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Aquí comienza una nueva sección de Caretas –'Archivo Expiatorio'– donde se pagan las culpas y, a veces, se entregan premios. Esta vez es un viaje de Manuel Prado en el ardiente verano de 1960.

Medallas y Gases Lacrimógenos

Manuel Prado

Entrada triunfal, Manuel Prado y sus 36 condecoraciones según cálculo
de un lector.

En la época en que los presidentes no salían casi nunca de viaje, Manuel Prado se organiza una gira oficial por Europa. Escalas en Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Holanda, “matará varios países de un solo tiro”, escribe un satírico que firma ‘S.O.S’, refiriéndose a la fama de ‘salado’ que lo persigue desde el terremoto de 1940. El viaje fue duramente criticado como inútil y frívolo. La imagen de un Manuel Prado vano y presuntuoso alzaba vuelo en los medios de oposición. Un lector que se dio el trabajo de contar las condecoraciones de Prado en una fotografía, alcanzó la asombrosa cifra de 36. “¿Dónde ha ganado el señor Prado tantas condecoraciones? (…) De Gaulle no va a exhibir tan variado surtido”.

Manuel Prado y su canciller Raúl Porras Barrenechea presentaron la gira como una reafirmación europeísta de la política exterior peruana, pero ambos tenían razones y sensibilidades personales para sentirse especialmente a gusto con Europa. Raúl Porras por razones de cultura y oficio (aunque España, significativamente, fue omitida de la gira). Manuel Prado porque le encantaba Francia y había sido uno de los más firmes aliadófilos durante la Segunda Guerra Mundial. Su primer gobierno fue el primero en Sud América que reconoció al gobierno en el exilio de Charles de Gaulle y sus “franceses libres”. En cierta forma, pensaban sus detractores, Prado viajaba para recoger nuevas medallas.

Gas Lacrimógeno

Un nuevo gas más poderoso fue la última importación de la
política peruana.

Llegado el día de la gran recepción en Francia, el frac de Prado llevaba más condecoraciones que el de De Gaulle. Incluso su esposa, Clorinda Málaga, que brillaba al lado de Madame Yvonne de Gaulle, lució la Orden del Sol y la Orden de Malta durante la gira. La recepción fue ‘todo un éxito’, la orquesta amenizó la noche con un repertorio de huaynos del compositor cusqueño Armando Guevara Ochoa. El día de la despedida en el Aeropuerto de Orly, Prado declaró a los periodistas franceses: “Digan que yo contaré los instantes que me separan de mi retorno a Francia al término de mi mandato” (Le Figaro 11 de marzo). En Lima tomaron nota, ahora sabían que Manuel Prado gobernaba “mirando el minutero”.

Policía reporta.

Viento en contra. Un policía reporta las novedades de una noche movida.

Por esos días, en su columna Coctail Party, la cronista de sociedad Marilucha García Montero escribió: “hace unos días un embajador dijo la siguiente frase: el limeño es un señor bien peinado que toma su whisky sentado al borde de un precipicio”. Prado eligió el letárgico mes de febrero para iniciar su gira, confiando en que nada sucedería durante su ausencia.

Pero un violento desalojo que dejo un muerto en Chimbote y un mitin de estudiantes en el Parque Universitario agitaron la escena. Esta vez, sin embargo, algo cambió: “un nuevo gas, mucho más penetrante que el que se conocía y que agarrota la respiración, fue la novedad”.

(“CARETAS Ilustración Peruana”, edición 192, 193, 194, febrero y marzo de 1960)

 


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