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Internacional Escribe: Luis F. Jiménez| La relación de Evo Morales con Gabriela Zapata, de la cual había nacido un hijo considerado muerto pero que resultaría estar vivo, han dado lugar a alegaciones de corrupción que involucran al mandatario boliviano.

Evo y el Fenómeno del Niño

Gabriela Zapata, ex esposa de Evo Morales (Foto: EFE)

Gabriela Zapata trabajó en una empresa que obtuvo US$550 millones en obras públicas bajo dudosos métodos de adjudicación.

Evo Morales perdió recientemente, por escaso margen, un referéndum convocado para enmendar la Constitución Nacional para autorizar que se presentara una cuarta vez, en 2019, para disputar la presidencia de Bolivia que ha ejercido durante 10 años. Morales se encuentra al final del primer año de su tercer mandato. (Leer: La Voz de la Pachamama)

En la derrota también influyó la corrupción gubernamental, algo que el propio Evo Morales reconoció y condenó. Al parecer, sin embargo, él no había resultado personalmente afectado por las alegaciones de corrupción.

Hasta que, a principios de febrero, el periodismo reveló un caso que podría involucrarlo: Morales había procreado un hijo con la militante Gabriela Zapata en 2007, cuando ella rondaba los 20 años de edad. Según el presidente, el hijo murió a poco de nacer y Zapata consiguió trabajo con una poderosa empresa china de ingeniería (CCAC) de la cual llegó a ser alta ejecutiva.

Lo sospechoso de la relación de Morales con Zapata fue que esta empresa obtuvo más de US$550 millones en obras públicas bajo dudosos métodos de adjudicación. Morales afirmó que había dejado de ver a Zapata hace años y negó cualquier tráfico de influencias, aunque surgieron fotos recientes de ambos. Días atrás, una tía de Zapata afirmó que el hijo no había muerto y Morales exigió conocerlo.

Simultáneamente, surgieron informaciones que daban cuenta que Zapata había ocupado transitoriamente la oficina de la primera dama en el palacio de gobierno y había gestionado proyectos a nombre del gobierno de Bolivia. La policía detuvo a Zapata por orden de un juez, y se encuentra privada de su libertad. Las alegaciones de tráfico de influencias por parte de Morales ha afectado al presidente. El embrollo marital y filial ha venido a alimentar la crónica sensacionalista con un niño de por medio.

Evo Morales tiene aun cuatro años de gobierno por delante y, desde el punto de vista político, tendrá tiempo más que suficiente para aclarar si hubo o no actos de corrupción en las asignaciones de trabajos públicos realizados por la empresa china debido a sus relaciones con Zapata. Las perspectivas, sin embargo, podrían ser de un mayor debilitamiento de Morales en un nuevo escenario nacional e internacional.

 


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