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Entrevistas La Filosofia política de Ricardo Belmont.

Estamos Perdiendo La Brújula

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Hombre sensible, Ricardo Belmont recuerda que las ciudades son organismos vivos como el cuerpo humano.

Ricardo Belmont Cassinelli (67), el famoso “Hermanón” es uno de los personajes más populares y recordados del Perú en los últimos 40 años. No es un hombre frío y racionalista, tiene otros chips mentales que están enfocados al corazón, se duele del sufrimiento ajeno. Es un hombre sensible y por tanto vulnerable. Éxitos y fracasos son el acervo de su vida. Entre sus actividades empresariales está el ser o haber sido productor y dueño de radio y televisión RBC (exitoso conductor), dos veces Alcalde de Lima, Director de IPAE, Presidente del Club Deportivo Municipal, promotor boxístico, político y fundador del Movimiento Cívico OBRAS, congresista, candidato a la Presidencia del Perú, organizador y ejecutor de varias cruzadas benéficas y sociales como la famosísima Teletón del Hogar Clínica San Juan de Dios (durante 24 años) y un largo etcétera. Si le hiciera las tradicionales preguntas: ¿Orígenes?: “Nací en cuna de oro. Mis padres, ambos fallecidos, eran Augusto Belmont y Cristina Cassinelli…”. ¿Estudios?: “Estudié primaria en el Colegio Inmaculado Corazón, la secundaria en el Colegio Santa María y luego entré en la Universidad de Lima para estudiar Administración de Empresas…” y así sucesivamente, este formato lineal sería muy farragoso. Una vez reunidos en el restaurante Costa Verde y tras sortear el aluvión de miradas y saludos de los comensales, decidimos de común acuerdo introducirnos en la filosofía política existencial. Véanlo.

–¿Qué país quiere usted?
–Un país con igualdad para todos y privilegios para ninguno. Un país donde no hay justicia, donde no hay verdad, donde se anteponen los intereses personales a los del país, está condenado al fracaso. Por más plata que haya, por más crecimiento económico, si no se ponen las vigas maestras en lo básico, en lo fundamental que se basan en la educación, justicia y salud, que son las prioridades en el rol del Estado, nunca seremos una nación con un destino seguro y siempre tendremos una democracia frágil. Habremos perdido la brújula. Tenemos que construir buenos ciudadanos. Mejores que nosotros. Actualmente somos cortoplacistas, ponemos parches en la carretera en lugar de construir un camino sólido para lograr el desarrollo sostenido que es lo que reclama la gente. Desarrollo es muy distinto a crecimiento. Uno puede ser muy alto pero puede tener piernas muy débiles.

–¿Dónde están las diferencias?
–El crecimiento actual, de los últimos años es asimétrico, crecen más los que más tienen y se endeudan más los que menos tienen, porque quieren acceder a todos los bienes de consumo. Estamos en un país de consumidores donde se ha perdido el concepto del ahorro. El desarrollo tiene que ver con el ser humano de manera integral, en lo económico, en lo social y en lo político para lograr el bienestar que anhelamos todos. A veces, me parece, que nos hemos deshumanizado. No cuidamos al niño y no respetamos a los ancianos. Estamos perdiendo la brújula.

–¿No es ésta una visión pesimista del ser humano?
–No en lo que nos atañe. Porque no estamos educando como debiéramos. Como nos falta educación cometemos los mismos errores permanentemente. Por eso es que andamos criticando al sistema democrático, pero no damos soluciones. La gente muchas veces llega al poder y sin la debida formación política, el poder los obnubila, se emborrachan fácilmente y no son consecuentes con los electores que creen en las promesas políticas. Se trata de ganar a toda costa, por todos los medios. Fíjese, ¡qué tal contradicción!, cada día hay más medios de comunicación, pero nos es difícil comunicarnos y así se desintegra la familia peruana. El progreso arroja contradicciones enormes. Cada día progresa la ciencia y la medicina, sin embargo cada día hay más enfermos del alma.

–Que progrese la medicina es uno de los inmensos beneficios que nos trae la modernidad.
–Pero también está su contraparte: se venden antidepresivos de forma masiva, cantidades ingentes; hoy, se bebe mucho más licor que antes; gran parte de la juventud sale a jaranearse de las 11 de la noche hasta el amanecer. En los últimos años se han sembrado más casinos que escuelas.

–¿Más casinos que escuelas? No le creo.
–Hay cientos de casinos y miles de tragamonedas en todo el Perú. Por ejemplo, en la Av. Manco Cápac por donde yo me traslado diariamente al canal, cada dos cuadras veo un pequeño tragamonedas. Somos el país en América Latina con más casinos. Un amigo extranjero, al pasar por la Av. La Marina me dijo: “Esto parece Las Vegas”.

–Atengámonos al Perú. ¿Qué es lo que no anda bien?
Pienso que nos falta solidaridad. Se da en todos los niveles. Como la competencia es tan fuerte, esto, creo, nos impide ser solidarios. Tenemos una idiosincrasia compleja, lo que hace muy difícil encontrar consensos. No nos ponemos de acuerdo ni siquiera en los temas urgentes. Estamos más en las cosas banales, que en las urgentes. Tenemos otro caso que nos preocupa a todos que es la falta de seguridad. Hay que preguntarnos por qué vivimos esta suerte de violencia permanente, lo que hace más difícil la convivencia.

–¿Y cuál es su respuesta?
–La respuesta es simple: somos promotores de la violencia. Si no hay violencia en un hecho periodístico, la noticia deja de ser noticia. La entrevista que me hace usted no es común, es positiva, ya que a través de sus preguntas, estamos analizando el por qué de las cosas, estamos haciendo mayéutica, estamos entrando a fondo y no al maquillaje de los problemas. Hay que educar con valores a las nuevas generaciones, ya que nosotros, los grandes, no vamos a cambiar mucho. Tenemos que hacer un esfuerzo tremendo para no seguir bombardeando a nuestra sociedad, especialmente a los niños con noticias desalentadoras, ya que éstas también generan violencia. Nos hemos vuelto marketeros de la violencia, especialmente en el horario de protección al menor.

–Muchos peruanos que he conocido son la mejor gente que he conocido jamás. Todos los lunahuanenses son gente amiga sin excepción.
–El peruano es intrínsecamente sano, bueno, hospitalario, pero cuando llega a la ciudad la sociedad lo corrompe, pierde la fe, como que hay que malearse para sobrevivir en un mundo donde la verdad y la mentira se confunden. A veces ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira.

–Hábleme de la falta de seguridad.
–No es nada fácil. Si analizamos Lima y sus barrios vemos urbanizaciones enrejadas. La gente se pregunta por qué, la respuesta viene de la sociedad violenta que sin darnos cuenta hemos creado. La gente trata de protegerse y pide más policías. Está bien que haya más policías mejor entrenados y equipados, pero hay muchos otros con causas.

–El tráfico excesivo.
Por ejemplo. Analizando a fondo el tránsito excesivo también genera violencia. Aquí en Lima hay pistas muy chicas para la cantidad de autos que están haciendo colapsar a la ciudad. Tengamos en cuenta que las ciudades son organismos vivos como el cuerpo humano. Si nuestras arterias (que vienen a ser las pistas), están llenas de “colesterol” (que vendrían a ser los carros), ya ni siquiera los by passes de antes son suficientes. Hay que ir a soluciones estructurales como instalar un “subte” (metro suburbano).

–Lima tiene tantos habitantes como Nueva York pero el planisferio limeño es mucho más reducido. Estamos hacinados. ¿Qué sería de Nueva York sin esa inmensa tela de araña que es su metro subterráneo? ¿Y qué será de Lima?
–Fíjese usted, el ciudadano se levanta, ve las noticias y todas son crímenes, catástrofes y desgracias. Sale a la calle con una carga de adrenalina bárbara, para llegar a su trabajo después de una hora de viaje. Y lo mismo al regreso. Los nervios están de punta y por ahí empieza la violencia. El peruano es muy fuerte y muy luchador. La mayoría de ellos han venido del campo y han llegado a esta gran metrópoli que con todos sus vicios les baja la moral y los va minando. Hay que descentralizar el país, creando más incentivos a las industrias para generar el desarrollo parejo en todo el Perú. Tengamos en cuenta también, que todos los años llegan 300 mil personas a Lima. Es como si introdujéramos un Chimbote cada año en la ciudad.

–Dejemos de tensarnos. ¿Qué opina del amor?
–¡Qué difícil! ¡Cuánto más se ama más se sufre! Prefiero no hablar del tema pues, va a acabar usted metiéndome totalmente en problemas.

–¿Esposas?
–Mi primera esposa se llamaba Lucy Vallarino. La conocí cuando tenía 14 años ella y yo 16. Me casé muy joven, a los 23 años y tuve tres hijos maravillosos: Lucienne, Ricardo y Omar. Después de 24 años de casados nos separamos. He tenido muchos amores hasta que conocí a María Mercedes Bazalar, 32 años menor que yo, con la cual me casé y tengo dos hijos: Augusto y Kristen que me han rejuvenecido espiritualmente.

–Deportes.
–Ahora nado en el mar prácticamente todos los días durante 20 minutos, sea cual fuere la temperatura del agua. Por un accidente que tuve haciendo motocross he sido operado cinco veces de la columna en la región lumbar. Con el agua helada mis dolores recurrentes desaparecen.

–¿Qué es lo que más le divierte?
–Me encanta la salsa, toco las congas y el bongó. El salsero que más me gusta es Johny Pacheco, el creador de la Fania “All Star”. Una de las primeras entrevistas que le hicieron a Rubén Blades, cuando se hizo famoso con su canción “Pedro Navaja”, se la hice yo. Llegó, como cantante en la orquesta de Willy Colón, a Panamericana en el año 80. Me acuerdo que me mandaron a recogerlo al hotel y por su textura de voz yo creí que era un hombre de color, un moreno, era un desconocido para mí entonces. Él bajó del ascensor y me vio como loco buscándolo por todo el hotel, él se acercó a mí y me dijo: “soy Rubén Blades y estoy seguro de que tú pensabas que yo era “chombo” (así les llaman a los morenos en Panamá).

–¿De todas sus facetas cuáles son las que más le han gustado?
–He tenido pequeños triunfos y grandes fracasos, pero lo que más me ha satisfecho es haber seguido luchando y haberme levantado (aunque después de haber besado la lona) con el espíritu intacto y fortalecido para seguir peleando por lo que creo.

–¿Cuál es ahora su gran ilusión?
–Volver a levantar el movimiento OBRAS que fue demolido políticamente para sacarme de carrera, aunque hoy el arbolito (el símbolo de mi partido), después de haber sido talado, estoy seguro que volverá a dar esos frutos que tanto soñé. Yo tenía miedo a las veleidades del poder que cambia a las personas y las transforma pero hoy, con mis ideas más sólidas, pienso estar ya capacitado para manejarme en el poder, buscando la mejor gente para que me acompañe. (Por: José Carlos Valero De Palma)

 


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