se desparramaría por playas y piscinas en la década siguiente, sino como pieza de vestuario en los espectáculos.

Monteverde y su máquina de escribir

Monteverde y su máquina de escribir ‘Ideal’, cuando se fue de ‘Ultima Hora’ no le dejaron llevarse su máquina.

Durante esos años su nombre estuvo asociado a otra palabra que no dejaba indiferente a nadie, calatería. Monteverde lideró ese cambio social casi en silencio, o más bien, hablando de otra cosa. Actuó como un lubricante cultural entre los acerados vértices de la Curia y el Ministerio de Gobierno y Policía por un lado, y la hinchada, tumefacta sexualidad de las masas por el otro. El choque de esas fuerzas desatadas podría hacer saltar por los aires el edificio social, si no fuera por obras como las de Monteverde, que acercaban en blanco y negro, en “chistes colorados” y “fotografías sugestivas”, lo que era y es innombrable. Su labor consistía en convertir los sueños más salvajes en simple distracción, en pasatiempo, en cinco minutos a solas en el baño.

Se podría afirmar que tenía un pie en el periódico, otro en la radio y otro en la TV, y no es del todo una malformación. En la radio ocupó un lugar señalado, no tanto como voz caracterizada (basta ver una fotografía suya para oír su voz gangosa y aflautada) sino como crítico y apuntador de la última época de reinado en solitario de la radio, lo que después se ha llamado “la edad de oro”.

En la TV incursionó con cierto suceso en los primeros años, pero muy pronto se vio que no era lo suyo. Otra vez su apariencia lo desacreditaba, era bajo, obeso, tenía pies planos. En su juventud se afeitó la cabeza como Yul Brynner, de adulto recurrió a un aparatoso bisoñé para aplacar la calvicie. Pero quizás, más importante que eso, era la cualidad lineal y realista de la TV, que se avenía mal con su estilo entrecortado y datero. En la radio se podía cambiar de tema con una cortina musical o un campanazo, en el periódico bastaba con saltar de renglón y poner tres ceros ornamentales. En la TV, en cambio, había que sostener la atención durante más tiempo y eso requería actores y producción. Quizás logró un milagro secreto que hasta ahora no ha sido aquilatado: ser tan ligero que ni siquiera la TV lo soportaba. Introdujo en el nuevo medio algunas de las ideas que le habían funcionado en la radio, pero tuvo que ir cediendo el paso ante figuras más enfáticas e instantáneas como Augusto Ferrando. Al final, ni siquiera el truco del bikini funcionaba, cualquiera se presentaba con chicas y ver un bikini ya no era lo mismo.

Cuadrilla de los toreros enanos

Cuadrilla de Los Toreros Enanos, otra sensación de Monteverde en 1954.

Pero la obra fundamental de Guidó Monteverde era y será 'Antipasto Gaga', la columna diaria que durante muchos años apareció en una sucesión de matutinos y vespertinos. Sí alguien se toma el trabajo de reunir todas sus columnas, obtendrá una obra monumental en cinco tomos de mil páginas cada uno (considerando tres 'Antipasto Gaga' por página, durante unos 40 años).

En un futuro remoto, cuando un historiador quiera estudiar la banalidad, el tedio, la insustancialidad a la que estuvieron sometidas las masas del siglo XX peruano, encontrará en esas páginas inestimable ayuda. Bajo la montaña de escombros y cascotes de la prosa monteverdiana, se esconden toda clase de retorcimientos psicológicos o sociales, adornados con palabras de su invención como “nikisima” o “marlonbrandeado”. Parece haber tenido un oído muy sencillo pero infalible, no tanto para las palabras en larga sucesión, sino para los ruidos y fonemas. Se ha dicho, por ejemplo, que encontró el nombre de su columna cuando un caricaturista italiano le comentó que en su país a la gente de la alta sociedad la llamaban “gaga”.

Pero Monteverde excede los límites de un archivo. Por ahora, basta saber que allí sigue su obra, dormitando en las oceánicas hemerotecas, a la espera del lector curioso que llegue antes de la polilla, o de la silenciosa disolución del papel.

CARETAS, Ilustración Peruana, edición 265, mayo de 1963.

 


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