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Pérdidas José Carlos Valero de Palma (1933 – 2013), gastrónomo y crítico taurino de CARETAS, falleció en la plaza de Acho el pasado domingo.

Morir en su Ley

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José Carlos Valero de Palma
José Carlos Valero y Gil- Perotín, Marqués de Valero de Palma, vio toros desde los siete años de edad. Su familia tenía en Valencia un palco que le permitía disfrutar de las corridas en el coso de la calle de Xátiva, y también las de las ferias más cercanas, las de San Jaime y de Fallas en Valencia y las de Castellón, Albacete, Alicante. Poco a poco se le hizo una necesidad estar ahí donde se desplegara un capote, llegando a ver 80 corridas al año en la península española. Llegó a Lima en los 80 como abogado y empresario de 50 años y el bagaje taurino de más de 2,000 corridas vistas en España.

Su infancia, sin embargo, no fue ajena a la tragedia. Quedó huérfano a los tres años de edad cuando en el preludio turbulento de la guerra civil española asesinaron a su padre, monarquista apasionado. Su madre se volvió a casar, ante lo cual la hermana de su padre, a la sazón Marquesa, obtuvo la patria potestad. José Carlos pasó a vivir en una mansión de siete criados y tres cocineros. Este tránsito le permitió descubrir y cultivar sus grandes pasiones, la gastronomía, la música y los toros. En casa de la tía Marquesa solo se escuchaba música clásica. Por ello, a los 24 años ya era conferencista en el seminario de Granada con el tema “Rinski-Korsakov y el Festival de Pascua en Rusia”. Tchaikovski y Schubert lo marcaron para siempre.

Así como la literatura. Valero, en sus veintes y como estudiante de Derecho, no escribía de toros sino de literatura en los diarios Las Provincias y Levante de Valencia y ABC de Madrid, y en la revista madrileña Blanco y Negro. Sus artículos culturales los firmaba con el seudónimo de “Cantaclaro”, haciéndose conocido por sus críticas en las conferencias del Centro de Cultura de Valencia. Esto le dio ocasión de conocer y tratar a Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Julián Marías, Rafael Alberti, Camilo José Cela, Torcuato y Juan Ignacio Luca de Tena, entre otros que influirían en su formación literaria.

El título de marqués lo heredó de su abuelo, a quien le fuera concedido por Su Santidad León XIII. Fue en el año 1961, con apenas 28 años. Sus actividades deportivas eran amplias: ganó trofeos en esquí náutico, perteneció al equipo universitario español de rugby y practicaba la pesca submarina, la espeleología, y la natación. Era también aviador. Poseía el carné internacional de vuelo 1500, realizando acrobacias aéreas en un biplano Mott de Havilland.

En la década de los 80, luego de disfrutar la fortuna heredada, Valero se instaló en el Perú, estableciendo nuevos referentes en la culinaria limeña en lo que a la paella valenciana se refiere, aquella paella perfecta que –como él decía– permite hablar con Dios. Estuvo al frente de los restaurantes Sibaris, Gran Sibaris, José Carlos, y la Posada del Marqués. Se dedicó a la crónica taurina en Caretas desde octubre del año 1995, sentando cátedra y autoridad en la materia. El pasado domingo 27, estando en los tendidos de Acho listo para concentrarse en la novillada que inauguraba la actual temporada taurina, Valero se sintió indispuesto. Por sus propios medios se traslado al tópico de la plaza, donde se dispuso su traslado en ambulancia a una clínica. Lamentablemente falleció en el trayecto, casi al unísono que el toque de clarín. Deja seis hijos, seis nietos y a su querida esposa Pilar Lúcar, transcriptora oficial y cuyo facebook colapsó por los mensajes de condolencia. Que en paz descanse.

 


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