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Actualidad Exministro Daniel Urresti, intenta convencer a su promoción del Ejército sobre su terca candidatura. Salen a la luz argumentos de la Fiscalía –y los de su defensa– en caso Bustíos.

Círculo Militar

6 imágenes disponibles FOTOS 

Urresti

Encuentro se realizó el viernes 6 por el aniversario número 40 de ingreso a la Escuela Militar.

Todos los integrantes de la promoción 82 del Ejército peruano, Teniente Luis García Ruíz, ya pasaron al retiro.

El pasado viernes 6 se reencontraron en el Círculo Militar de la avenida Salaverry. Se graduaron en 1978, pero cumplían 40 años de haber ingresado a la Escuela Militar.

De modo inevitable, el general de brigada (r) Daniel Urresti Elera fue el plato fuerte.

Una semana atrás, y con la presencia de la presidenta del partido Nacionalista Nadine Heredia, el ex ministro del Interior formalizó su inscripción allí.

Comenzó casi de inmediato a visitar las bases de Lima y al día siguiente del reencuentro con la promoción volvería a verse con la Primera Dama. Ambos asistieron al II Plenario Nacional de la Juventud Nacionalista (ver más).

Pero no escatimó esfuerzos para ganarse el favor de la “promo” en su nueva aventura política.

Quizás animado por el whisky etiqueta dorada, Urresti se paró sobre la silla e improvisó un discurso a favor de Ollanta Humala y su propia opción de ser el candidato presidencial del oficialismo.

“La política es pasión”, confirmó el encuentro tres días después a CARETAS, frente a una empanada y un café en La Molina. No había almorzado y venía de lanzarse por parapente en una campaña de concientización sobre el autismo. Acompañó el vuelo con arengas para que la población no vote por Alan García. Calcula que su propia candidatura debería decidirse entre agosto y septiembre.

“Si eres inteligente debes ser hincha del Alianza”, sondea al reportero. “Igual en todas partes hay apristas, fujimoristas, pepecistas. También en mi promoción”.

Se sabe que eso último le respondieron algunos en el regado almuerzo del Círculo Militar. Y no se sabe si el general (r) Manuel Aparicio Saldaña –que pasó al retiro en diciembre del 2010, un año antes que Urresti– tenga alguna filiación política. Pero no expresó un buen concepto del gobierno de Humala y resintió que el Presidente haya abandonado a los militares.

Es un malestar que se repite últimamente en círculos castrenses. Sentencias recientes de la sala Penal Nacional ordenaron prisión efectiva de hasta 20 años para militares en retiro por las masacres de Pucará (1989) y Chuschi (1991). El criterio jurídico para llevar a la cárcel incluso a generales en retiro ha sido el de la autoría mediata.

El mismo criterio con el que el fiscal Luis Landa pide 25 años de pena contra Urresti, por el asesinato en 1988 del periodista Hugo Bustíos, corresponsal de CARETAS en Ayacucho.

LA DEFENSA DE URRESTI

Urresti considera irregular que el contenido de la demanda se haya filtrado a la prensa vía el Instituto de Defensa Legal (IDL) y que todavía no se le haya comunicado a él.

“IDL representa a una serie de ONG, y todos sabemos perfectamente que son organizaciones fuertes”, dice. “En mi experiencia no buscan justicia, buscan condenas. Y si el caso es mediático, mejor, ¡perfecto!”.

La defensa de los deudos de Bustíos, sin embargo, es realizada desde un principio por la Comisión de Derechos Humanos (COMISDEH).

Bustíos fue asesinado el 24 de noviembre de 1988.

Esa mañana el periodista acudió a cubrir el crimen de una comadre y su hijo cometido por Sendero Luminoso pero ‘Rogelio’, uno de los capitanes de la Base de Castropampa, donde también estaba Urresti, le impidió el paso.

Bustíos va a la base y le pide al jefe, Víctor La Vera Hernández, que le otorgue el permiso. Este lo aparta a conversar y, según cuenta su viuda Margarita Patiño, le dice que un terrorista conocido como ‘Sabino’ lo ha vinculado con los terroristas. Patiño y su amigo Eduardo Rojas, que lo acompañaba, observan salir un portatropas con soldados vestidos de polo blanco. Bustíos y Rojas dejan a Patiño y en camino a la casa de su comadre los acribillan los ocupantes del portatropas. Otro de los capitanes de la base, Armando Vidal Sambento, lo remata bárbaramente con un artefacto explosivo.

Casi 20 años de impunidad y encubrimiento culminaron en la sentencia de La Vera Hernández y Vidal Sambento en el 2007. Alrededor de esa fecha Vidal comenzó a vincular a Urresti, por entonces un general en actividad, pero sus testimonios a la prensa y la justicia han presentado inconsistencias. Se suma el testimonio del técnico Edgardo Montoya, que afirmó ver a Urresti en el portatropas.

La estrategia que el ex ministro afrontará en el juicio oral se basa en dos frentes: 1) desacreditar los dos testimonios que desde el 2007 lo acercan a la escena del crimen y 2) descartar que la autoría mediata pueda aplicarse en su calidad de oficial de inteligencia (S2) de la base de Castropampa.

Asegura que presentará cinco testigos a su favor y que revelará la naturaleza psicópata de Vidal Sambento, que incluso “le disparaba a los perros en cada salida”. Reitera que redactó un informe sobre robo de autopartes que perjudicó las carreras de Vidal y Montoya, y que después el primero llegó a falsificar informes para ascender en el escalafón en lugar de Urresti.

“El único que salía del cuartel allá en Huanta con su seguridad era (el jefe de la base) Víctor Fernando La Vera, que era el jefe político militar”, asegura. “Todos estábamos con inamovilidad absoluta. No es que saliéramos a pasear por las esquinas a las 8 de la noche. No. Vivíamos en el cuartel”.

Confirma Urresti la aparente relación amical que La Vera tenía con el periodista.

“Te lo estoy afirmando. No lo digo yo. Lo dice todo el mundo. Eran patas”.

¿Cómo se explica entonces el asesinato?

“No tengo idea”.

¿No lo ‘echó’ supuestamente un terrorista conocido como ‘Sabino’?

“Nunca escuché de él. Sabíamos de los senderistas Raúl y Jaime. Eso salió por un dicho de la viuda”.

A lo largo de una hora de conversación con CARETAS, insiste en que no tiene ninguna hipótesis sobre los móviles del crimen.

“¿Pero yo cómo voy a saber?”.

AUTORÍA MEDIATA

La denuncia del fiscal Landa ya fue trasladada al Poder Judicial y se guarda bajo siete llaves. Pero CARETAS pudo acceder a elementos claves de la acusación.

Su núcleo se encuentra en la autoría mediata y no en los testimonios de Vidal Sambento y Montoya. La teoría del jurista Claus Roxin y el artículo 28 del Estatuto de Roma son el principal marco teórico.

El primero toma en cuenta tres elementos: 1) fungibilidad de los ejecutores (pudieron ser otros), 2) fuerte estructura jerárquica a disposición del hombre que está detrás y, 3) operación desligada del ordenamiento jurídico.

El artículo 28 toma en cuenta la responsabilidad de los superiores en los hechos cometidos por sus subordinados.

Para la línea fiscal, está 100% probado que el crimen fue cometido por militares de Castropampa.

El propio Urresti (ver dibujo) describió a CARETAS las funciones que tenían los 5 capitanes del Ejército destacados entonces: S1 era de personal; S2, Urresti, era de inteligencia; S3 era de operaciones, S4 se ocupaba de la logística; y S5 organizaba las rondas campesinas.

Si bien Vidal Sambento fue sentenciado por ser autor material, su posición como S5 no lo hubiera comprometido. Tampoco el S1 ni el S4.

No es el caso de Urresti, como S2, y de José Salinas Zuzunaga, como S3 o jefe de operaciones, que para el Ministerio Público sí tendrían que estar involucrados en un crimen como el de Bustíos.

Ojo. Años después, Salinas sería el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) a quien Leonor la Rosa, una de sus agentes, señaló como el que la condujo a los sótanos del cuartel general del Ejército, donde fue torturada durante el gobierno de Alberto Fujimori (CARETAS 1470 – Firmeza a Prueba de Golpes) .

Salinas será convocado al juicio como testigo pero es muy probable que no se quede en esa condición. Según contó el propio exministro a CARETAS, Salinas tuvo la doble tarea de ser S3 y el segundo de La Vera en la base, pues el oficial al que le tocaba ese trabajo fue destacado a la selva ayacuchana.

COARTADAS Y REGLAMENTOS

La Fiscalía no cree en las dos coartadas de Urresti. Vale decir que: 1) no conocía a Bustíos, y 2) que recién se enteró del crimen cuando Enrique Zileri de CARETAS llegó a la zona al día siguiente en helicóptero.

Siempre según la acusación, además de periodista Bustíos era un comerciante acomodado dedicado al negocio de la cochinilla y era sumamente conocido en Huanta.

Urresti señala que sus salidas se limitaban básicamente a los planes de operaciones para resguardar las torres eléctricas que eran blanco recurrente de Sendero.

“Ese servicio comenzaba a las 18 horas y terminaba a las 7 de la mañana del día siguiente. Ibas hasta cierta torre y retornabas a la una, dos de la mañana. Era disuasivo”.

Si hay una contraposición fundamental entre la acusación y la defensa, es precisamente esa.

Urresti reitera que su papel era muy limitado.

“Lamentablemente hay una creencia generalizada sobre el oficial de inteligencia, de asumir que maneja un servicio, una organización”, argumenta. “Y están totalmente equivocados. Una cosa es el SIE y otra cuando llegas al oficial de inteligencia a nivel de batallón. Allí no hay equipos de inteligencia. Tan es así que jamás he hecho una capacitación de inteligencia”.

Landa, en cambio, cree todo lo contrario y según su acusación la estructura de inteligencia sí se reproduce hacia abajo. Urresti dice que él proporcionaba información “fría”, sin valoración. Landa cree que un crimen como el de Bustíos no se pudo planear sin su colaboración y que la patrulla que lo asesinó fue dirigida por él, incluso si no se encontraba presente.

Y en el texto cita una serie de documentos para sustentar su posición:

–Reglamento RE34-5 del Servicio del Interior y de Guarnición.

–Reglamento de Inteligencia Militar ME38-10.

–Directiva Única de Funciones del Sistema de Inteligencia del Ejército (DUFSIDE).

A partir de allí detalla las funciones de inteligencia y contrainteligencia cumplidas por el S2. Entre ellas, asesorar al jefe de la unidad en el planeamiento de operaciones y presentarle a este informes reservados cuando se detectan situaciones que pongan en peligro la base.

Para dar una idea de la influencia reducida del Ejército por entonces en Huanta, Urresti recuerda que “es una ciudad, no un pueblito chiquito. Otro sitio que tiene cuarteles, por ejemplo, es Chorrillos. También tienen sus S2. Supongamos que hay un asesinato. ¿Quién tiene que ir a averiguar sobre el asesinato? La Policía, pues. ¿Qué tiene que ver ahí el S2 de un cuartel militar?”.

Como crítico ejemplo contrario, en la fiscalía apuntan que, cuando la comadre de Bustíos es asesinada, es el Ejército el que toma el control de toda el área y el capitán ‘Rogelio’ –Luis Guerrero Cava, al que parece habérselo tragado la tierra, como Johnny Zapata, ‘Centurión’, también presunto participante en el crimen– es quien le impide el paso esa mañana fatídica.

CARTAS MARCADAS

Landa también toma muy en cuenta los escritos de Bustíos que la viuda encontró después de su muerte. Allí el periodista –que ya había sido torturado por la Marina durante su paso por la zona en 1984– expresa la esencia de su vocación y, por añadidura, de los artículos que publicó en CARETAS. Textos que retrataban el sufrimiento de una población sometida entre dos fuegos:

“Se sienten impotentes frente a mis armas, que son la cámara, el papel, el lápiz y mis palabras. No me asustan sus seguimientos, tampoco sus intentos de secuestro, mucho menos sus tentativas de desaparecerme. Me defenderé esté donde esté”.

“Piensan que estoy defendiendo ideologías que nada tienen que ver con mi forma de pensar; piensan que defender a los azotados y abandonados es defender a los que tomaron el camino equivocado; piensan que defender a la madre que perdió a su hijo es defender a los causantes de la desgracia; piensan que ayudar a aquellos que nunca encuentran consuelo por su dolor es atizar la fogata; piensan que con mi actitud estoy impulsando violencias”.

“Tampoco solucionarán el problema de la violencia colocándome dos metros bajo tierra”.

Frente a las circunstancias, líneas que estremecen un cuarto de siglo más tarde. (Enrique Chávez)

 


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