miércoles 17 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2276

27/Mar/2013
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre NarcotráficoVER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Acceso libre Luis E. LamaVER
Acceso libre China TudelaVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Personajes De la agitada vida de la televisión y el cine a la quietud del campo. Actriz Andrea Montenegro reinventa su vida en la campiña bogotana.

La Nueva Andrea

6 imágenes disponibles FOTOS 

2275-andrea-1-C

Con su esposo Valery Andrade Grigoriev y sus hijos Muriel y Amaru en su nuevo hábitat doméstico.

Para llegar a la casa de Andrea Montenegro en Bogotá se necesita mapa, GPS y mucha paciencia. Vive en una ‘vereda’, que no es otra cosa que pueblo pequeño a 2 horas de la capital colombiana en la localidad de Tabio.

Luego de atravesar campos con vacas pastando y sembríos de flores, se puede observar, en la cumbre de una pequeña montaña, la casa morada donde vive con su esposo Valery, su hija Muriel y su bebé Amaru, llamado así por Túpac Amaru.

Andrea Montenegro, actriz de perturbadora belleza que lleva en su haber ocho series, diez novelas y cinco películas, ahora vive con su familia al mejor estilo de los Ingalls. Pinta, teje y enseña yoga.

Vegetariana por vocación, cocina lo que el huerto de la casa le ofrece y vive la maternidad con la naturalidad animal de quien se sabe poseedora de la sabiduría que solo las mujeres que paren pueden tener.

Contra el sentido ‘común’, Andrea decidió dar a luz en su casa, sin médicos ni anestesias. Valery estaba de acuerdo. La otrora jovencita desenfrenada optó por vivir su parto a profundidad.

“Pude llevar mi mente hasta un cierto punto de paz. De ahí en adelante actúa en piloto automático el animal. Es el animal el cuerpo, porque ahí no hay espacio para pensar”.

Amaru se había retrasado una semana y media. El ginecobstetra que la revisó le dijo que tenía cero de líquido amniótico y le dio una orden para cirugía. Andrea hizo lo que su cuerpo le dijo. Regresó a casa, pero con temor.

“Yo me preguntaba, ¿y si le pasa algo? ¿Cómo cargo con esta responsabilidad? Llegué a casa y le dije a Valery: ¿qué hago? Me ayudaron mucho unos españoles del Parto es Nuestro. Les escribí lo que me pasaba y me dijeron: tu hijo es inteligente y sabe cuándo tiene que nacer. Era miércoles y Amaru nació un viernes”.

LA REVOLUCIóN DE AMARU

Andrea asegura que la depresión posparto no es tal, sino que es “un despertar de conciencia, que siempre es doloroso. Uno vuelve a nacer, naces en una familia con un integrante más. Te enfrentas a una nueva realidad. No estás triste por el nacimiento de tu bebé, sino que estás cansada porque el cuerpo está destruido y hay que atender esta relación nueva y alimentar al bebé como sea. Estás a prueba a un nivel tan alto”. Y ella encontró en Valery, su “flaco”, los mismos sentimientos naturales que despierta la maternidad. Él asegura que siente una sana “envidia” del lazo entre ella y el bebé, por eso busca tenerlo en sus brazos el máximo tiempo posible, aunque es consciente de que nada se compara a la magia que envuelve a la lactancia.

“A los hombres se les ha tenido por fuera muchas décadas. No han participado en el nacimiento de sus hijos, entonces es como si llevaran genéticamente un temor. El hombre tiene más espacio de ocuparse de su vida profesional, pero no quiere decir que ese desarrollo fuera de la casa le impida cambiar pañales, limpiar un vómito o hacer una tarea. La propia mujer es la que transforma en idiota al hombre muchas veces y dice que él no puede hacer eso”.

Andrea y Valery han tomado la llegada de Amaru con la complicidad de una verdadera pareja. No solo comparten filosofía de vida sana, sino que también comparten la afición por el tejido.

Por cierto, la maternidad no la ha convertido en ermitaña. Ella piensa regresar a los escenarios eventualmente.

“Yo siempre seré actriz. Lo que mejor sé hacer es actuar, en lo profesional. Ahora estoy haciendo algo que es más urgente. Él me necesita más, por eso está acá. Cuando siento que no estoy viviendo, afortunadamente no me dura mucho rato, intento serenarme y me doy cuenta que hay un personaje, Amaru, que se aloja en ese momento de cansancio”. (Textos y fotos: Javier Zapata)

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista