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Dueño de Nada “Es la codicia de las aseguradoras que ya están insertas en un negocio redondo. No hay escapatoria”.

Mejor no Tenerlo y no Necesitarlo

dueno-de-nada
LIMA, 20 DE ABRIL DE 2013

Detesto hablar de mis enfermedades tanto como escuchar a otros hablar de sus enfermedades, pero no voy a poder evitarlo para lo que me interesa comentar esta semana. Desde hace más de una década tengo la rodilla derecha severamente afectada por una artrosis, que felizmente, gracias a tratamientos alternativos, logré controlar en otras articulaciones de mis huesos. Pero el daño de la rodilla era demasiado, y entonces tuve que recurrir a un traumatólogo, que conocí de casualidad. Estaba grabando un programa en Colán, justo cuando en un hotel de la playa almorzaba un grupo de traumatólogos, clausurando un congreso de su especialidad que se había realizado en Piura. Cuando me vieron, algunos de ellos, muy simpáticos, vinieron a tomarse una foto conmigo pero yo les puse una condición: acepto la foto con el que se haga cargo de mi rodilla.

Así empezó un tratamiento excelente con un médico cuyo nombre voy a obviar para evitar represalias contra él. Desde que comenzamos el tratamiento, nuestras consultas se dieron en una clínica eficiente y completa en cuanto a servicios complementarios y que por supuesto, trabajaba con mi seguro médico, una precaución por la que pago mucho dinero y que cada vez tiene más restricciones para cubrir mis males, pues ya estoy entrando en la tercera edad.

Hace unos meses me detectaron un síndrome metabólico, algo que si se descuida se convierte en diabetes. El primer síntoma de este síndrome es una subida de peso inexplicable y muy acelerada, cosa que para la artrosis es veneno mortal, lo peor que le puede ocurrir. Caí entonces en lo que se llama un “mal sistémico”, pues unas cosas pasan a interdepender de otras. Súmesele al asunto que la pre diabetes exige un control muy estricto de la presión arterial y sus invisibles traiciones.

Muy bien, semanas atrás fui a mi chequeo regular donde mi doctor y me encontré con que la clínica estaba patas arriba, dry wall por acá, taladros por allá, una bulla de fábrica de tuercas sin ninguna consideración a los pacientes internados. La clínica ha sido comprada por una compañía de seguros y la van a poner nivel A 1, misma clínica boutique.

Pensé, que Dios los asista. Pero cuando entré a mi consulta, mi médico ni me pesó, ni me tomó la presión. Casi sin saludarme examinó la resonancia magnética, me dijo cuatro cosas, me pulseó un poco la pierna y a las voladas me dio una nueva cita. Yo, con la confianza que le tengo, le pregunté qué pasaba: “Nada hermano, los nuevos dueños nos imponen consultas de no más de veinte minutos por paciente, si no, nos cae descuento. A ti esta consulta te cuesta 120 dólares, el seguro te cubre un 80%, ¿sabes cuánto me llega a mí?: 30 soles”.

Este problema de la seguridad médica es universal, en los Estados Unidos define elecciones presidenciales. Es la codicia de las aseguradoras que ya están insertas en un negocio redondo, pues compran clínicas, laboratorios para análisis y se alían con fabricantes de medicamentos. No hay escapatoria, y de verdad, no la hay. Porque además estamos en el Perú, y a pesar de que los médicos y equipos de los hospitales públicos son muy buenos, el sistema es imposible de sobrellevar, te mata antes de tiempo. Ah, hay una Superintendencia de Banca, Seguros y AFPs, ¿no? ¿Están seguros? (Escribe: Rafo León)

 


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