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Cuando había tiempo y ganas para las apoteosis.

La Visita Inolvidable

De Gaulle y Belaunde

De Gaulle y Belaunde se entendieron bien y hablaron en francés.

Nunca antes, y seguramente nunca después, Lima recibió a un gobernante extranjero como a Charles De Gaulle en 1964. Entre el aeropuerto y la Plaza de Armas unas 250 mil personas se alinearon en las veredas para ver pasar el Cadillac negro con De Gaulle y Fernando Belaunde, seguidos por el regimiento montado de los Húsares de Junín.

De Gaulle sale de la iglesia San Pedro

Bajo palio, De Gaulle sale de la iglesia de San Pedro después de escuchar la misa dominical.

Se buscaron y encontraron varias razones para tanta expectativa. Ocurrió un día viernes, cuando la ciudad ya se preparaba para el fin de semana, además Lima siempre fue una ciudad ‘novelera’; finalmente, no todos los días se podía ver a un héroe de la Segunda Guerra Mundial. El hecho es que (aunque seguramente se dijo lo mismo en otros lugares) los limeños quedaron convencidos de que la recepción de Lima había sido más calurosa y multitudinaria que la de Caracas, Bogotá o Quito.

De Gaulle, por su parte, supo corresponder y cautivar a todos los públicos. “Sus discursos fueron cortos, su español espantoso y su simpatía y personalidad desbordante”, comentó CARETAS (298) al hacer un balance de la visita. Para todos tuvo el mensaje que querían escuchar. A Lima la llamó en castellano ‘Lima la linda’, cuando hacía pocos meses se había publicado ‘Lima la Horrible’ de Salazar Bondy. A los belaundistas en el poder, les citó, también en castellano, “la impresionante frase del Presidente Belaunde, la conquista del Perú por los peruanos”. A los franceses residentes en el Perú, unos tres mil, les propuso cantar juntos La Marsellesa, con lo que desató las lágrimas de una pequeña multitud. A los militares en Chorrillos les recordó antiguos vínculos profesionales. Hasta a los estudiantes de San Marcos, al pasar por el Parque Universitario, les arrancó un “Francia sí, Yanquis no”, grito que debe haber encantado al viejo General.

Se quedó en el Perú tres días, hubo ceremonias, bailes de gala y discursos, como en todas las visitas de Estado, pero en esa en particular, algo vibró en el aire, hubo un fervor y simpatía muy difícil de repetir, como muestra de una época en la que los países salían de visita.

De Gaulle llegada al Congreso

Llegada de De Gaulle al Congreso. La idea de un Ejecutivo fuerte estuvo en la mente de todos.

 


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