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Actualidad Verónika Mendoza juega cartas de polarización en apuesta de últimos días para atropellar por el segundo lugar.

Por los Palos

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Verónika Mendoza

Mendoza cuando salía de local del Colegio Médico el lunes 28. Concentra baterías en el sur.


A diez días de las elecciones, las últimas encuestas muestran un curioso estacionamiento. Debajo de las alturas de Keiko Fujimori, por encima del 30%, siguen mirando Pedro Pablo Kuczynsky en alrededor de 15%-16% y, con entre 10% y 12%, siguen Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea. Alan García no ha podido remontar el 6%.

Las de hace cinco años, si se toman las muestras duales hechas con días de diferencia en los casos de CPI e Ipsos, se movían más que maraca de brujo. Sobre todo en lo referente a la pronunciada atropellada de Ollanta Humala y, desde abajo, el repunte de PPK.

Esas fueron unas elecciones muy distintas.

Primero, los cinco principales contendores tuvieron a lo largo de la campaña una votación más equilibrada. Hoy, la candidata de Fuerza Popular por lo menos duplica la intención de voto de su competidor inmediato. Hubo hasta un momento en que publicidad callejera y por las redes del fujimorismo reclamó un triunfo en primera vuelta. Y si Keiko tuviera unos puntos más en las encuestas, podría lograrlo por el tránsito a votos válidos.

Segundo, en el 2011 no se pasó por el trance de eliminar a dos candidatos con posibilidades, como ha ocurrido con Julio Guzmán y César Acuña en medio de la aplicación de una legislación deficiente (ver nota “¿Fraude?”).

En lo que sí se parecen es en los pronunciados cambios de percepción hacia la segunda vuelta. Hace poco, Fujimori barría con todos. Pero en las últimas semanas quedó en claro de nuevo que, así como los naranjas pisan fuerte, también la resistencia a que retornen a Palacio.

TRES DICOTOMÍAS

Los tres candidatos que se disputan el pase representan un espectro que va de la izquierda a la derecha. Esto puede cotejarse en sus propuestas diferenciadas en el Semáforo Electoral de estas páginas.

En la lectura de medios y analistas se entrecruzan dos dicotomías: fujimorismo/antifujimorismo de un lado; y mantenimiento del modelo económico/cambios al modelo, de otro.

No es casual que el grupo El Comercio le dedique a Mendoza severas críticas en titulares y editoriales, además de sembrar preguntas en las encuestas que encarga sobre la apremiante necesidad de que se someta a peritajes grafotécnicos sobre la supuesta presencia de su letra en las famosas agendas de Nadine Heredia.

Mendoza es la única candidata que ha reivindicado una agenda de izquierda; con nueva Constitución, mayor presencia regulatoria del Estado y limitaciones a la actividad extractiva según ordenamiento territorial.

El Frente Amplio realizó elecciones abiertas cuando, para variar, eran vistos como un viejo exotismo por los medios. Allí Mendoza le ganó la partida a Marco Arana –ahora candidato a la vicepresidencia– y la lista parlamentaria también se sometió a la consulta.

El lunes 28, Mendoza presentó a su equipo técnico y nadie podrá acusarla de veleta. Ahí estaban Pedro Francke, Nelson Manrique, Francisco y Ricardo Soberón, Rocío Silva Santisteban, José de Echave. Humberto Campodónico parecía el banquero del grupo. Era un quién es quién de la zurda, balas perdidas incluidas, con el endose previo de los sindicalistas de la CGTP representados por Juan José Gorriti.

Sería la única bendición aceptada por estos días, además de la otorgada por la mayoría de actores de Al Fondo Hay Sitio.

Candidatos

EL MOMENTO DE MENDOZA

Porque esta semana Mendoza tuvo dos momentos. El primero fue el que se originó en Chincha con la pobrísima increpación que le hizo PPK, cuando luego de criticar a Fujimori y Barnechea se refirió a ella como una “media roja” que “nunca ha hecho nada en su perra vida”. Kuczynsky se disculpó a medias por twitter: “hice uso de una frase popular que puede ser malinterpretada”. El aprista Mauricio Mulder consintió que no tuvo mala intención y que fue una expresión propia del que tiene el español de segunda lengua.

El otro momento fue la respuesta que Mendoza le dio al arzobispo de Arequipa, Javier del Río, cuando este advirtió en la homilía del Domingo de Resurrección que votar por Mendoza o Barnechea sería “pecado” debido al apoyo que ambos mostraron al aborto y el matrimonio gay.

Durante la presentación de su equipo, Mendoza zanjó como para una declaración de principios:

“Nosotros afirmamos al Estado Peruano como verdaderamente laico y eso quiere decir que ni las creencias religiosas particulares de algunos de nosotros ni la pretendida injerencia de algunas jerarquías eclesiales puede influir en nuestras políticas públicas”.

Ni más ni menos.

Barnechea, mientras tanto, reivindicó su catolicismo, dijo que rezaría por Del Río y le recomendó escuchar al Papa.

Allí se expresa la tercera dicotomía –más allá de fuji y antifujis, y de izquierda/derecha– que no ha sido suficientemente atendida por las diferentes lecturas.

La de lo viejo versus lo nuevo.

Probablemente, la irrupción de Guzmán no se debió a mucho más que eso. Recogió banderas antifujimoristas y a diferencia de sus competidores conservadores como PPK y García reivindicó algunos aspectos del gobierno que redimensionan la función reguladora de las políticas públicas, como la reforma universitaria. Esto, sin embargo, lo formuló en el marco de una propuesta liberal de derecha que, por lo poco que dijo, le tenía muy poca fe en líneas generales a la capacidad del Estado.

Pero Guzmán se vendió como una figura nueva, no contaminada. Los esfuerzos de su competencia por emparentarlo con el gobierno no surtieron mucho efecto, al menos hasta que lo sacaron de la carrera. ¿Por qué habrían de tener efecto con Mendoza, quien renunció al Partido Nacionalista cuando el gobierno era popular, en el 2012, por cuestiones principistas?

Ya se sabe que sus puntos vulnerables vienen por esa plataforma de izquierda e incluso por la falta de experiencia (a propósito, ¿cómo le fue al último Presidente elegido a los 35 años?).

Pero Mendoza tiene una poza de pesca entre los votos de los jóvenes que buscan algo nuevo, que rechazan un Estado influido por la Iglesia y cuya brújula moral se rebela ante parámetros religiosos.

Su otra fuente, que no oculta, es el voto original humalista. El de la primera vuelta en las elecciones del 2011 fue casi el 30%. Esta congresista, psicóloga y profesora pluricultural ni siquiera tiene la carga que tenía Humala con el pasado del capitán Carlos, la familia delirante con el hermano en la cárcel por asesinar policías y la ideología del sancochado.

Según consultó CARETAS, el equipo que elaboró el plan de gobierno de Mendoza es, en buena medida, el que acompañó a Salomón Lerner Ghitis durante su paso por la PCM.

Humala se desembarazó rápidamente de esa izquierda para beneplácito del establecimiento, que luego gozó cuando las encuestas reportaron que su desplome se debía sobre todo al incumplimiento de sus promesas.

Ya él y su mujer hicieron méritos para terminar de acabar con su partido y hoy Humala parece divagar en sus últimos días de gobierno con su defensa de los programas sociales, pigricias presupuestales frente a otros países de la región. Es ese mismo establecimiento tan bien representado en la concentración de medios el que se pasó todo el lustro criticando esos programas y esa reforma universitaria.
¿Pensaban de nuevo que ahora era inevitable una elección disputada solo por el lado derecho del tablero?

CARTAS DE POLARIZACIÓN

Así, Mendoza tiene más de una carta para polarizar, lo que resulta muy valioso en una pelea entre enanos por el pase a la segunda vuelta.

Porque, como ya dijo Alfredo Torres de Ipsos, PPK está casi obligado a jugar un papel más contemporizador y de “justo medio” debido a su cerrado apoyo al fujimorismo en la segunda vuelta del 2011. En esas elecciones sacó el 16% y ese es el porcentaje que hoy le asignan las encuestas. El puntaje del expremier no se ha movido casi nada –exceptuando el bache momentáneo de los puntos que le robó Guzmán- y Torres cree que Mendoza y Barnechea están obligados a enfrentarse para robarse votos.

Pero allí entra a tallar la perspectiva de otro encuestador. Manuel Saavedra, de CPI, recuerda que en su última muestra hay 6.5% de indecisos (no confundir con el 11% de blanco/viciado, que se acerca al promedio de las últimas elecciones) y que un buen porcentaje de voto en el sur y de regiones como Puno es todavía muy maleable. Algo hay allí del famoso voto antisistema. Mendoza es cusqueña y en sierra centro/sierra sur tiene el 18%, en segundo lugar luego del 29% de Fujimori. Por algo es que la candidata del Frente Amplio concentra sus baterías en estos días por allí.

“La pelea va a ser a muerte”, coincide Saavedra. “PPK está estabilizado y parece que Barnechea llegó a su techo. La única que ha subido y podría hacerlo un poco más es Verónika”.

Fujimori ya expresó que le gustaría pasar a la segunda vuelta con Mendoza (“dos mujeres”) y es lógico que piense que sería la rival más fácil de derrotar. Las encuestas así lo confirman, pero por márgenes de 5 o 6 puntos, lo que significa prácticamente nada a estas alturas. Enfrentada a esa situación, la bendición –esa sí– de Mario Vargas Llosa de seguro sería impartida tras la promesa de respeto sacrosanto a los lineamientos macroeconómicos, que de hecho ya están en su plan de gobierno, alejado por cierto del fárrago de La Gran Transformación.

Todos son cálculos que debe estar haciendo la candidata para llegar a Palacio. Pero una cosa es con guitarra y otra con cajón. Porque el Congreso muy seguramente será de contundente mayoría fujimorista –aunque difícilmente absoluta, como lo sugiere la encuesta de CPI que calcula votos válidos con 25% de indecisos, lo que dispara prematuramente el tamaño de la bancada– y propuestas centrales de Mendoza, como el cambio de Constitución, no tendrían ninguna posibilidad. Si a ello se suma lo que sería la oposición parlamentaria y mediática a un gobierno de inclinaciones “chavistas” –más con la izquierda regional de capa caída–, cabe imaginarse la delicada situación de gobernabilidad que enfrentaría Mendoza.

PPK no tendría ese problema y ahí sí entraría a tallar su “justo medio”. Al cierre de esta edición, Barnechea no presentaba todavía a su equipo técnico y el anuncio de la invitación hecha a Hernando de Soto –que esta vez rechazó la de Keiko, a diferencia del 2011– denota dificultad para consolidar su propuesta contra el tiempo. Difícil creer que el autor de El Otro Sendero se entienda con Carlos Herrera Descalzi.

Son, de nuevo, peleas de pigmeos. La polarización y el fantasma de la izquierda también podrían terminar por beneficiar a Fujimori, que según las encuestas no se encuentra muy lejos de mandatos contundentes como el de Fernando Belaunde en 1980 (45%, con el control absoluto de la cámara baja) y Alan García en 1985 (46% y hegemonía en senadores y diputados), aunque todavía muy lejos de la reelección de su padre en 1995 (53%, ver nota aparte). Saavedra de CPI calcula que tendría que obtener alrededor del 42% de los votos emitidos para alcanzar la mitad de sufragios válidos y evitar la segunda vuelta. “Eso es difícil”, añade.

Keiko llega tranquila a la meta. Pero es solo el comienzo.

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