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Por: Luis Jochamowitz | Retrato edificante y verídico de un delincuente de época.

Tantas Veces Tatán

Carlos Enrique Melgar y Luis D

Carlos Enrique Melgar y Luis D’Unian Dulanto, abogado penalista y cliente famas compartidas.

Entre reformatorios y cárceles había pasado más tiempo que en la calle, es decir, la calle Las Carrozas en Barrios Altos, es decir, sus esquinas, su cine de barrio y sus cantinas. Luis D’Unian Dulanto, alias 'Tatán' (de niño no podía pronunciar Tarzán), salía y entraba de la prisión con una regularidad que al principio causaba gracia, pero que luego comenzó a molestar.

En 1954, después del primer gran proceso, su diente de oro (1), sus sortijas, esclavas y cadenas, fueron celebrados como señas de identidad de un “ladrón elegante”; pero en 1959, después de la enésima reincidencia, los mismos diarios que antes lo festejaban, comenzaron a gruñirle.

Luis D

Luis D’Unian Dulanto, un día en los tribunales, ocasión de estrenar terno nuevo.

Salió a la luz un nuevo dato que antes no se mencionaba o al que no se le daba mayor importancia: había estado internado en el Hospital Larco Herrera. En uno de los primeros diagnósticos mediáticos, los médicos consultados por los periodistas hablaron de “narcisismo patológico”. Significados menos ingenuos comenzaron a tener los 18 ternos de su guardarropa, los álbums donde pegaba hasta el último recorte de su trayectoria, o el libro de memorias que publicó con la ayuda de “un escritor desempleado”.

Conforme transcurrían los años 50 y se acercaban los 60, una nueva sensibilidad pública, con jueces más severos y lectores menos inocentes. A nadie se le ocurriría contratarlo como actor de radioteatro, proyecto que se frustró al principio de su carrera por la protesta de las sociedades de actores.

Tatan

'Tatán' elevado a las vitrinas del museo policial.

Envejeció rápidamente, pálido en la sombra. Tuvieron que pasar décadas antes de que su nombre resucite fuera de las páginas policiales y adquiera ese aire de época que se adhiere fuertemente a ciertos hechos y personajes. Sus relieves individuales solo fueron un medio, casi un pretexto para que las generaciones futuras, y los sobrevivientes, si quedaban, proyecten sobre él una cierta imagen de su tiempo. 'Tatán' es nuestro criminal del odriísmo, el fuera de la ley del merengue y el cha cha chá, el protagonista de las multitudes sudorosas que regresaban a casa con un matutino o un vespertino bajo el brazo.

Pero nadie vive para ver su leyenda. Luis D’Unian Dulanto murió en la cárcel en 1962. A él solo le tocaron las largas condenas y algunas cualidades personales que nadie puso en duda. Dicen que era un gran futbolista y que llegó a ser un ajedrecista fuerte, al menos para el nivel de la cárcel, donde siempre hay tiempo para otra partida.

Caretas, Ilustración Peruana, edición 189, diciembre de 1959.

(1) Otros dijeron que era de plata o que tenía un brillante incrustado. Cuando murió, un periodista que se introdujo por una claraboya al mortuorio del Dos de Mayo, levantó con la punta de su lapicero la sábana que le cubría el rostro y aseguró que ya solo había “un hueco negro”.

 


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