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Personajes Tatuador peruano Stefano Alcántara regresó luego de 6 años al Perú para la inauguración de “Stefano’s Tattoo Private Studio”, un concepto vanguardista que trajo de Estados Unidos.

La Tinta Inca

4 imágenes disponibles FOTOS 

Tatuajes

Eufóricos lienzos vivientes escoltan al artista, –y amigo– sentado durante la inauguración de Stefano’s Tattoo Private Studio.

Hace 6 años, cuando su arte había alcanzado la cúspide en nuestro país, Stefano Alcántara (37) decidió que era el momento de conquistar nuevas tierras. Fue así que abrir un nuevo local en Miami se convirtió en su nueva obsesión sin imaginar las dificultades que encontraría durante la expansión de sus dominios. La influencia de las poderosas mafias de tatuajes de Florida fueron determinantes en la respuesta de las autoridades quienes, incomprensiblemente, decidieron no otorgarle la licencia para la apertura de su nuevo estudio. “Y yo no iba regresarme así después de haber invertido toda mi plata”, afirma Alcántara, con la convicción de quien ha derrotado los oscuros procedimientos de una justicia distorsionada. Luego de la negativa, el obstinado tatuador peruano rediseñaría la estrategia que le permitió convertirse en uno de los referentes del tatuaje mundial.

EL REINO DE LA TINTA

El estudio Last Rites (santos óleos en español) es el templo del tatuaje mundial y el tatuador Paul Booth (1968), su dios. Solamente los grandes talentos de esta corriente artística moderna son capaces de llenar los ojos de quien ha tenido bajo sus manos la piel de los exigentes rockeros de Pantera y Slayer, entre otros. Stefano sorteó favorablemente las exigencias con su talento y convenció al dueño del estudio de tatuajes más prestigioso del mundo gracias a la perfección de sus diseños de realismo a color y retratos. Los trabajos se hicieron conocidos gracias a la página Ink Nation, una especie de Facebook de tatuadores y donde Alcántara “colgaba” sus obras. Invitado por el maestro Booth, no dejaría pasar la oportunidad y se quedaría a vivir en EE.UU. con la primera misión cumplida: un buen nombre ganado. A partir de ese momento se trazaría la creación de un estilo propio y la concepción de una vertiente propia del arte como una nueva meta.

MENS SANA

Pero Alcántara no se convirtió en uno de los tatuadores más importantes del mundo con poco esfuerzo. “Para sobresalir hay que ir a un montón de convenciones, darse a conocer y siempre con humildad, pues el que no es humilde cree que lo sabe todo y no quiere seguir aprendiendo”. Stefano termina esta frase y da un sorbo a su cerveza. Es la segunda de la noche y mientras sus amigos celebran con algarabía la inauguración de su nuevo estudio privado de tatuajes, a él se le ve siempre sonriente y tranquilo. No fuma, toma poco y es vegetariano. Además, el tatuador necesita de una preparación previa a un trabajo de larga duración en la que dormir temprano, comer sano y estar relajado son procedimientos que se encarga de cumplir religiosamente. Stefano es un tough guy vegetariano por amor a los animales, un tipo duro que puede precisar de varias horas antes de dormir luego de haber hecho un tatuaje. “A veces te cuentan cosas muy fuertes (…) muchos clientes me han cambiado la vida. He tatuado con lágrimas en los ojos luego de emocionantes confesiones”. Uno de los momentos más emotivos fue cuando tuvo que tatuarle a un padre desolado el rostro de su hija de 17 años recientemente fallecida.

EL ARTISTA

Autodidacta y diseñador gráfico de profesión es también un reconocido pintor en EE.UU. Allá, tuvo la suerte de trabajar con artistas que siempre admiró como el peruano Boris Vallejo, famoso mundialmente por las formas gráficas que hiciera para Conan el Bárbaro y con quien pudo estudiar dos años en Pensilvania. Stefano se ha presentado los últimos 4 años en exposiciones colectivas en Nueva York, Los Ángeles, Chicago y en la importantísima Art Basel de Miami. El 12 de julio será su primera exposición individual en la galería Last Rites de Manhattan. Dentro de sus planes está traer este año su exposición a Lima. Luego de esta prevemos un importante aumento de brazos tatuados en la capital. El diván del artista espera paciente la más bella de las telas, la piel. (Ricardo Sarria)

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