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Fotografía Roberto Huarcaya enrumba un viaje al origen de la naturaleza. Su camino, el origen de la fotografía. Bahuaja Sonene retratada desde lo más profundo.

De Vuelta a la Semilla

4 imágenes disponibles FOTOS 

Roberto Huarcaya

Huarcaya escoltado por uno de sus fotogramas. Resalta la sensación de “la selva inalcanzable por los sentidos”.

Hace dos años, el fotógrafo Roberto Huarcaya viajó junto con personajes como Cristina Planas, Diego Lama, Janine Soenens, Silvia Westphalen, Lucho Quequezana, entre otros, hasta la reserva natural Bahuaja Sonene, parte en Madre de Dios y parte en Puno. Invitados por la ONG WCS (Wildlife Conservation Society), la idea era la siguiente: obtener interpretaciones de la reserva a partir de la vivencia de cada uno para poder sensibilizar al resto con el fin de conservarla. Es aún virgen. Palabras de Huarcaya, “sintonizar con el espacio para generar un vínculo que detone en el trabajo final”. Luego de un año y siete visitas a la tupida selva, llegó hasta la semilla y bailó la idea en el panorama: si iba a trabajar con el origen de la naturaleza, también lo haría con el de la fotografía.

Avanzando a machetazos por la selva negra de las noches, cargaron (su nuevo equipo y él) hasta su ombligo tres rollos de papel antiguo de 1.10 x 30 metros de largo hasta detrás de los árboles elegidos. Flashes comenzaban a dispararse como retándolos a formar parte de una huella directa de la realidad más profunda impresa en tres fotogramas que habían casi rodado desde la costa hasta la selva, ahí hasta Bahuaja Sonene. “Se trataba de lanzar el flash y velar el papel con los árboles delante”. La luna llena y las tormentas con rayos también ardían sobre el kilométrico papel salvaguardado por aquel “citadino manejándose en función de la presión en un espacio imponente”, como dijera Huarcaya sumergido en verde. El antídoto que evitaría errores: las pruebas en el laboratorio en Lima para estandarizar sus procesos. El otro laboratorio rústico se ubicaría tiempo después en uno de los cuartos del lodge en el que dormían.

Fotogramas de troncos enormes velados desde la raíz hasta la copa son retratos del viaje a la selva virgen e inasible, como la describe ya no con cámara, sino con flash en mano. “El contrapunto entre belleza y muerte”, acaba. Y para seguir zambulléndose en la naturaleza, las imágenes fueron reveladas con agua de río. Con tierra, con químico. Son una culebra, un río, dice, y ahora sí acaba. Para qué más. (Ailen Pérez)

 


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