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Deportes Ser más rápidos, más altos y más fuertes demanda trabajo y una dosis de suerte en la repartición de genes. A 100 años de Jesse Owens, una exploración.

Darwin en Carrera

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La explicación de su velocidad es más compleja que “los atletas negros son más rápidos”. En Jamaica, tres de cada cuatro poseen el gen ‘veloz’ ACTN3.

Gladys Tejeda (27) y Raúl Pacheco (34) ganaron la Maratón de México porque son descendientes de los chasquis, ¿cierto? La generalización alcanza a todos: que Bolt y los jamaiquinos son mejores porque los negros son naturalmente más rápidos que los blancos; que todos los centroafricanos son geniales en carreras de distancia; que los negros son mejores atletas porque las dificultades de la esclavitud les dieron los genes de un sobreviviente.

Las listas de campeones mundiales y regionales podrían refrendar esas teorías, pero la explicación no es tan simple, ni tan descorazonadora para quienes no cumplen con esas características. Como el 72% de jamaiquinos (ojo: no todos), Bolt nació con dos características importantes: el gen ACTN3 –el gen de la velocidad–, y una alta producción de serotonina, motivo biológico de esa sonrisa que hace de las competencias una fiesta.

De igual forma, no todos los keniatas y etíopes sobresalen naturalmente en fondo y mediofondo, sino los originarios de los alrededores del Gran Valle del Rift, una falla geológica al este y sureste de África, a una altura promedio de 2,000 m.s.n.m. De ahí salieron muchos de los atletas favoritos de nuestros campeones.

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ALTURA CONTROLADA

Como los keniatas del Valle del Rift, los atletas del centro y las zonas altas del Perú también están especialmente dotados para las carreras de fondo. Naturalmente, la altura es parte de la respuesta: el cuerpo compensa la falta de oxígeno con más glóbulos rojos. Más glóbulos rojos son más oxígeno para los músculos, y esa es, justamente, la medida del rendimiento atlético.

Los peruanos de los Andes también tienen una predisposición para correr: la necesidad. Para ir al colegio, para llevar a pastar el ganado. Después de hacerse la costumbre de salir a correr por placer, Gladys Tejeda empezó a competir por los premios: electrodomésticos para su casa. Hoy circula por caminos parecidos, dos o tres veces al día, 180 km a la semana, en Concepción (Junín), una de las siete bases del Programa Maratonistas del IPD.

Su entrenador keniata, Michael Koipat, asegura que el biotipo es bueno, pero no suficiente: “tienen huesos largos como los kenianos, comen igual que los kenianos. Para ganarles hay que aceptar el reto: sacrificar todo por el objetivo y creer que lo merecen”. Por eso, su trabajo también es con la mente de los atletas: “No hablamos de otra cosa. Solo vemos atletismo y maratón. Cuando vemos a Farah decimos ‘¿podemos ganarle a Farah?’, y salimos a correr”.

Con su tiempo en México –salvando las diferencias de altura y circunstancia– Gladys podría haber llegado 12° en el mundial de Moscú, pero un molesto sangrado nasal le impidió viajar. “Necesitamos más apoyo con la parte médica”, asegura, “pero también con la planificación. Variar climas dentro del Perú, variar alturas, subir para buscar oxígeno, bajar para encontrar velocidad”. Ganarle a los keniatas en esta temporada y triunfar en los próximos Bolivarianos será un gran paso camino a Río 2016. Lograr las condiciones que pide Tejeda sería el gran salto que están esperando. (Liliana Michelena)

 


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