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Historia Escribe: Carlos Cabanillas | En el centenario de Armando Villanueva del Campo se publica el Libro Rojo del APRA, con documentos, fotos y correspondencia inédita de Haya de la Torre.

Armando la Historia

5 imágenes disponibles FOTOS 

Villanueva

Fue presidente del Consejo de Ministros durante el primer gobierno de Alan García. También presidió el Senado y la Cámara de Diputados.

Entró a la cárcel por primera vez a los 15 años, cuando fue a llevarle los alimentos a su padre. Eran las últimas semanas de 1930 y el médico y diputado leguiista Pedro Villanueva Urquijo había sido detenido por la dictadura de Sánchez Cerro en el cuartel de la sexta zona policial. Fue allí, en El Sexto, donde conoció al compañero de celda Carlos Manuel Cox, “un hombre alto, pálido, sereno y de contextura atlética”, como recuerda en su libro. A fines de enero de 1931, Cox le pidió llevar una carta oculta en la viandera. El mensaje debía ser entregado a la librería de los hermanos Rosay, en la Plazuela de La Merced. “Fue mi primer trabajo de enlace, y clandestino, para el Partido”, recuerda Armando Villanueva del Campo.

CARETAS 1901 - Noventa no son Nada

Realizó su primera acción subversiva el día de su cumpleaños número 19. Aquella vez intentó capturar por asalto el Cuartel Militar de Barbones para apoderarse del armamento e iniciar una revolución. Era el 25 de noviembre de 1934. También fue el día de su primera detención.

Su familia hace números. En total, Armando Villanueva del Campo estuvo 11 años preso. Un récord solo superado por Ramiro Prialé (16 años). El resto es la historia de las catacumbas. Allí están los papeles incinerados, los libros enterrados, las balaceras, las persecuciones, las casas de refugio o Incahuasi y los iniciados: Heysen, Seoane, Cox. La célula de la A.P.R.A. en el París de 1926 (y en Buenos Aires, La Plata, México y Panamá). El Centro de Estudios Antiimperialistas de 1927. Los exiliados. Merel, Cossío, Meneses, Vásquez, Herrera, Delmar, Portal, Petrovick, los Rozas, los Gonzales Willis. Las damas como Miquellini, Rivadeneyra y Morales. Los obreros trujillanos como Barreto, Ávila, Cobián, Jara, Zamora, Carranza y Gallegos. Los asistentes al acta de inauguración de la sección del APRA en Lima: Ungaro, Spelucín y Víctor Polay (léase en chino Po Lay). Y los primeros apóstatas. Vallejo, Bazán, Paiva, Enríquez, Mella. Porque simultáneamente a la historia del aprismo nació también la del antiaprismo.

El Libro Rojo contiene 192 páginas no foliadas, “con empalidecidas líneas horizontales color celeste”. El papel es un satinado grueso de 22.5 cm. de alto y 17.5 cm. de ancho. El cuaderno fue comprado por el Dr. Francisco Galarreta Guzmán en la librería Herrera Méndez, que funcionaba en ese entonces en el cruce de las calles Juan Pablo y Trinidad N° 600 en el centro de Lima. Fue precisamente el propio Galarreta quien, varios años después, le entregó el cuaderno a un alto oficial de la Guardia Civil, don Silvestre Rebaza Jara. Fue un plan perfecto: nadie sospecharía de la casa de un oficial. Con el paso de las décadas, el Libro Rojo fue a parar a la casa de una amante militante, a un estudio de abogados y, finalmente, a la casa de la madre de Villanueva del Campo. Dos de sus sesiones pueden leerse en el libro de Luis Alberto Sánchez, Apuntes para una biografía del Apra (1978). Todo lo demás es material inédito y ha permanecido escondido bajo más de siete llaves. Hasta hoy.

Sus páginas contienen los primeros 136 días y las 27 primeras sesiones que tuvo el partido desde aquella reunión fundacional de la noche del sábado 20 de septiembre de 1930, en el número 278 de la Plazuela el Teatro del Jr. Huancavelica, a unos pasos de la casa donde había vivido Manuel González Prada y frente a lo que es hoy el Teatro Segura. Veintisiete sesiones que van hasta el 14 de enero de 1931. Entre sus hojas también están los borradores de tres sesiones del 31. Dos escritas a lápiz (15 y 21 de enero) y una tercera escrita a máquina. Las actas ofrecen una breve síntesis de las sesiones y hacen referencia a correspondencia y documentos complementarios, algunos de los cuales se han extraviado.

Además, este esfuerzo editorial rescata los primeros 16 números de la Revista APRA, el primer vocero oficial del partido. El primer número de la revista data del 12 de octubre de 1930. La publicación dirigida por Serafín Delmar corrió la misma suerte que del movimiento. Fue incautada y clausurada en varias oportunidades. Cuenta Villanueva que varias décadas después, ya en los sesenta, el historiador Pedro Benvenutto le regaló su colección personal del célebre tabloide de 16 páginas. Sucede que Benvenutto los había comprado siendo asesor del Ministerio de Gobierno y Policía.

Finalmente, el libro recopila la correspondencia de algunos de los más prominentes líderes apristas, incluyendo al propio Haya de la Torre. Son 90 cartas inéditas de Haya con Seoane, Ravines, Mariátegui y Heysen (gracias al archivo rescatado por Socorro Heysen Zegarra). Allí se hablan de “camaradas”, por ejemplo, desmitificando la historia oficial.

Y en el dorso del libro, destaca la firma del líder cuando tenía tan solo 11 años de edad.

Aunque parezca inverosímil, no existe un buen libro que cuente la historia del APRA con justicia. La bibliografía sobre el partido se divide entre hagiografías y libelos, panfletos y escritos de propaganda. A favor o en contra. Quizás este sea el único esfuerzo ambicioso por recopilar material documental histórico e inédito. Es el mérito del editor, Javier Landázuri García, así como del periodista y amigo, Pablo Truel. También cabe reconocer el esfuerzo de la Fundación Armando Villanueva del Campo, organismo que incluye a gente como Pablo Truel, César Campos, Roque Benavides y el exministro de salud, Luis Pinillos Ashton.

CARETAS 2279 – La Huella de un Siglo

Lucy Ortega de Villanueva merece un párrafo aparte. Su memoria prodigiosa le añade a los documentos el contexto que solo ella reconoce, en pleno centenario. Antes de conocer a quien sería su esposo, Lucy vivió en el barrio aprista de Breña y fue secretaria de Jorge del Prado. Luego de conocerlo, nada volvería a ser igual. Traslado de cartas y paquetes bajo la ropa, desapariciones forzadas y deportaciones a Chile o a Venezuela. Pruebas de fuego para un amor a prueba de balas. Que lo diga sino Lucía Villanueva, su hija, quien recuerda aquella vez en que su padre opuso resistencia a un intento de deportación velasquista solo para esperar la llegada de su hija del colegio. Luego de despedirse de ella, se lo llevaron detenido. “Era un hombre muy cariñoso”, recuerda, desmitificando la figura del hombre hosco. Y luego pasa la página del libro.

 


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