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Fotografías de alguien que no se daba demasiada importancia.

¿Quién Fue Baldomero Pestana?

3 imágenes disponibles FOTOS 

Baldomero Pestana

Baldomero Pestana durante sus años en Lima.

Ahora que todo se puede conocer ya no quedan dudas. 1918, gallego, pobre, a los cuatro años lo llevaron a Buenos Aires. Su madre nunca lo quiso, lo repite casi en cada entrevista. Se crió en el círculo de abuelos y tíos gallegos, buenas personas pero pobres y duros. Uno de ellos lo empleó como ayudante de sastre. Con sus ahorros siguió un cursito de fotografía y se hizo fotógrafo. Prensa, publicidad, retratos, bautizos, bodas, defunciones, el diario de un fotógrafo del Río de la Plata cubre la vida entera.

Baldomero Pestana era un fotógrafo profesional, en el sentido que de eso vivía, publicó fotografías en Life y Times, pero su relación con el mercado y con su arte lo terminó de inventar él. No es que no hubiera tenido puestos estables, “fotógrafo de planta”, aunque siempre por pocos años, dejando la impresión de no darle demasiada importancia a lo que hacía. En cierta manera seguía siendo un sastre.

En 1957 se instala en Lima, consigue un pequeño trabajo en La Crónica, y ocurre el gran salto, lo contratan como fotógrafo oficial en Palacio de Gobierno. “Esas cosas solo ocurrían en esas repúblicas”, diría muchos años después. En los siguientes diez años desarrolla una carrera e inicia su serie de retratos, aunque “no le daba importancia” y jamás cobró por ninguno de ellos. De ese tiempo son las fotografías de artistas y escritores peruanos que han terminado por convertirse en imágenes clásicas. Entre muchos, Martín Adán, recién bañado y afeitado, con terno y sombrero negro, antes que la corbata se afloje y las puntas del cuello de la camisa se curven hacia arriba; José María Arguedas, sentado contra una pared en blanco, mirando lacónico hacia la cámara.

En 1967 se va a vivir a París. Lo que comenzó en Lima, toma forma y mayor vuelo. Aparecen algunos artículos sobre la fotografía de Pestana, se organizan un par de exposiciones. “Tuve un cuarto de hora de fama”, diría después. Tal vez si hubiera seguido, pero la muerte de su esposa y el hecho de no tener hijos, lo deciden a regresar a Galicia.

Ya no son abuelos y tíos pobres, sino sobrinos ricos y generosos que le dan una casa en el campo a pocos kilómetros de Pena, donde nació. Parece la época más feliz de Pestana. Se dedica al dibujo en cartulinas Bristol, dice que vive en el paraíso, asombrado del verdor de Galicia. Con los años un cierto reconocimiento comienza a llegar hasta su casa en el campo. La Biblioteca Nacional se interesa por su archivo fotográfico, pero Pestana prefiere donarlo a su tierra. Muere pocas semanas antes que el Museo de Arte de Lima inaugure su primera retrospectiva.

(Caretas, Ilustración Peruana, edición 332, mayo de 1966)

 


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