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Personajes Rara vez los funerales de una figura pública han generado semejantes divisiones entre sus compatriotas. Pero así son los de esta semana de Margaret Hilda Thatcher, Baronesa de Kesteven, en el Reino Unido esta semana.

Funerales Conflictivos

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En 1982, antes de las Malvinas, el desempleo bajo Thatcher se había disparado en el Reino Unido de 1.3 a 3 millones.

El actual primer ministro David Cameron y sus colegas del cogobernante Partido Conservador han visto a bien comparar a Thatcher con Winston Churchill, la ciclópea figura de la Segunda Guerra Mundial, y también han destacado el “milagro económico” que ella presuntamente engendró.

Pero no son pocos los británicos que disputan vehementemente esos atributos.

Señalan que cuando la ‘Dama de Hierro’ llegó al poder en 1979 los desempleados sumaban 1.3 millones en el Reino Unido, y que esta cifra se había disparado a 3 millones en 1982.

Recuerdan, además, que el thatcherismo elevó la tasa tributaria promedio de 39% a 43% en base a subir el VAT (o IGV), que gravaba más a la población media y pobre, de 7% a 15%, reduciendo masivamente los impuestos a los ricos – de una escala máxima de 83% en 1979 a 40% cuando dejó el poder.

Así las cosas, en abril de 1982 –cuando las tropas argentinas desembarcaron en las Malvinas– el índice de aprobación del gobierno conservador andaba por el 23%.

Thatcher, sin embargo, ganó las elecciones generales de junio de 1983 en forma avasalladora y se mantuvo en el poder hasta 1990.
¿Por qué?

En gran parte, por la guerra de las Malvinas.

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General Leopoldo Galtieri en las islas.

El conflicto duró solo 74 días pero logró convertirse en una reedición simbólica de la Guerra Mundial y en una recreación de las glorias del Imperio gracias al auspicio político conservador.

Las mal pertrechadas tropas argentinas del descalificado régimen militar del general Leopoldo Galtieri habían desembarcado en las Malvinas el 2 de abril.
Esa operación, en la que se registró solo un muerto (argentino), generó fervorosas manifestaciones de apoyo en la Plaza de Mayo.

Pero hacia finales de ese mes, con la aproximación de una flota británica de 44 barcos y las consecuencias internas de la movilización de reclutas, recursos y economías propias de una situación bélica, el entusiasmo popular se había ido esfumando.

Mientras tanto, en la ONU, con el peruano Javier Pérez de Cuéllar de secretario general, y en Torre Tagle, con Fernando Belaunde Terry de presidente, se habían ido elaborando propuestas para tratar de evitar el choque.

Y fue la de Belaunde la que casi lo logra.

En una de las varias indagaciones posteriores realizadas en el Reino Unido sobre las circunstancias del hundimiento del crucero ARA General Belgrano (the Belgrano Inquiry) se alude específicamente al ‘Peruvian Peace Plan’, y como este fue torpedeado, deliberada y literalmente, por el gabinete de Thatcher.

El sábado 1º de mayo de 1982, con la armada de 9 barcos argentinos literalmente replegada, la Fuerza de Tareas británica había cañoneado por primera vez Port Stanley (o Puerto Argentino), la capital de las Malvinas, dejando 56 bajas.

En Lima, mientras tanto, se terminaba de elaborar y proponer un plan de 7 puntos que inicialmente consistía en el retiro de las tropas argentinas de las Malvinas y su reemplazo por efectivos de otras naciones consultadas como Canadá, Brasil, Alemania o México, que fueran aceptables a las partes.

Belaunde telefoneó a Galtieri a las 11.30 de la noche de ese sábado refrendando la fórmula.

Le dijo que necesitaba una respuesta para las 10 de la mañana del domingo, hora en que Francis Pym, el secretario del Relaciones Exteriores británico, se reuniría en Washington con Alexander Haig, el secretario de Estado norteamericano.

Galtieri agradeció “enormemente” la intermediación, dijo que aceptaba la propuesta, pero indicó que debía consultarla con su Junta Militar.

Poco después se supo que un consejo de 60 oficiales generales había respaldado la fórmula en Buenos Aires.

Informes británicos hablan de la intervención y los enlaces internacionales ese fin de semana del primer ministro Manuel Ulloa, del canciller Javier Arias Stella y de Óscar Maurtua, secretario de la presidencia, promoviendo una solución.

En la mañana del domingo 2 la reunión de Haig y Pym duró dos horas, al final de la cual el secretario de Estado consideró que se había arribado a un acuerdo para evitar la conflagración.

Pero temprano esa tarde llegó la noticia que el ARA General Belgrano había sido torpedeado a las 16 horas argentinas.

Un submarino nuclear, el HMS Conqueror, lo seguía desde hacía dos días sumergido bajo su casco.

Resulta que el Belgrano, botado en 1938, era una reliquia norteamericana sobreviviente del ataque a Pearl Harbor (como el USS Foenix) y que después de la guerra estuvo cinco años esperando el desguace.

La Argentina de Perón lo compró y más recientemente lo había dotado de misiles y nuevos radares.

Sin embargo, aunque parezca mentira, no contaba con un sistema de sensores antisubmarinos y sus turbinas necesitaban reparación, de tal forma que no podía llegar a los 18 nudos.

Cuando el HMS Conqueror recibió la orden de Londres, el Belgrano navegaba en zigzag fuera de la zona de exclusión y en camino a la base de Ushuaia.

Dos de los tres torpedos disparados hicieron impacto, uno en la zona donde se ubicaba la cantina del buque. Allí estaban dos civiles que se habían negado a bajar del buque cuando se hicieron los aprestos de campaña. Estuvieron entre los primeros en desaparecer de una tripulación de 1,093 hombres.

El naufragio del Belgrano dejó 323 muertos, varios congelados en perdidas balsas de salvataje.

Fueron aproximadamente la mitad de las bajas argentinas sufridas en toda la guerra.

Esta terminó el 14 de junio con 649 muertos y 1,068 heridos por parte de Argentina, y 255 muertos y 775 heridos en el lado británico.

 


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