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Trayectoria y altura de un personaje excepcional.

‘Último Viaje’

Ultimo viaje de Elmer J. Faucett

La llegada de un avión al aeropuerto de un pueblo del interior despertaba el entusiasmo general. Foto de Cotabambas en los 40.

Elmer J. Faucett

Elmer J. Faucett.

Un día cualquiera a las diez de la mañana, en su casa de San Isidro, a los 69 años de edad, los últimos cuarenta vividos en el Perú, muere Elmer Faucett Clark. Lo entierran en el Cementerio Británico de Bellavista.

Algunos lo recuerdan recién llegado al Perú como mecánico de unos aviones Curtís de la primera escuela de aviación. Alto, flaco, desgarbado, en los primeros días no hablaba ni una palabra de castellano y dormía dentro de los cajones de madera en que vinieron los aviones. Ya sabía volar (lo despidieron en Estados Unidos de su puesto de mecánico por volar sin permiso), pero su licencia de aviador (número 001) la obtuvo en el Perú. Ese mismo año se disolvió la Escuela y Faucett logró alquilar uno de los Curtís. Con ese primer aparato, un Curtís Oriole para dos personas, realizaría sus viajes más famosos, como el Chiclayo - Iquitos, en 1922, que terminó en aterrizaje forzoso sobre un banco de arena a pocos minutos de su destino. Entró a la ciudad entre aclamaciones con su avión amarrado en la cubierta de un paquebote. Fue el primer intento de llegar a Iquitos desde la costa del Pacífico y no por el istmo de Panamá.

Los años veinte los pasó haciendo de correo aéreo, pero en 1928, en sociedad con Ernesto Ayulo, Paul Winer, B. M. Talvit, Juan Pardo y otros, fundó la Compañía de Aviación Faucett con un capital de 2,500 libras esterlinas. La historia de la compañía en esos días se confunde con la historia de la aviación comercial y la creación de los primeros aeropuertos. Faucett participó en la construcción de algunos de ellos. Al principio aterrizaba en campos abiertos a las afueras de la ciudad, y cuando llegaba de noche sobrevolaba la ciudad para que los dueños de los carros se dirijan al campo para iluminarlo con sus faros. En Chiclayo su amigo Walter Plenge, pintó el capot de su carro de color anaranjado, para señalar con una flecha la dirección del viento. El anaranjado se convirtió en el color de la compañía.

Elmer J. Faucett

Elmer J. Faucett y su perro Tony. El amo fue Presidente de la Sociedad Protectora de Animales.

Faucett no solo era piloto, también era un mecánico. Uno de los puntos fuertes de la compañía fue la licencia de la Stinson Co. para construir sus propios aviones en el Perú. El primero que hicieron demoró un año, el último fue terminado en dos meses. En 1945 los talleres en Santa Cruz ya habían armado 30 monoplanos de siete asientos y varios hidroaviones. Ese mismo año, la compañía obtuvo los primeros DC-3 comprados como “excedentes” al término de la II guerra mundial. Más tarde trajo los DC-4, incluyendo uno que había sido el avión oficial del general Douglas MacArthur en las Filipinas.

Elmer “Slim” Faucett, el flaco, el gringo, el viejo Faucett, dicen que era “duro y hasta hosco”. Se había retirado desde hacía muchos años, vivía en la calle Daniel Flerriández 230, con su perro “Tony” que murió antes que él y está enterrado en el jardín, si todavía existe la casa.


(CARETAS Ilustración Peruana, edición 196, abril de 1960)

 


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