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Literatura Escribe: Ricardo González Vigil | Los cien años de El Romanticismo en la poesía castellana, el primer libro del mayor poeta peruano.

Vallejo Centenario

César Vallejo

En su tesis, El Romanticismo en la poesía castellana, Vallejo reflexiona
con gran poder innovador.

El primer libro que publicó César Vallejo fue su tesis de bachiller: El Romanticismo en la poesía castellana. Fue sustentada en la Universidad de La Libertad el 22 de septiembre de 1915; un “Grado Notable”, según el diario La Reforma (de Trujillo) del 24 de dicho mes. Tan buena recepción explica que, pocos días después, fuera editada por la Tipografía Olaya.

Interesa por varios motivos esa tesis, escrita por quien, a los 23 años de edad, ya estaba tejiendo su primer poemario: Los heraldos negros (recién circuló en 1919). Precisamente, ese mismo año de 1915 Vallejo comenzó a frecuentar a los integrantes de la llamada “bohemia de Trujillo”: Antenor Orrego, José Eulogio Garrido y Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros.

De un lado, prueba la importancia que concedía a la teoría y la crítica literarias. Empieza su tesis celebrando que los hermanos Schlegel, a comienzos del siglo XIX, hayan sentado “las bases de la ciencia crítica en el Arte” (p. 4). En concordancia con ello, en su ensayo El arte y la revolución (compuesto entre 1929 y 1934) se propuso cubrir un vacío: formular la estética ausente en los escritos de Marx, Engels y Lenin, sorteando así las limitaciones teóricas del “realismo socialista” que estaba asumiendo el régimen soviético.

El Romanticismo en la Poesía Castellana
Nos ha dejado, también, el esbozo de un estudio teórico sobre el arte y la literatura, incluido por su viuda Georgette como apéndice de El arte y la revolución. Igualmente, unas notas para una nueva estética teatral (concebidas en los años 30). En todos los casos, Vallejo reflexiona con gran poder innovador.

En su tesis sobre el romanticismo, aborda la necesidad de la imitación de modelos extranjeros propuesta en 1905 por José de la Riva Agüero. Vallejo sin conocerla se sitúa en la línea de la tesis que ese mismo 1915 sustentó, en Lima, José Gálvez Barrenechea: Posibilidad de una literatura genuinamente nacional.
Sostiene el poeta liberteño: “Si bien es cierto que, como dice Justo Sierra, es necesario beber en las fuentes puras de los autores extranjeros para suscitar el buen gusto y los ideales, no por esto debemos seguir ciegamente de un modo servil a los maestros, aun ahogando la voz de nuestra raza, de nuestro gusto innato y nuestras costumbres” (p. 53).

De otro lado, al caracterizar la poesía romántica, proporciona consideraciones utilísimas para estudiar su propia poesía; verbigracia, el tema del amor en la ruta de Dante.

Subrayemos que Vallejo aboga por la continuación del culto romántico a la ‘sinceridad’ (ser uno mismo): “siendo todo sinceridad en esta escuela (romántica), es de lamentar que ahora nuestros poetas olviden esta gran cualidad que debe tener todo buen artista” (pp. 52-53). Esa falta de sinceridad, según Vallejo, hace que la ‘poesía nueva’ de los vanguardistas hispanoamericanos no sea tal, quedándose en lo epidérmico e imitativo (ver su polémico artículo ‘Contra el secreto profesional’). Tampoco le parece proletariamente sincero Maiakovski, en Rusia en 1931.

 


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