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Religión Escalofríos varios en reedición de insólito manual para curas del siglo XVII.

Para Pecados, los de Antes

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Tormentos post mortem, lecciones de santidad para sacerdotes y cuestionarios inverosímiles componen el manual de este antiguo cura peruano.

Aunque el título pareciera advertir de aburridísima lectura, lo cierto es que el Ritual formulario; e institución de curas, para administrar a los naturales de este reino los santos sacramentos, redactado por el párroco Juan Pérez Bocanegra en 1631 no solo ofrece un rosario de fórmulas para la administración de bautismo, matrimonio y demás ritos católicos. También es un vistazo al abismo de penitencias y demencias de la religión católica a inicios del siglo XVII. Y un aporte a la etnografía, etnomusicología (incluye la obra musical escrita más antigua hallada en América Latina), y estudios del idioma (hay ahí cuestionarios en quechua antiguo que abordan temas diversos como agricultura, interpretación de sueños y sexualidad).

Editado por el Fondo Editorial de la Universidad de San Antonio Abad del Cusco, el volumen da cuenta de las intrincadas formas de la evangelización y sus retos que este manual, exitoso en su momento, trató de superar. Por ejemplo, están ahí los larguísimos cuestionarios con los que los sacerdotes debían indagar en la población indígena sobre los pecados cometidos. En particular, el tema de las confesiones habría sido una de las principales preocupaciones de Pérez Bocanegra, pues el sistema impuesto hasta entonces por la propia Iglesia le restaba autoridad al clero al solicitar a cada individuo la anotación en un quipu de sus pecados de todo el año, lo que resultaba en el empoderamiento de los especialistas indígenas en la codificación de quipus, quienes terminaban fiscalizando la labor de los curas.

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Libro incluye versión facsimilar de la obra.

Los detalladísimos cuestionarios redactados por el autor, franciscano de la tercera orden, en sus 720 páginas estaban, además, diferenciados por oficios, separando posibles pecados de herreros, plateros, carniceros y hasta confiteros. Asimismo, temas como la extirpación de idolatrías, antropofagia, la anticoncepción mediante el uso de gusanos y la menos espeluznante pasada del cuy también dicen presente. Y porque ni los muertos se salvan, las penitencias señaladas alcanzaban hasta a los cadáveres de los excomulgados, los que, de haber presentado signos de arrepentimiento en sus últimos momentos, podían ser flagelados post mortem para adquirir el derecho a cristiana sepultura.

Lesbianismo, aborto, sodomía, bestialismo y masturbación son también temas abordados por el párroco del templo de Andahuaylillas, a quien nada parece quedársele en el tintero cuando pasa a enumerar los distintos tipos de “monstruos” que no eran merecedores de bautismo: siameses, bebés bicéfalos y demás criaturas “que no tuvieren apariencia de especie humana”, señalando que en los que hubiera duda sobre su humanidad, debían ser bautizados con la siguiente fórmula aclaratoria: “Si es homo, Ego te baptizo”.

Poluciones nocturnas (cuyos protagonistas serían “leña del infierno”), irreproducibles indagaciones sobre diversas maniobras en las “vergüenzas” femeninas, e inverosímiles pecados como la sodomía con patos y gallinas, forman también parte de este bendito libro que bien podría ser lectura ideal para estos días de recogimiento. Y una enseñanza final como para el flamante papado sobre los propios y más abominables pecados del clero: “Que no se imponga penitencias leves y ligeras, por pecados graves, porque acaso no castigando, disimulando, consintiendo los pecados se haga participante de los ajenos”. Amén. (Maribel De Paz)

 


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