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30/Ene/2014
 
 
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Personajes Desde hace 42 años, Alberto Robles estudia cada movimiento de Raphael para subirse al escenario. No canta, pero baila.

Él es Aquél

Alberto Robles

Alberto haciendo girar el poncho a puertas del concierto de Raphael el 3 de marzo (Lima).

La primera vez que Alberto Robles Rivera se enteró que Raphael estaba en Lima caminó 80 cuadras hasta su hotel en Miraflores solo para escuchar de su ídolo de negro: “Pues hombre, no me digas nada que yo sé todo lo tuyo”. Y chau, compadrito. Años antes Alberto, bautizado como Raphael del Perú por su collera Lucía de la Cruz, se había amanecido en el techo de su casa practicando cada gesto frente al espejo para su primera presentación. ¿Qué tiene de él? “La naricita”, dice.

LAS MIL VECES

A sus 64 años, que confiesa cuchicheando, ha sido mecánico, electricista, mozo, cajero y hasta ha pretendido ser cura. Pero fue cuando vio la película “Cuando tú no estás” en su colegio que su vocación tomó un giro: imitaría a Raphael aquí, cruzando el charco. La película, con fiambre en mano, la vio mil veces. Sin exagerar.

ENSAYOS MUDOS

Promete un doblaje a la milésima de segundo. Claro, luego de cuatro horas diarias de ensayo y un repertorio de 400 canciones de memoria, faltaba más. Alberto, que se despide con dos besos, no canta. “Pero hasta respiro como él”, grita con el pecho inflado.

DIENTE POR BAILE

Como se la toma muy en serio, sube y baja del escenario como el español. Entusiasmo que lo dejó con un diente menos en el 84 en Trujillo. Se estrelló la cara contra una silla. Por suerte, luces prendidas de por medio, encontraron el diente. Lástima que después un contundente arroz con frejoles y cabrito lo haría zafar disparado de nuevo. Gajes del oficio. (Ailen Pérez)

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