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18/Abr/2013
 
 
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Internacional Hija de peruanista Shane Hunt estaba a 15 metros de donde estalló la bomba. Su testimonio.

Boston: Maratón del Miedo

3 imágenes disponibles FOTOS 

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Maratón de Boston. Lunes 15 de abril, 2:50 p.m. La policía intenta despejar el lugar luego de las dos detonaciones.

Había sido un día tan feliz. Yo tenía dos botellas de agua en la mano. Miraba la línea de llegada cuando escuché un BOOM estruendoso. Vi la explosión delante de mis ojos. El humo alcanzó la mitad del campanario de la iglesia y lo primero que pensé fue ‘esto no es un disparo’. En segundos vino la segunda explosión.

Lo increíblemente surrealista fue que todos esos corredores exhaustos, que casi no podían caminar después de haber cruzado la meta, empezaron a correr de nuevo. ¡Maldita sea, vi a un pobre hombre al que le habían volado los dos pies y recuerdo pensar ‘¡no en mi ciudad!’

Después de las explosiones toda la zona fue un verdadero caos. A gritos la policía nos pedía agua para los heridos y que sacáramos los cientos de mesas donde había estado el agua para que puedan pasar las ambulancias. Quedamos cinco voluntarios y no podíamos con todo, pero el público se pasó las vallas y comenzó a ayudar. En ese momento me puse a llorar.

Poco después nos sacaron de la zona porque en el lugar donde yo había estado repartiendo agua encontraron otra bomba que no explotó. Encontré a varios corredores deambulando solos entre las calles cerradas y llenas de sonidos de sirenas sin saber qué hacer ni dónde ir.

Entre ellos estaba una corredora muy flaca y muerta de frío. Aunque escondía sus sentimientos, lo único que quería era encontrar a su papá y a su hermano. No tenía cómo comunicarse, así que le presté mi celular. Después de una hora de insistir dimos con ellos. Apenas los vio entró en llanto y se desarmó.

Nunca pensé que este aparato podría ser tan útil. Gracias a él varios otros corredores lograron comunicarse con sus familiares o amigos. Después de unas horas regresé a mi casa a cargar la batería pero volví para ver qué más se podía hacer.

Encontré una ruma de maletines pertenecientes a al menos 10 mil maratonistas, con polos, llaves y teléfonos celulares que sonaban hasta que se les acabara la batería. Entre esta ruma estaban los pies ortopédicos de uno de los participantes en silla de ruedas. No se pueden imaginar lo complicado que fue tratar de resolver ese rompecabezas.

Sé que hallar al dueño de cada bolso no es nada comparado con la tragedia de las personas fallecidas o heridas, pero, aunque pequeño, es lo que hice en el día libre de mi trabajo en el Acuario de Boston, que no abrió el martes al público. (Escribe: Kathleen Hunt *)

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*Bióloga marina del New England Aquarium y voluntaria en el Maratón de Boston del pasado lunes 15 de abril. Hija del peruanista, investigador e historiador económico Shane Hunt.

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