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19/Nov/2015
 
 
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Internacional Escribe: Luis F. Jiménez |Francia se declara ‘en guerra’ y el occidente cierra filas con Rusia en ofensiva militar contra el Estado Islámico.

París: La Onda Expansiva

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Ataque a Francia

El viernes 13, terroristas lanzaron siete ataques coordinados que dejaron un saldo de 129 muertos y centenares de heridos en la capital francesa. Arriba, el bar Le Carrillon, 18 muertos. Foto: AP

Los actos terroristas en París el 13 de noviembre pasado han sido un desarrollo más que sume, a toda la humanidad, en el pantano de la locura colectiva. La lógica diabólica de responder a la violencia con más violencia parece no tener salida. ¿Cómo detener o revertir este proceso de destrucción colectiva que parece estar demasiado avanzado?

Desde la violenta destrucción de Jerusalén y la diáspora del pueblo judío, a través del secular combate, ora abierto, ora soterrado, de los ejércitos musulmanes y de los cristianos; y la expansión violenta de los imperios en los siglos XIX y XX se han generado situaciones dolorosas para inmensas poblaciones. Y las laceraciones colectivas se han transformado en un odio que parece no conocer límites y afecta a todo el planeta. Las reacciones violentas a los actos signados por el odio no hacen sino aumentarlo y expandirlo.

Cien años después del inicio de la Primera Guerra Mundial parece estar explotando el orden político, económico y cultural creado por los vencedores. Los Estados de Medio Oriente, creados después de la destrucción del Imperio Otomano, han demostrado ser inviables en su formulación actual.

La convivencia forzada en un mismo espacio administrativo y político de poblaciones marcadas por el antagonismo religioso, cultural y étnico, ha sido el origen de graves conflictos que se han acentuado y expandido con el paso del tiempo. El mosaico de culturas y religiones que es Medio Oriente se ha ido convirtiendo en un laberinto envenenado. Este fenómeno doloroso afecta también a regiones de África.

La invasión de Estados Unidos a Irak prendió la mecha de un conflicto cuyas dimensiones y virulencia no se reconoció. En esta carrera hacia el nihilismo surgió el Estado Islámico (EI) en Irak cuya brutalidad está perfectamente documentada. La respuesta ha sido casi tan brutal como los métodos del EI, aunque la tecnología de los vehículos no tripulados (“drones”) permite no mancharse las manos con sangre. La dinámica de la confrontación se expande y se potencia hasta incorporar a su lógica a la propia Rusia. La premonición de Saddam Hussein parece estarse cumpliendo: “Si EE.UU. invade Irak, se abrirán las puertas del infierno”.

Un doloroso desconcierto afecta a toda la humanidad. La insensible crueldad de los actos inspirados en el odio es tan grande como las dimensiones geográficas y étnicas de las poblaciones afectadas, parte importante de las cuales se está dirigiendo, para huir del infierno, hacia una Europa inundada por migraciones descontroladas. Siguen, así, un proceso iniciado un siglo atrás. Hoy París es, paradójicamente, la ciudad europea con mayor población de origen musulmán. ¿La venganza de los vencidos?

¿Cómo salir del sangriento laberinto? El papa Francisco indicó una de las puntas del hilo cuando se abrazó, frente al Muro de los Lamentos, con el rabino A. Skorka y el líder musulmán Ombar Abboud. Los tres habían practicado la tolerancia religiosa y la solución de los problemas humanos a través de la espiritualidad durante años en Buenos Aires, Argentina.

La esencia de las religiones es la superación del dolor y del odio a través del amor. Solo falta poner en práctica esta milenaria receta. Al parecer, no hay otro camino.

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