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Internacional Escribe: Luis F. Jiménez | Macri logró lo que Cristina Kirchner buscó y nunca pudo obtener: Tener al presidente Obama en Argentina y ser elogiada por él.

Escala Porteña

Obama y Macri

Obama y Macri: derechos humanos y omisiones históricas.

Obama, que viajó a Cuba para enterrar el último vestigio de la Guerra Fría, buscó cerrar el círculo de su concepción viajando a Argentina cuyo presidente, Mauricio Macri, enfatiza más el presente y el futuro de su país y la gestión que resuelve problemas sociales más que los enfrentamientos ideológicos anclados en el pasado.

Los graves problemas económicos, sociales y políticos de Brasil abren una imprevista ventana de oportunidad para Argentina y su Presidente ante el tambaleante liderazgo del gigante.

Tomarán tiempo en concretarse los acuerdos celebrados por Macri y Obama y fue importante el apoyo del gobierno de este en un escrito ante el juez Griesa de Nueva York apoyando la posición argentina en las negociaciones con los fondos especulativos. Los acuerdos abren la puerta a numerosos anuncios concretos como las inversiones de empresarios estadounidenses que acompañaron a Obama.

Un aspecto, sin embargo, provocó turbulencias en la visita de Obama. El 24 de marzo, coincidió con el 40º aniversario del golpe militar que en 1976 llevó al poder a la Junta Militar presidida por Jorge Videla. El régimen militar se convirtió en el más sanguinario de la historia argentina reciente, con su secuela de desapariciones forzosas, torturas y familias destruidas y culminó con el desastre de Malvinas.

Si Obama buscaba enfatizar el cambio de actitud del gobierno de EE.UU. –cuyo apoyo inicial fue clave para la dictadura militar– el resultado fue débil, pues la prensa no relevó el papel jugado por Carter. Obama consideró que su país no había acentuado lo suficiente, al inicio, su defensa de los derechos humanos, pero reivindicó el papel jugado por EE.UU. cuando ayudó a las víctimas de la dictadura. Recordó a Pat Derian, secretaria de derechos humanos bajo Carter cuando este “entendió que los derechos humanos son un elemento fundamental de la política exterior …”. Carter se jugó para lograr la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Argentina (CIDH) en 1979.

Obama omitió referirse a Raúl Alfonsín, el presidente de la restauración democrática argentina que sentó en el banquillo de los acusados a los comandantes generales de las tres armas. Tampoco Macri mencionó a Alfonsín, sin el cual la historia de los derechos humanos en Argentina no hace justicia a la verdad.

La visita de Obama –y por haber escogido el 24 de marzo para realizarla– fue ocasión para que se manifestara la profunda distorsión que existe en Argentina en el tratamiento del tema de los derechos humanos. La prédica del matrimonio Kirchner en esa materia (a pesar de haber ignorado el tema y a los perseguidos durante la dictadura) y los abundantes recursos estatales que dirigió a los organismos de derechos humanos que apoyaban sus respectivos gobiernos, politizaron el tema.

La defensa de los derechos humanos protege al individuo frente a los abusos provenientes del Estado. La independencia de los organismos de derechos humanos es esencial para tener una acción eficaz. Cuando se toma partido por un gobierno que, además, los abruma de recursos, cargos públicos y otros beneficios que lindan en la corruptela, el tratamiento del tema se politiza y desnaturaliza.

No es por ello de extrañar que los organismos de derechos humanos no asistieran al acto en homenaje de las víctimas de la dictadura al que asistieron los presidentes Macri y Obama. Consideraron que Obama no había enfatizado lo suficiente su rechazo al apoyo del gobierno de EE.UU. a la Junta Militar. Y la emprendieron contra el gobierno de Macri, llamando a “defender la democracia” frente a las medidas que este estaba tomando.

La multitud que asistió al acto convocado por los organismos de derechos humanos acabó siendo un acto político con un fuerte ingrediente kirchnerista. Algo que una Cristina jaqueada necesitaba pues su legado se desmorona ante las acusaciones de corrupción y cuando emergen las crudas consecuencias de sus desastrosas políticas.

El balance de la visita fue considerado positivo. Hasta tuvo su nota hilarante cuando un Obama, por primera vez intimidado, fue invitado a bailar el tango por una conocida bailarina en la cena de Estado que le ofreció su anfitrión. Terminó visitando brevemente Bariloche, en el Ande argentino y prometió realizar un seguimiento ajustado de los temas conversados y cuya solución el gobierno de Macri necesita como el oxígeno.

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